Devocional del 28 de enero
Lectura de la Biblia
Preámbulo
En medio del ruido, las responsabilidades y las prisas de cada día, solemos pensar que la presencia de Dios se encuentra solo en los momentos solemnes o en los espacios sagrados. Sin embargo, el Señor no se limita a templos ni a instantes extraordinarios. Él se acerca con ternura a la vida cotidiana, a lo sencillo, a aquello que repetimos una y otra vez, sin darnos cuenta de que allí también puede brotar la comunión más profunda.
Hoy somos invitados a redescubrir una fe que no depende de emociones intensas ni de circunstancias ideales, sino de un corazón dispuesto a volver su atención a Dios en todo momento. Caminar con Él no es un acto reservado para unos pocos, sino una práctica diaria, accesible, silenciosa y profundamente transformadora. En lo pequeño, en lo ordinario y aun en lo oculto, Dios se deja encontrar por quienes lo buscan con sinceridad.
Que esta lectura nos ayude a aquietar el alma y a recordar que vivir en Su presencia no es una meta lejana, sino un camino que comienza aquí y ahora.
Oración antes de la lectura
Señor amado,
me acerco a Ti en este momento con un corazón dispuesto a escucharte.
Aquieto mis pensamientos y coloco mi vida y mi familia delante de Tu presencia,
reconociendo que sin Ti nada puedo hacer.
Hoy te pido, Padre, que derrames Tu gracia sobre nuestro hogar.
Enséñame a perdonar como Tú perdonas,
a soltar toda herida, todo resentimiento y toda palabra que aún pesa en el corazón.
Limpia mi interior de aquello que divide
y dame un espíritu humilde para pedir perdón cuando he fallado
y para ofrecerlo con amor cuando otros también han fallado conmigo.
Restaura, Señor, las relaciones que se han debilitado,
sana los silencios que han lastimado
y vuelve a unir lo que el orgullo, el dolor o la incomprensión han separado.
Que Tu paz gobierne nuestras conversaciones,
que Tu verdad guíe nuestras decisiones
y que Tu amor sea el lazo perfecto que nos mantenga unidos.
Dispón mi corazón para recibir Tu Palabra,
no solo con la mente, sino con el alma.
Que lo que hoy lea transforme mi manera de vivir
y me ayude a caminar cada día más cerca de Ti.
En el nombre de Cristo Jesús. Amén.
Enseñanza – Antiguo Testamento
Los capítulos 21 y 22 del libro de Éxodo nos muestran a un Dios que no solo libera a Su pueblo, sino que también se interesa profundamente por la manera en que vive en comunidad. Después de haber sido rescatado de la esclavitud, Israel recibe instrucciones claras para aprender a convivir con justicia, responsabilidad y compasión. Estas leyes no son frías ni deshumanizadas; reflejan el carácter de un Dios justo que valora la dignidad de cada persona.
En estos pasajes aprendemos a creer que la justicia de Dios es buena y necesaria. Dios establece límites para proteger la vida, la integridad y los bienes, recordándonos que nuestras acciones siempre tienen consecuencias. Él muestra que la verdadera justicia no busca venganza, sino restauración, equilibrio y responsabilidad. Cada norma revela Su deseo de que la convivencia entre las personas sea ordenada, respetuosa y guiada por el bien común.
Al leer estas instrucciones, también somos invitados a examinar nuestro corazón. Éxodo 21 y 22 despiertan gratitud al reconocer que Dios se preocupa por los más vulnerables: los débiles, los extranjeros, los pobres y aquellos que han sido heridos por las acciones de otros. Estos capítulos nos llaman a desarrollar sensibilidad y compasión, entendiendo que vivir conforme a la voluntad de Dios implica cuidar del prójimo y actuar con justicia aun cuando nadie nos observa.
Finalmente, estos textos nos conducen a la acción. Dios nos enseña que la fe se expresa en la vida diaria, en la manera en que tratamos a los demás, asumimos responsabilidad por nuestros errores y buscamos reparar el daño causado. Practicar la justicia, proteger al indefenso y actuar con integridad no son opciones, sino una respuesta natural a un Dios que nos ha mostrado Su cuidado y Su orden.
Éxodo 21 y 22 nos recuerdan que vivir en la presencia de Dios también significa vivir de manera correcta delante de los demás. La obediencia, la justicia y la compasión forman parte de una misma vida de fe, donde cada decisión refleja el carácter de Aquel que nos llamó a caminar conforme a Sus caminos.
Enseñanza – Nuevo Testamento
El capítulo 25 del evangelio de Mateo reúne tres enseñanzas clave de Jesús que nos invitan a vivir una fe activa, responsable y profundamente comprometida con el Reino de Dios. A través de parábolas sencillas, Jesús revela que la vida espiritual no se mide solo por lo que decimos creer, sino por la manera en que vivimos mientras esperamos Su regreso.
En la parábola de las diez vírgenes, Jesús nos llama a creer que la preparación espiritual es personal e intransferible. Cada persona es responsable de cuidar su relación con Dios, de mantenerse despierta, vigilante y llena del aceite que simboliza una fe viva. No basta con haber comenzado bien; es necesario perseverar, permanecer atentos y cultivar diariamente una comunión sincera con el Señor.
La parábola de los talentos nos lleva a confiar en que Dios nos ha dado a cada uno capacidades, oportunidades y responsabilidades específicas. Nada de lo que Él entrega es insignificante. Jesús nos enseña que el temor, la pasividad o la indiferencia no agradan a Dios. Él espera que lo que hemos recibido sea usado, desarrollado y puesto al servicio de Su propósito. Vivir fielmente implica actuar con diligencia y obediencia, aun cuando el resultado no sea inmediato.
Finalmente, en la enseñanza del juicio de las naciones, Jesús dirige nuestra atención hacia la manera en que tratamos a los demás. Aquí comprendemos que el amor a Dios se expresa de forma concreta en actos de compasión, misericordia y servicio. Alimentar al hambriento, vestir al necesitado, visitar al enfermo y acoger al extranjero no son gestos secundarios, sino evidencias visibles de una fe auténtica. Jesús se identifica con los más vulnerables y nos recuerda que cada acto de amor hecho al prójimo es hecho a Él mismo.
Mateo 25 nos invita a revisar nuestro corazón y nuestra manera de vivir. Nos llama a creer que nuestra fe tiene consecuencias eternas, a cultivar una actitud vigilante y agradecida, y a actuar con amor y responsabilidad en lo cotidiano. Esperar al Señor no es permanecer inmóviles, sino vivir cada día con fidelidad, compasión y obediencia, sabiendo que todo lo que hacemos tiene valor delante de Dios.
Oración final
Señor Dios,
te damos gracias por Tu Palabra, que hoy nos recuerda que la fe no se vive solo con palabras,
sino con un corazón dispuesto a obedecer, amar y servir.
Ayúdanos a caminar cada día con integridad,
a actuar con justicia en nuestras decisiones
y a reflejar Tu carácter en la manera en que tratamos a los demás.
Enséñanos a cuidar lo que nos has confiado,
a permanecer atentos a Tu voz
y a vivir preparados, no con temor, sino con fidelidad.
Forma en nosotros un corazón sensible a las necesidades del prójimo,
capaz de ver, escuchar y responder con compasión.
Que no pasemos de largo ante el dolor ajeno,
sino que seamos instrumentos de Tu amor,
recordando que al servir a otros, Te servimos a Ti.
Que Tu paz gobierne nuestro hogar,
que Tu justicia ordene nuestros caminos
y que Tu presencia nos acompañe en cada paso.
Permite que lo que hoy hemos leído y meditado
se transforme en acciones que honren Tu nombre.
En el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Entonemos un canto de adoración que nos invita a vivir una fe constante y fiel:
Una fe que se vive cada día.

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