Devocional del 27 de enero
Lectura de la Biblia
Preámbulo
Antes de que existiera el mundo, ya había gozo en Dios. El Padre se deleita en el Hijo con un amor perfecto, pleno y eterno, y en ese deleite se encuentra el origen de toda la creación y de nuestra esperanza. La fe cristiana no nace del esfuerzo humano por alcanzar a Dios, sino de la revelación de un Dios que se complace en su Hijo y nos invita a contemplar esa gloria para ser transformados por ella.
Hoy somos llamados a detenernos y dirigir el corazón hacia Cristo, no solo para obedecerle, sino para conocerle y desearle. Al meditar en la excelencia del Hijo, el Espíritu Santo va formando en nosotros un amor más profundo por Dios, un gozo que no depende de las circunstancias y una fe que descansa en la belleza del evangelio. Que al abrir la Palabra, aprendamos a encontrar en Dios nuestro mayor deleite y nuestro tesoro eterno.
Oración antes de la lectura
Señor, vengo delante de Ti con un corazón dispuesto a escucharte. Antes de abrir Tu Palabra, te pido que aquietes mis pensamientos y me ayudes a poner toda mi atención en Ti. Reconozco que necesito de Tu Espíritu para comprender lo que lees hoy a mi vida y para permitir que Tu verdad transforme mi corazón.
Hoy te pido de manera especial por mi familia. Te ruego que vivamos en unidad y en amor, que Tu amor sea el fundamento de cada una de nuestras relaciones. Ayúdanos a mirarnos a los ojos con respeto, a escucharnos con paciencia y a buscar crecer juntos, evitando la indiferencia, el aislamiento y todo aquello que divide. Que en nuestro hogar reine Tu paz, y que al leerte aprendamos a amar como Tú amas.
En el nombre de Tu amado Hijo, Jesucristo. Amén.
Enseñanza – El cuidado y las leyes de Dios
En los capítulos 19 y 20 del libro de Éxodo, Dios revela no solo Su poder, sino también Su corazón paternal y protector. Antes de entregar la Ley, el Señor recuerda a Israel quién es Él y lo que ha hecho por su pueblo. La obediencia no comienza con mandamientos, sino con la memoria viva de la gracia recibida.
Dios declara en Éxodo 19:4–5:
“Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí… y vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos.”
Aquí se nos muestra una verdad profundamente consoladora: Dios no solo libera, sino que valora. Israel no fue rescatado por mérito, sino por amor. La expresión “especial tesoro” revela el afecto de Dios por Su pueblo, un pueblo guardado, protegido y estimado de manera única. Dios los sacó de Egipto para traerlos a Sí mismo y establecer una relación íntima con ellos.
Luego, el Señor declara su propósito:
“Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes y gente santa.” (Éxodo 19:6).
Ser santo es ser apartado para Dios, vivir con una identidad distinta. Como especial tesoro, el pueblo debía reflejar Su carácter y caminar en comunión con Él. La santidad no es aislamiento, sino pertenencia: vivir sabiendo que somos de Dios.
En Éxodo 20, Dios entrega los Diez Mandamientos como una guía amorosa para Su especial tesoro. No son leyes opresivas, sino principios diseñados para proteger la relación con Dios y con los demás. Dentro de estos mandamientos, se manifiesta claramente la misericordia del Señor.
Éxodo 20:6 nos recuerda:
“Y hago misericordia a millares a los que me aman y guardan mis mandamientos.”
Dios responde al amor con misericordia abundante. La obediencia fluye del amor y encuentra en Dios un Padre fiel y compasivo.
Asimismo, el mandamiento de honrar a los padres viene acompañado de promesa:
“Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.” (Éxodo 20:12).
Dios cuida la vida familiar y promete bendición a quienes viven conforme a Su orden.
Todos los mandamientos fueron dados para el bien de Su especial tesoro. En ellos vemos a un Dios que protege, instruye y ama profundamente a Su pueblo, guiándolo hacia una vida de gratitud, obediencia y comunión constante con Él.
Enseñanza – Velar y vivir preparados
En Mateo 24:29–51, Jesús dirige la mirada de sus discípulos hacia el futuro, hablándoles con solemnidad y amor sobre el cumplimiento final del plan de Dios. Después de anunciar tiempos de tribulación, el Señor revela una esperanza gloriosa: el Hijo del Hombre vendrá con poder y gran gloria. No se trata de un mensaje para generar temor, sino para despertar una fe vigilante y una esperanza firme.
Jesús enseña que su regreso será visible, inconfundible y soberano. Así como el relámpago ilumina el cielo, así será la venida del Hijo del Hombre. Esta verdad nos recuerda que la historia no avanza sin rumbo; Dios gobierna el tiempo y llevará todas las cosas a su cumplimiento perfecto. La venida de Cristo será el acto final de justicia, restauración y redención para quienes han puesto su confianza en Él.
Luego, Jesús utiliza ejemplos cotidianos para enfatizar una exhortación clara: velar y estar preparados. Compara su venida con los días de Noé, cuando muchos vivían distraídos, ocupados en lo cotidiano, sin discernir el tiempo espiritual que estaban viviendo. No es que las actividades diarias fueran malas, sino que el corazón estaba indiferente a Dios. Así, el Señor nos advierte contra una fe superficial que se acomoda y se olvida de vivir en comunión constante con Él.
En los versículos finales, Jesús presenta parábolas que hablan de fidelidad y responsabilidad. El siervo fiel es aquel que, aun sin saber el día ni la hora, permanece cumpliendo su tarea con amor y obediencia. La preparación que Jesús espera no es ansiedad, sino una vida ordenada, fiel y llena de sentido. Vivir preparados significa vivir con el corazón alineado a la voluntad de Dios, sirviendo con constancia mientras esperamos Su regreso.
Este pasaje nos recuerda que la esperanza cristiana no es pasiva. Esperar a Cristo es vivir cada día con propósito, perseverando en la fe, cuidando nuestras relaciones y caminando en obediencia. Así como Dios llamó a Su pueblo a ser Su especial tesoro en el Antiguo Testamento, Jesús nos llama ahora a vivir como siervos fieles, velando con amor, fe y esperanza, hasta el día en que Él vuelva.
✨ Aplicación práctica
Éxodo nos recuerda que Dios nos rescató para traernos a Él y llamarnos Su especial tesoro, un pueblo apartado para vivir en comunión con Él, mientras que Mateo nos exhorta a velar y vivir preparados para el regreso de Cristo; unidos, estos pasajes nos enseñan que nuestra identidad como amados precede a nuestra responsabilidad como siervos fieles. Vivir como especial tesoro hoy implica obedecer desde el amor, honrar a los demás, cuidar nuestras relaciones y permanecer fieles en lo cotidiano, no por temor, sino por gratitud. Velar no es vivir en ansiedad, sino con propósito, usando bien el tiempo, sirviendo con fidelidad y manteniendo el corazón alineado a la voluntad de Dios, mientras esperamos con esperanza activa el día en que Cristo vuelva.
Oración final
Señor, gracias porque nos has llamado Tu especial tesoro y nos has rescatado para vivir cerca de Ti. Gracias por Tu Palabra, que nos guía, nos corrige y nos prepara para el día glorioso en que Tu Hijo regresará. Ayúdanos a vivir con un corazón obediente y vigilante, fieles en lo que nos has confiado, amándote a Ti y a los demás con sinceridad. Que cada día caminemos en gratitud, firmes en la esperanza, sirviendo con fidelidad mientras esperamos Tu venida. Recibe nuestra vida como una ofrenda agradable, y permite que todo lo que hagamos refleje Tu gloria.
En el nombre de Jesucristo. Amén.
🎶 Continuamos con un canto de adoración que nos invita a descansar bajo Sus alas y a vivir preparados en la esperanza de Su regreso.

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