Devocional 19 de Enero
Preámbulo
En nuestro caminar de fe, muchas veces creemos que conocer a Dios depende de cuánto entendemos, cuánto hemos estudiado o cuán bien podemos explicar las verdades espirituales. Sin embargo, la Palabra nos confronta con una realidad más profunda: Dios no se revela a los autosuficientes, sino a los humildes; no a los que confían en su propia capacidad, sino a los que se reconocen necesitados. El verdadero conocimiento de Dios no nace solo del esfuerzo intelectual, sino de una obra sobrenatural de gracia que ilumina el corazón dispuesto a depender de Él.
Hoy somos invitados a examinar no solo lo que sabemos acerca de Dios, sino cómo lo conocemos. Porque es posible tener información correcta y aun así resistir la gloria de Dios, y también es posible acercarnos como niños —con sencillez, reverencia y dependencia— para recibir una revelación viva que transforma. Este devocional nos llama a rendir nuestra mente y nuestro corazón, reconociendo que Dios se da a conocer cuando buscamos con diligencia, pero sobre todo cuando dejamos de confiar en nosotros mismos y descansamos plenamente en Su gracia.
Oración antes de la lectura
Amado Padre celestial,
antes de abrir Tu Palabra me acerco a Ti con un corazón humilde y dispuesto. Reconozco que sin Tu ayuda no puedo comprender lo que Tú deseas revelarme, y por eso pido que Tu Espíritu Santo guíe mi mente, aquiete mi interior y prepare mi corazón para recibir Tu verdad con obediencia y fe.
Señor, en este momento elevo una petición especial por Tu protección divina. Te pido, primero, que me guardes de todo peligro físico: líbrame de accidentes, enfermedades y de todo aquello que pueda amenazar mi vida. Segundo, te pido protección para mi mente y mis emociones: resguárdame del miedo, la ansiedad, la confusión y de todo pensamiento que no provenga de Ti. Y tercero, te ruego protección espiritual: cúbreme con Tu verdad, fortalece mi fe y aparta de mí toda influencia que busque alejarme de Tu voluntad.
Extiendo esta oración también por mi familia. Guárdanos bajo Tu cuidado, cubre cada hogar, cada corazón y cada camino por donde transitamos. Rodéanos con Tu paz, Tu presencia y Tu amor constante. Que al comenzar esta lectura lo haga con la certeza de que estoy bajo Tu cuidado, confiando en que Tú eres mi refugio seguro hoy y siempre.
En el nombre de Jesús, amén.
Enseñanza – Antiguo Testamento
En Génesis 46 vemos a Jacob en un momento decisivo de su vida. Después de años de pérdidas, engaños y dolor, Dios lo llama a dar un paso que humanamente podría parecer contradictorio: descender a Egipto. No era solo un cambio de lugar, era un acto profundo de confianza. Jacob no se mueve hasta que Dios le habla y le confirma Su presencia: “No temas… yo descenderé contigo”. Este pasaje nos recuerda que la guía de Dios no siempre nos lleva por caminos cómodos, pero sí por caminos seguros cuando Él va delante.
En Génesis 47 observamos cómo Dios cumple Su promesa de cuidado. Jacob y su familia llegan como extranjeros, vulnerables y dependientes, pero encuentran provisión, favor y sustento en medio de una tierra que no era la suya. José, instrumento de la gracia de Dios, administra con sabiduría en medio de la escasez, mostrando que Dios no solo cuida espiritualmente, sino también de manera práctica y concreta. La familia de Jacob no sobrevive por su fuerza ni por su posición, sino porque Dios estaba obrando a través de circunstancias que antes parecían dolorosas.
Estos capítulos nos enseñan que Dios se revela y actúa cuando reconocemos nuestra dependencia. Jacob ya no es el hombre autosuficiente de sus años jóvenes; ahora camina con humildad, escuchando la voz de Dios y descansando en Su promesa. Así, Génesis 46 y 47 nos muestran que el conocimiento verdadero de Dios no surge del control, sino de la obediencia confiada, y que Su fidelidad se manifiesta cuando damos pasos guiados por Su palabra y no por nuestro temor.
Enseñanza – Nuevo Testamento
Mateo 19
En Mateo 19, Jesús confronta directamente una de las mayores luchas del corazón humano: la tendencia a confiar en uno mismo más que en Dios. A lo largo del capítulo, vemos cómo las personas se acercan a Jesús buscando respuestas, pero muchas veces desde una postura de autosuficiencia, de control o de mérito propio. Ya sea en las preguntas sobre el divorcio, en la bendición a los niños o en el encuentro con el joven rico, Jesús revela que el Reino de Dios no se recibe por capacidades humanas, sino por una rendición sincera del corazón.
Cuando los discípulos intentan impedir que los niños se acerquen a Jesús, Él los corrige con una afirmación poderosa: “Dejen que los niños vengan a mí”. Con esto, Jesús no está exaltando la inocencia infantil en sí misma, sino la actitud de dependencia, humildad y confianza total. Los niños no negocian, no presumen méritos ni controlan el resultado; simplemente se acercan. Así nos enseña Jesús que el acceso al Reino no se basa en lo que poseemos o sabemos, sino en reconocer nuestra necesidad de Él.
El relato del joven rico refuerza esta verdad. A pesar de su obediencia externa y su aparente rectitud, su corazón seguía aferrado a aquello que le daba seguridad. Jesús lo invita a soltar lo que ocupa el lugar de Dios en su vida, y ante su resistencia, declara que lo que es imposible para los hombres es posible para Dios. Mateo 19 nos recuerda que el verdadero conocimiento de Dios no consiste en cumplir reglas, sino en permitir que Él gobierne completamente nuestra vida. Solo cuando dejamos de confiar en nuestras riquezas, fuerzas o logros, podemos experimentar la libertad y la gracia del Reino.
Oración final
Padre amoroso,
gracias por Tu Palabra que hoy ha hablado a mi corazón con verdad y gracia. Reconozco que muchas veces he confiado más en mis propias fuerzas, en mi entendimiento o en mis seguridades, que en Ti. Hoy decido rendirme delante de Tu presencia y acercarme como un niño, con un corazón humilde, dispuesto a depender completamente de Tu guía y de Tu voluntad.
Señor, ayúdame a confiar en Ti aun cuando el camino no sea claro, como lo hizo Jacob al obedecer Tu voz. Enséñame a soltar aquello que ocupa Tu lugar en mi vida, como el joven rico fue llamado a hacerlo, y dame un corazón sensible que se deje transformar por Tu gracia. Quiero conocerte no solo de oídas, sino experimentar Tu gloria y Tu fidelidad en cada área de mi vida.
Pongo en Tus manos mi vida y mi familia. Guíanos, guárdanos y sostennos bajo Tu cuidado fiel. Que al salir de este tiempo de lectura, caminemos con una fe renovada, con una confianza más profunda y con la certeza de que Tú eres suficiente. En el nombre de Jesús, amén.
devocional:
Caminé sin ver el final
Acompaña este devocional con el canto “Caminé sin ver el final”, una canción de fe y confianza que nos recuerda que Dios camina con nosotros aun cuando no vemos el final del camino.

Comentarios
Publicar un comentario