16 de Febrero – Descanso y confianza en Dios en medio de la prueba



Hoy 16 de febrero

Continuamos con nuestro objetivo de leer la Biblia todos los días, siguiendo el
📅 Plan para leer la Biblia en 1 año – Lecturas completas del mes de febrero.

📖 Lecturas de hoy

Antiguo Testamento: Levítico capítulo 25
Nuevo Testamento: Marcos 14:1–42


Preámbulo

En la vida cristiana, Dios permite momentos de pérdida, silencio y desprendimiento que muchas veces no entendemos de inmediato. Cuando un amigo se va, cuando algo querido se pierde, el corazón queda vulnerable y sensible; sin embargo, es en ese espacio donde el Señor se acerca con mayor ternura. La ausencia humana puede convertirse en una invitación divina para profundizar nuestra confianza en Aquel que nunca se aparta.

El devocional de hoy nos recuerda que Dios no solo consuela, sino que también reordena nuestros afectos. Nos enseña a amar sin reemplazarlo, a confiar sin depender, y a vivir acompañados de Su presencia en cada instante del día. Hoy somos llamados a volver nuestro pensamiento a Dios, a reconocerlo como el Amigo fiel que permanece cuando todo cambia, y a aprender que la comunión con Él es la ocupación más gloriosa de nuestra vida.


Oración antes de la lectura bíblica

Señor Dios, vengo ante Ti con un corazón dispuesto a escucharte. Reconozco que muchas veces mis propias ideas, decisiones y caminos me han llevado a equivocarme, y hoy te pido humildad para reconocer mis errores sin excusas ni orgullo. Enséñame a aceptar tu corrección con mansedumbre y a dejarme moldear por tu verdad.

Abre mi entendimiento para recibir tu Palabra, ablanda mi corazón para obedecerla y dame un espíritu dócil para aprender de Ti. Que todo pensamiento, emoción y decisión sea sometido a tu voluntad, y que al leerte pueda ser transformado por tu amor y tu gracia.

En el nombre de Jesús. Amén.


Enseñanza – Levítico 25

Cuando leemos Levítico 25, es importante recordar que el pueblo de Israel no era una nación poderosa y establecida desde generaciones atrás. Venían de la esclavitud, de años de trabajo forzado, de vivir bajo órdenes que no dejaban espacio para el descanso ni para la dignidad. En ese contexto, Dios no solo les entrega leyes religiosas, sino una forma completamente nueva de entender la vida, el trabajo, la tierra y las relaciones humanas.

Históricamente, el mandato del año sabático y del jubileo iba en contra de la lógica humana. Dejar de sembrar durante un año, liberar esclavos y devolver tierras parecía un riesgo económico enorme. Pero Dios estaba formando un pueblo que no viviera sostenido por el miedo, sino por la confianza. Les enseñaba que la seguridad no provenía del esfuerzo constante ni de la acumulación, sino de saber quién era su verdadero Proveedor.

Espiritualmente, Levítico 25 revela algo profundo: nada nos pertenece por completo. Ni la tierra, ni el tiempo, ni los recursos, ni siquiera las personas que amamos. Todo es de Dios y todo nos es confiado. El descanso de la tierra era una predicación silenciosa que recordaba al pueblo que ellos no eran dueños absolutos, sino administradores bajo la gracia divina. Cada año sabático era una invitación a soltar el control y a descansar en Dios.

Humanamente, este capítulo habla de límites, de cansancio y de restauración. Dios conocía la fragilidad del ser humano y la facilidad con la que el poder, las deudas y la necesidad pueden romper la dignidad. Por eso el jubileo traía liberación, devolvía oportunidades y evitaba que una mala temporada marcara toda una vida. Dios no quería generaciones atrapadas en errores pasados, sino personas con la posibilidad de volver a empezar.

Levítico 25 también nos muestra el corazón compasivo de Dios. El descanso de la tierra beneficiaba a los pobres, a los extranjeros y hasta a los animales. Nada quedaba fuera de Su cuidado. En un mundo donde el más fuerte suele imponerse, Dios establece un sistema donde el débil es protegido y el vulnerable es considerado. Este mandato no solo ordenaba la economía, sino que sanaba relaciones y recordaba que todos dependían de la misma provisión.

Hoy, aunque no vivimos bajo la ley del jubileo literal, el mensaje sigue siendo vigente. Dios sigue llamándonos a confiar, a descansar, a tratar con justicia, a no sobreexplotar ni la tierra ni a las personas, y a recordar que todo lo que tenemos es un regalo. Levítico 25 nos invita a detenernos, a respirar, y a creer que cuando obedecemos, Dios se encarga de lo que nosotros no podemos controlar.

Este pasaje nos abraza con una verdad sencilla y profunda: Dios no solo se interesa por nuestra adoración, sino por cómo vivimos, cómo trabajamos, cómo descansamos y cómo cuidamos unos de otros. Él sigue siendo el Dueño fiel que provee, restaura y da nuevos comienzos.


Enseñanza – Marcos 14:1–42

Marcos 14 nos introduce en una de las horas más profundas y vulnerables de la vida de Jesús. Históricamente, nos encontramos en los días previos a la Pascua, una celebración que recordaba la liberación de Israel de la esclavitud en Egipto. Jerusalén estaba llena de peregrinos, y el ambiente era tenso. Los líderes religiosos buscaban cómo arrestar a Jesús sin provocar un alboroto, mientras el pueblo, sin saberlo del todo, estaba a punto de presenciar el cumplimiento del plan redentor de Dios.

En medio de esa tensión, aparece un gesto silencioso y lleno de amor: una mujer derrama un perfume costoso sobre Jesús. Humanamente, este acto parecía un desperdicio; espiritualmente, era una adoración profunda y profética. Ella no calcula, no mide, no se guarda nada. En contraste con quienes planean traicionar o criticar, esta mujer entiende algo esencial: hay momentos en los que el amor se expresa sin reservas. Jesús defiende su acto, recordándonos que la verdadera adoración nace del corazón que reconoce el valor de Su presencia.

Luego vemos a Judas, uno de los doce, tomar una decisión oscura. No es un extraño, es alguien cercano. Esto nos confronta con una realidad humana difícil: no toda cercanía es fidelidad, y no toda traición viene de lejos. Marcos no suaviza el relato; nos muestra que incluso en el círculo más íntimo de Jesús hubo debilidad, ambición y confusión. Aun así, Jesús no pierde el rumbo ni el amor. Él sigue caminando hacia la cruz sabiendo lo que vendrá.

La escena de la última cena está cargada de significado. Jesús toma el pan y el vino, símbolos cotidianos, y los convierte en señal de una nueva alianza. Históricamente, la Pascua recordaba la sangre del cordero que protegió a Israel; ahora, Jesús anuncia que Su propia sangre será derramada por muchos. Espiritualmente, este acto revela un amor que se entrega antes de ser arrebatado, una gracia ofrecida incluso a quienes fallarán.

Humanamente, los discípulos no comprenden del todo. Prometen fidelidad, aseguran que nunca caerán. Jesús, con paciencia, les anuncia que la debilidad llegará. No lo hace para humillarlos, sino para prepararlos. Aquí vemos un Cristo que conoce el corazón humano: impulsivo, frágil, sincero y temeroso a la vez.

El momento en Getsemaní es quizás el más íntimo de este pasaje. Jesús se aparta a orar, y por primera vez Marcos nos permite ver Su angustia sin filtros. Históricamente, el huerto era un lugar tranquilo; espiritualmente, se convierte en un campo de batalla interior. Jesús siente tristeza, temor y una carga tan pesada que pide, si es posible, que pase de Él esa copa. No hay apariencia de fortaleza artificial, hay honestidad total ante el Padre.

Y aun así, en medio del dolor, Jesús ora: “No se haga mi voluntad, sino la tuya”. Esta frase abraza al lector con una verdad profunda: la fe no siempre elimina el sufrimiento, pero nos sostiene dentro de él. Humanamente, Jesús necesita compañía, pide a Sus discípulos que velen con Él, y ellos se duermen. Una vez más, la fragilidad humana queda expuesta, pero no es rechazada.

Marcos 14:1–42 nos muestra a un Jesús cercano, consciente del costo, rodeado de fallas humanas y aun así decidido a amar hasta el final. Este pasaje nos invita a reconocernos en la mujer que adora, en el discípulo que promete más de lo que puede cumplir, y en Cristo que ora con lágrimas. Nos recuerda que Dios no se aleja en nuestra debilidad, sino que la atraviesa con nosotros.

Leer este capítulo despacio es dejar que el amor de Cristo nos encuentre tal como somos: cansados, temerosos, sinceros y necesitados. Él sigue siendo el Salvador que se entrega voluntariamente, confiando plenamente en el Padre, para que nosotros podamos encontrar vida, perdón y descanso en Él.


Oración final de agradecimiento

Gracias, Señor, por tu Palabra que nos alcanza y nos abraza. Gracias porque en ella encontramos verdad, consuelo y dirección para nuestro caminar diario. Aun cuando somos frágiles y fallamos, Tú permaneces fiel, paciente y lleno de misericordia.

Gracias por recordarnos que no caminamos solos, que Tú ves nuestro cansancio, conoces nuestros temores y escuchas cada oración que nace del corazón. Gracias por enseñarnos a confiar en Tu provisión, a rendir nuestra voluntad y a descansar en Tus tiempos perfectos.

Hoy entregamos en Tus manos todo lo que somos y todo lo que vivimos. Que Tu presencia nos acompañe, nos sostenga y nos guíe en cada decisión. Ayúdanos a vivir agradecidos, conscientes de Tu amor constante y de Tu gracia que nunca se agota.

         En el nombre de Jesús. Amén.


🎶 Abba, Padre (No sea lo que yo quiero)

Esta canción está inspirada en la oración de Jesús en Getsemaní (Marcos 14:36). Es una oración cantada de entrega y confianza, para acompañar este devocional y descansar en la voluntad de Dios en medio de la prueba.

🎧 Escúchala con calma y hazla tu oración.






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