14 de Febrero | Amar a Dios es Permanecer en Su Presencia




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📅 Plan para leer la Biblia en 1 año – Lecturas completas del mes de febrero


📖 Preámbulo

En un día en el que el mundo habla insistentemente de amor, somos invitados a detenernos y reflexionar en el amor más profundo y transformador: el amor que nace de una relación viva con Dios. No un amor superficial ni apresurado, sino un amor que se cultiva en la intimidad, en el silencio del corazón y en una mente rendida a Su presencia.

Muchas veces queremos acercarnos a Dios con buenas intenciones, pero nuestra mente divaga, se inquieta y se dispersa. Sin embargo, Él no nos pide perfección, sino un corazón dispuesto a volver una y otra vez a Su presencia. El verdadero amor se expresa cuando elegimos permanecer, aun cuando cuesta, aun cuando nuestra atención se distrae.

Hoy, en este 14 de febrero, recordamos que amar a Dios es aprender a estar con Él: traer nuestros pensamientos errantes, nuestras inquietudes y nuestras cargas, y rendirlas con humildad delante de Su trono. En esa entrega sencilla y constante, nuestra oración se convierte en un acto de amor, y Su paz comienza a ordenar todo nuestro ser.


🙏 Oración antes de iniciar el devocional

Señor Dios,
vengo delante de Ti tal como estoy, con un corazón que desea amarte y permanecer en Tu presencia. Hoy decido detenerme, aquietar mi mente y rendir mis pensamientos delante de Ti. Todo lo que me inquieta, me distrae o me pesa, lo pongo en Tus manos con humildad y confianza.

Te pido, Padre, que Tu amor me envuelva en este tiempo. Que sea un amor que consuela, que restaura, que da descanso al alma cansada y esperanza al corazón que necesita palabras de vida. Permite que, al meditar en Tu Palabra, mi espíritu sea afirmado y mi fe fortalecida.

Que este devocional sea un espacio de encuentro contigo, donde Tu paz ordene mis pensamientos y Tu presencia me recuerde que no estoy sola, que Tú estás cerca y que Tu amor es suficiente. Enséñame a amarte con todo mi ser y a vivir ese amor en cada palabra, en cada acción y en cada oración.

Pongo este tiempo en Tus manos, confiando en que Tú hablarás, consolarás y guiarás conforme a Tu perfecta voluntad.
En el nombre de Jesucristo, amén.


📜 Enseñanza Levítico 21–22 

La santidad del servicio y el amor que se ofrece a Dios

En el libro de Levítico, Dios habla a un pueblo que apenas está aprendiendo a caminar con Él. Israel ha salido de la esclavitud de Egipto y ahora vive en el desierto, dependiendo cada día de la presencia, la provisión y la guía de Dios. En medio de ese proceso, el Señor establece normas claras no para alejar al pueblo, sino para enseñarles a vivir cerca de Su santidad sin destruirse.

En Levítico 21, Dios se dirige específicamente a los sacerdotes, aquellos que habían sido llamados a servir como mediadores entre Él y el pueblo. Su vida, su conducta y sus decisiones no podían ser livianas, porque representaban algo mucho más grande que ellos mismos. El llamado a la santidad no era un castigo, sino una protección: al acercarse a un Dios santo, el corazón y la vida debían aprender a reflejar reverencia, respeto y obediencia.

Desde una perspectiva humana, esto nos recuerda que toda responsabilidad espiritual comienza en lo íntimo. El sacerdote no solo ministraba en el altar; primero ministraba con su vida. Su caminar diario debía estar alineado con el Dios al que servía. La santidad no era perfección sin errores, sino una vida consciente de a Quién pertenecía.

Espiritualmente, estos sacerdotes eran una sombra de lo que Cristo vendría a cumplir de manera perfecta. Jesús se convirtió en el sumo sacerdote eterno, sin mancha y sin defecto, abriendo un camino nuevo y vivo para todos nosotros. Por eso, hoy, en Cristo, cada creyente es llamado sacerdote delante de Dios, como lo declara la Escritura:

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.”
(1 Pedro 2:9)

Esto transforma por completo nuestra manera de vivir la fe. Ya no nos acercamos a Dios por medio de sacrificios externos, sino con una relación viva, personal y constante. Hoy, como hijos de Dios, somos invitados a:

  • Acercarnos confiadamente a Su presencia, sabiendo que somos recibidos por gracia (Hebreos 4:16).

  • Ofrecer sacrificios espirituales, entregando nuestra vida como ofrenda viva, santa y agradable a Dios (Romanos 12:1; Hebreos 13:15).

  • Interceder por otros, llevando delante de Dios las cargas, luchas y necesidades de quienes nos rodean (1 Timoteo 2:1).

  • Anunciar y enseñar, compartiendo con amor la esperanza que hemos recibido (Mateo 28:19–20).

En Levítico 22, Dios dirige Su atención a la pureza de los sacrificios. No se permitía ofrecer animales defectuosos o de poco valor. Lo que se presentaba delante de Dios debía reflejar honra, respeto y gratitud. Este principio, aunque expresado en un contexto antiguo, sigue teniendo un profundo significado espiritual hoy.

Dios sigue siendo santo. Y aunque ya no ofrecemos sacrificios de animales, nuestra vida sigue siendo una ofrenda delante de Él. Cada decisión, cada palabra, cada acto de obediencia habla de lo que valoramos y de cuánto reconocemos Su amor.

Este pasaje nos invita a examinar con ternura nuestro corazón: ¿qué estamos ofreciendo a Dios? ¿Nuestro tiempo, nuestra atención, nuestra obediencia, nuestro amor? Él no busca perfección humana, sino un corazón sincero que desee honrarlo y permanecer en Su presencia.

Levítico 21–22 nos recuerda que la santidad no es distancia, sino cercanía bien cuidada. Es aprender a amar a Dios con reverencia, con entrega y con una vida rendida que, aun en su fragilidad, decide ofrecerle lo mejor.


📖 Enseñanza Marcos 13:1–23  

Permanecer cuando todo parece incierto

En Marcos 13, Jesús se encuentra con Sus discípulos en Jerusalén, poco antes de Su pasión. Al salir del templo, uno de ellos admira la grandeza de sus piedras y edificaciones. Humanamente, aquel templo representaba seguridad, identidad y estabilidad espiritual para el pueblo judío. Era el lugar donde generaciones habían aprendido a encontrarse con Dios.

Pero Jesús, con una mirada que va más allá de lo visible, les anuncia algo que sacude el corazón: “No quedará piedra sobre piedra que no sea derribada.” Estas palabras no solo hablaban de un acontecimiento histórico —la destrucción del templo en el año 70 d.C.— sino de un cambio profundo en la manera en que Dios se relacionaría con Su pueblo.

Desde un contexto humano, este mensaje genera inquietud, temor y preguntas. Los discípulos, como cualquiera de nosotros, desean saber cuándo sucederán estas cosas y cómo prepararse. Jesús no responde con fechas exactas ni con promesas de comodidad, sino con una invitación a permanecer alertas y firmes.

Espiritualmente, Jesús les advierte sobre tiempos de confusión: guerras, persecuciones, engaños, sufrimiento y falsas promesas. No para sembrar miedo, sino para preparar el corazón. Él sabe que cuando la incertidumbre llega, la mente se inquieta y el corazón se dispersa. Por eso, Su llamado constante es a no dejarse arrastrar por el temor ni por voces que prometen seguridad lejos de Él.

Este pasaje nos recuerda que la fe no se sostiene en estructuras externas, sino en una relación viva con Cristo. El templo que parecía eterno podía caer, pero la presencia de Dios permanecería en los corazones que aprendieran a confiar. Jesús estaba enseñando a Sus discípulos —y hoy a nosotros— que la verdadera estabilidad no está en lo que se ve, sino en Quién nos sostiene.

Desde una perspectiva devocional, Marcos 13 nos abraza en medio de nuestras propias incertidumbres. Nos recuerda que Dios no es ajeno a nuestras preguntas, a nuestro cansancio ni a nuestras luchas internas. Él no promete una vida sin dificultad, pero sí promete Su presencia fiel en cada etapa del camino.

Jesús anima a Sus seguidores a permanecer, a no abandonar la fe cuando el panorama se vuelve confuso, a no dejar que el ruido del mundo apague la voz de Dios. En medio de todo, Él asegura que quienes perseveran serán sostenidos por Su gracia.

Este pasaje no es una advertencia dura, sino una expresión de amor: Jesús prepara a los suyos con verdad, para que cuando lleguen los momentos difíciles, no se sientan solos ni sorprendidos. Él camina delante de nosotros, y Su Palabra sigue siendo un ancla firme para el alma.

Marcos 13:1–23 nos invita a vivir una fe consciente, serena y confiada. A regresar una y otra vez a Su presencia cuando la mente se dispersa y el corazón se inquieta. A recordar que, aun cuando todo parece moverse, Dios permanece fiel, y Su amor sigue sosteniendo nuestra vida.


🙏 Oración final del devocional

Señor Dios,
gracias por este tiempo en Tu presencia y por Tu Palabra que habló a mi corazón con verdad y con amor. Gracias porque, aun cuando mi mente se inquieta y mis pensamientos se dispersan, Tú permaneces fiel y cercano.

Hoy pongo delante de Ti mis temores, mis dudas y mis cargas. Ayúdame a permanecer cuando el camino no es claro, a confiar cuando todo parece incierto y a descansar en Tu amor que no cambia.

Enséñame a vivir una fe sencilla y constante, a volver a Ti cada vez que me distraigo y a ofrecerte no lo que sobra, sino lo mejor de mi vida. Que mi caminar diario sea una respuesta de amor, reverencia y gratitud hacia Ti.

Te pido, Señor, por las personas que amo, por mi familia y por aquellos que has puesto en mi camino. Abrázalos con Tu paz, fortalécelos con Tu presencia y recuérdales que no están solos. Que Tu Espíritu traiga consuelo donde hay cansancio, esperanza donde hay temor y luz donde hay confusión.

Elijo confiar en que Tú sigues obrando en mí, guiando mis pasos y sosteniendo mi vida. Me despido de este tiempo con un corazón en paz, sabiendo que Tu presencia va conmigo.

En el nombre de Jesucristo, amén


🎶 Momento de alabanza

Te invitamos a escuchar esta canción como una oración que acompaña este devocional, permitiendo que su letra y melodía te ayuden a permanecer en la presencia de Dios, a rendir tus pensamientos y a descansar en Su amor fiel.







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