📖 Devocional del 16 de Noviembre
📜 Lectura de la Biblia
🌅 Preámbulo
Hay momentos en la vida donde sentimos que fallamos, que no llegamos a la medida, que cargamos historias, errores o heridas que nos pesan. Y aun así, Dios nos sigue mirando con amor.
Miqueas nos recuerda una verdad tan sencilla como poderosa:
lo que Dios pide de nosotros no es complicado —es caminar en justicia, amar la misericordia y humillarnos delante de Él.
La misericordia no es solo un sentimiento, es un estilo de vida.
Es amar como Dios ama, perdonar como Él perdona y caminar conscientes de Su gracia aun cuando no la merecemos.
Porque hoy el Señor quiere recordarte que Su amor es más grande que tu error, que Su misericordia es más fuerte que tu pasado, y que Su gracia puede rehacer lo que parecía perdido.
Él te llama a caminar ligera, sin cargas, sin rencores, sin cadenas…
solo abrazada por Su compasión.
🙏 Oración antes de la lectura
Señor amado,
hoy me acerco a Tu Palabra con un corazón dispuesto y necesitado de Ti.
Te doy gracias por Tu misericordia que me sostiene, por Tu gracia que me cubre y por Tu perdón que me limpia una y otra vez.
Abre mis oídos, mis ojos y mi corazón para comprender Tu Palabra.
Que hoy pueda reconocer Tu voz y permitir que Tu Espíritu Santo transforme mis pensamientos, mis actitudes y mis decisiones.
Te entrego este tiempo, Señor.
Háblame, corrígeme, anímame y guíame.
Haz Tu obra en mí mientras leo Tu Palabra.
En el nombre poderoso de Jesús,
Amén.
📘 Enseñanza del Antiguo Testamento: Miqueas 6–7
En estos capítulos finales, Miqueas nos muestra dos escenas muy diferentes:
primero, un pueblo que ha fallado profundamente; y después, un Dios que responde con misericordia sorprendente.
1. Dios no quiere rituales vacíos, quiere un corazón obediente
El pueblo le pregunta a Dios qué debe ofrecerle para agradarlo:
¿sacrificios? ¿Holocaustos? ¿Miles de carneros?
Pero Dios responde con una claridad que atraviesa el alma:
“Oh hombre, Él te ha declarado lo que es bueno…
hacer justicia, amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.” (Miq. 6:8)
No es la apariencia espiritual lo que Dios busca.
Es un corazón que practica justicia, que ama la misericordia y que camina en humildad.
Esta es la verdadera adoración.
2. El pecado tiene consecuencias, pero Dios siempre deja un camino de regreso
Miqueas describe cómo el pecado del pueblo —la corrupción, el engaño, la violencia, la injusticia social— los llevó a la ruina.
No como castigo caprichoso, sino como fruto de haberse apartado de Dios.
Y aun así… Dios no abandona a los suyos.
Él disciplina, sí, pero también abre puertas de restauración.
3. Aun cuando todo falla, Dios permanece fiel
Miqueas confiesa que vive en una sociedad quebrada:
las amistades no son confiables, la familia está dividida, la maldad crece.
Y en medio de ese caos declara:
“Mas yo a Jehová miraré, esperaré al Dios de mi salvación;
mi Dios me oirá.” (Miq. 7:7)
Cuando no puedes confiar en nadie,
siempre puedes confiar en Dios.
4. Dios se deleita en mostrar misericordia
Miqueas cierra con uno de los pasajes más hermosos de todo el Antiguo Testamento:
“¿Qué Dios como Tú,
que perdona la maldad,
que no retiene su enojo para siempre,
porque se deleita en la misericordia?” (Miq. 7:18)
Dios no perdona a regañadientes.
Él SE DELEITA en mostrar misericordia.
Él no guarda nuestro pecado para usarlo después contra nosotros.
Él lo arroja a lo profundo del mar, donde no puede volver a encontrarse.
5. Su fidelidad no depende de nuestra perfección
Miqueas recuerda que Dios es fiel porque Él hizo pacto,
porque Él prometió amar, sostener y perdonar,
no porque merezcamos Su gracia.
La fidelidad de Dios no cambia por nuestros tropiezos.
📘 Enseñanza del Nuevo Testamento: Hebreos 8
Hebreos 8 nos abre una ventana preciosa al corazón del Evangelio:
Dios estableció un nuevo pacto, perfecto, eterno y basado en la obra de Cristo.
Este capítulo nos recuerda tres grandes verdades que transforman la vida espiritual.
1. Jesucristo es nuestro Sumo Sacerdote perfecto
El antiguo sistema necesitaba sacerdotes humanos que ofrecían sacrificios continuamente, porque el pecado nunca se eliminaba por completo.
Pero ahora tenemos a Jesús, nuestro Sumo Sacerdote celestial:
-
perfecto,
-
eterno,
-
sin pecado,
-
intercediendo por nosotros desde el cielo.
Su sacrificio no se repite.
Fue hecho una vez y para siempre.
Y su obra es suficiente.
2. Entramos en un nuevo pacto, no basado en esfuerzos humanos
El antiguo pacto estaba grabado en piedra; el nuevo pacto está grabado en el corazón.
Dios promete:
“Pondré mis leyes en su mente,
y sobre su corazón las escribiré” (Heb. 8:10).
Esto significa que ya no vivimos por obligación, sino por transformación.
No amamos, obedecemos o perdonamos por presión,
sino porque Su Espíritu cambia nuestra manera de pensar y de sentir.
Es Dios mismo quien produce en nosotros el querer y el hacer.
3. En el nuevo pacto tenemos acceso directo a Dios
No necesitamos intermediarios humanos.
No necesitamos rituales para acercarnos.
No necesitamos perfección para entrar en Su presencia.
Dios declara:
“Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.”
Es una relación cercana, íntima, viva,
sostenida por Su gracia y no por nuestras obras.
4. Nuestro pecado ya no es recordado para condenación
Una de las promesas más hermosas del nuevo pacto es esta:
“Perdonaré sus maldades,
y nunca más me acordaré de sus pecados.” (Heb. 8:12)
Dios no “olvida” porque tenga mala memoria;
decide no usar nuestro pasado en nuestra contra.
Lo cubre completamente con la sangre de Cristo,
y nos ve limpios, aceptos y amados.
5. Vivimos bajo un pacto mejor, sostenido por mejores promesas
El pacto antiguo era bueno, pero limitado.
El nuevo pacto es perfecto porque está basado en:
-
un Sacerdote perfecto,
-
un sacrificio perfecto,
-
una gracia perfecta.
Este pacto no depende de nuestro esfuerzo,
sino de la fidelidad de Jesús.
En resumen:
Dios nos invita a caminar ligeros, libres, transformados por Su gracia, sostenidos por Su misericordia y guiados por Su Espíritu.
No vivimos desde la culpa, sino desde el perdón.
No obedecemos desde el miedo, sino desde la relación.
No avanzamos solos, sino acompañados por un Dios que ama mostrarnos compasión.
🙏 Oración final
Señor amado,
gracias por recordarme hoy que Tu misericordia es más grande que mi pasado
y que Tu gracia es suficiente para levantar lo que dentro de mí estaba roto.
Gracias por el nuevo pacto que me diste en Cristo,
por el perdón que cubre mis errores,
por la cercanía de Tu presencia
y por la certeza de que mis pecados ya no son recordados para condenarme.
Lléname de Tu Espíritu Santo
para caminar conforme a Tu Palabra,
amar como Tú amas
y extender la gracia que yo misma he recibido.
Que mi vida sea reflejo de Tu compasión
y testimonio de que Tú sigues haciendo nuevas todas las cosas.
En el nombre precioso de Jesús,
Amén.

Comentarios
Publicar un comentario