“Un año con la Palabra: no sin tormentas, pero con paz”

 




⭐ Salmo 119:105

“Lámpara es a mis pies tu palabra,
y lumbrera a mi camino.”

⭐ Juan 16:33

“En el mundo tendréis aflicción;
pero confiad, yo he vencido al mundo.”

⭐ Salmo 1:1–3

Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos,
ni estuvo en camino de pecadores,
ni en silla de escarnecedores se ha sentado;
sino que en la ley de Jehová está su delicia,
y en su ley medita de día y de noche.
Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas,
que da su fruto en su tiempo,
y su hoja no cae;
y todo lo que hace, prosperará.


Hoy quiero dar gracias a Dios por algo muy especial: haber podido leer la Biblia completa en un año.

No fue un año fácil.
No fue un año sin problemas.
Pero sí fue un año acompañado.

Si alguien caminó conmigo en este proceso, seguramente lo entiende.
Y si alguien empezó después, se atrasó o apenas va a comenzar, quiero decirle algo muy importante: no importa el punto donde estés, sigue adelante.

Leer la Biblia en un año no significa que no tendremos enfermedades, presiones, conflictos familiares o problemas financieros.
Este año los tuvimos. Algunos nos enfermamos. Otros pasamos por estrés, decisiones difíciles o pérdidas.

La diferencia no fue la ausencia del dolor, sino la forma de atravesarlo.

No es lo mismo pasar una tormenta solo
que pasarla con paz.

Y eso me recuerda aquel himno tan conocido:
“Paz en la tormenta”.
La tormenta sigue siendo tormenta, pero el corazón ya no está a la deriva.


Tampoco significa que nos volvimos personas perfectas.
Perfecto solo es Dios.

Nos enojamos. Yo me enojé.
Tuve conflictos y luchas internas.

Pero aprendí algo muy importante:
no todo enojo es pecado.

Jesús mismo se enojó cuando volcó las mesas del templo.
La diferencia está en qué hacemos con ese enojo.

La Palabra, leída día tras día, nos enseñó a:

  • procesar el enojo,

  • reconocer cuando estamos mal,

  • pedir perdón,

  • perdonar a otros,

  • y también perdonarnos a nosotros mismos.

El enojo dejó de ser explosión
y se volvió discernimiento.


Leer la Biblia completa no solo abre la mente,
abre los ojos del corazón.

Aprendí a ver a las personas con más:

  • compasión,

  • empatía,

  • paciencia,

  • madurez.

Aprendí a acompañar sin cargar, a escuchar sin absorber, a ayudar sin “comprar” los problemas de los demás.
Eso fue una transformación real para mí.


La Palabra también me ayudó a soltar.

A dejar relaciones y sociedades que, aunque parecían productivas, estaban robando algo más valioso:
mi familia, mi paz y mi llamado.

Entendí que no todo lo que da dinero edifica,
y que no todo lo que brilla viene de Dios.

La Biblia no solo consuela;
también ordena prioridades.


Si hoy puedo mirar atrás y agradecer, es porque no caminé sola este año.

La Palabra me sostuvo.
El Espíritu Santo redargüía, corregía, consolaba y guiaba.

No fue un año sin caídas,
fue un año con una mano extendida cada vez que caí.


Si tú leíste la Biblia este año, da gracias a Dios.
Si empezaste tarde, continúa.
Si te atrasaste, no te rindas.

No se trata de cumplir un plan perfecto,
sino de caminar con Dios en medio de la vida real.


🕊️ Oración de gratitud por haber leído la Biblia en un año

Padre Santo, eterno y bendito,
gracias porque Tú eres bueno, grande y misericordioso.

Hoy vengo delante de Ti con un corazón agradecido por haberme permitido leer Tu Palabra a lo largo de este año. Gracias porque estuviste conmigo todo el tiempo; porque me acompañaste y no me dejaste ni un solo día. Gracias porque estuviste presente en cada momento, en cada decisión, y porque sigues conmigo hasta hoy, Padre eterno.

Te pido que perdones todos los errores que cometí durante este año, los que fueron conscientes y también aquellos que hice sin darme cuenta. Perdóname, Señor, por las cosas que debí haber hecho y no hice. Sé que no soy perfecta, Padre Santo, pero continúo mi carrera, continúo mi camino para alcanzar la estatura del varón perfecto. Sé que es imposible alcanzarla plenamente, pero sigo adelante, confiando en Tu gracia.

Gracias porque no estoy sola. Gracias porque Tú estás conmigo. No tengo palabras suficientes para agradecerte, Señor.

Gracias por mi familia: por mi esposo y mi hija, por mi padre y mis hermanos. Gracias por mis tíos, por las personas conocidas y por cada vida que has puesto a mi alrededor. Gracias porque soy grandemente bendecida y porque me has ayudado a reconocer las grandes bendiciones que me das, aun aquellas que muchas veces doy por hecho o que pasan desapercibidas para mí.

No quiero esperar a perder algo para darme cuenta de su valor. Ayúdame a reconocer cada día que todo lo que tengo es valioso, aun lo que parece pequeño o insignificante ante mis ojos.

Gracias por este año en el que me sostuviste, y por todos los años de mi vida en los que has sido fiel conmigo. Todo lo que tengo te lo debo a Ti. Todo lo que soy lo pongo en Tus manos.

Te ruego que continúes conmigo en el año que viene. No me dejes, no me desampares y no permitas que me aparte de Ti jamás, Padre Santo. Y si en algún momento me desvío como oveja perdida, ven por mí, como siempre lo has hecho; tómame sobre Tus hombros, tráeme de vuelta a Ti, sana mis heridas y háblame con Tu amor.

Gracias porque eres mi Padre celestial y porque me amas de manera incondicional. Hoy te entrego mi vida, todo lo que tengo y todo lo que soy, y lo dejo en Tus santas y benditas manos.

En el nombre glorioso de Jesucristo, mi Señor y Salvador.
Amén.

Comentarios