30 de Enero | Te acepto en mi corazón como Señor y Salvador



Devocional del 30 de Enero


Preámbulo

En medio de nuestras rutinas diarias, Dios nos invita a una relación más simple y más profunda: amarlo en todo y por todo. No se trata de grandes obras ni de palabras elaboradas, sino de un corazón dispuesto a vivir cada acción, por pequeña que sea, como una expresión de amor hacia Él.

Hoy reflexionamos sobre una fe que deja atrás el temor y aprende a descansar en la confianza. Una fe que no busca recompensas ni seguridades humanas, sino que se abandona plenamente al amor de Dios, incluso en la incertidumbre. Cuando el amor se convierte en la motivación de nuestra vida, el miedo pierde su poder y la obediencia se transforma en gozo.

Que esta lectura nos anime a vivir atentos a la presencia de Dios en lo cotidiano, a conversar con Él en silencio y a ofrecerle cada gesto sencillo como una oración viva.

Dediquemos en este día un tiempo especial para leer la Palabra de Dios y orar. Acerquémonos a Él con un corazón sincero, dispuestos a recibir Su guía y a experimentar Su presencia en medio de nuestra vida diaria.

Este puede ser el día en que Dios nos hable de manera única, nos dé la respuesta que hemos estado esperando o nos muestre algo nuevo en Su Palabra. Cada día es una oportunidad para renovar nuestra comunión con Dios y alinearnos nuevamente a Su propósito.


Oración por un Corazón Motivado por el Amor Divino

Señor, antes de leer Tu Palabra,
pongo mi corazón delante de Ti.
Purifica mis motivaciones y enséñame a vivir
guiada por Tu amor y no por el temor.
Que cada palabra que hoy lea
me acerque más a Ti.

Pongo en Tus manos a mi familia y a mis hijos.
Guárdanos en Tu paz y dirige nuestros pasos.
Forma en nosotros corazones sencillos
que te amen, confíen en Ti
y caminen cada día bajo Tu cuidado.
En Cristo Jesús. Amén.


Enseñanza

Antiguo Testamento: Éxodo 25–26

En Éxodo 25–26, Dios le habla a Moisés con un propósito muy claro: habitar en medio de Su pueblo. Cada instrucción para el tabernáculo —el arca, la mesa, el candelabro, las cortinas y el lugar santísimo— no responde a un deseo de grandeza externa, sino a una verdad espiritual profunda: Dios desea una morada preparada con reverencia, obediencia y amor.

Nada en el tabernáculo era improvisado. Cada medida, cada material y cada detalle tenían un significado. Esto nos enseña que Dios no solo se interesa en nuestras acciones visibles, sino en la actitud del corazón con la que le ofrecemos lo que hacemos. No se trataba de construir algo hermoso para impresionar, sino de obedecer con fidelidad, reconociendo la santidad de Su presencia.

El tabernáculo nos recuerda que Dios es santo, pero también cercano. Aunque había orden, límites y separaciones, todo apuntaba a un mismo fin: que el pueblo supiera que Dios estaba con ellos. De la misma manera, hoy Dios sigue buscando corazones dispuestos a ser Su morada, vidas que le den un lugar central y no algo secundario.

Éxodo 25–26 nos invita a reflexionar si estamos preparando un espacio para Dios en nuestra vida diaria. No con estructuras externas, sino con una obediencia nacida del amor, con un corazón atento y dispuesto. Cuando hacemos lugar para Dios con sinceridad, cada acto cotidiano puede convertirse en un altar, y cada día en una oportunidad para experimentar Su presencia.


Enseñanza

Nuevo Testamento: Mateo 27

Mateo 27 nos conduce al momento más profundo del amor de Dios manifestado en la cruz. Jesús es entregado, humillado y crucificado, no por obligación, sino por obediencia nacida del amor. Sin embargo, este amor no se presenta como algo distante o insensible al dolor humano.

En medio de la cruz, Jesús clama:
“Eli, Eli, ¿lama sabachtani?”,
que significa: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”

Este clamor no es una pérdida de fe, sino la expresión más honesta del sufrimiento humano llevado delante de Dios. Jesús, al pronunciar estas palabras, está citando el Salmo 22 y mostrando que incluso en el momento de mayor oscuridad, su relación con el Padre permanece viva. Él no deja de llamar a Dios “mi Dios”.

Aquí aprendemos que el amor verdadero no niega el dolor. La fe genuina no siempre se expresa con palabras de fortaleza, sino también con preguntas nacidas del sufrimiento. Jesús nos enseña que podemos clamar a Dios incluso cuando sentimos silencio, confusión o abandono.

Este grito desde la cruz nos recuerda que Cristo cargó no solo con nuestros pecados, sino también con nuestras angustias, nuestros silencios y nuestros momentos de mayor soledad. Él entró en la profundidad del dolor humano para que nadie vuelva a estar solo en su sufrimiento.

Y es precisamente después de este clamor que el velo del templo se rasga de arriba abajo. Aquello que separaba al ser humano de la presencia de Dios queda eliminado. El amor expresado en la cruz abre un nuevo camino: ya no hay distancia, ya no hay barrera, ya no hay abandono definitivo para quienes se acercan a Dios en Cristo.

Mateo 27 nos invita a mirar la cruz con reverencia y gratitud. Nos recuerda que Dios no nos ama desde lejos, sino que se hizo cercano incluso en el abandono, para que nosotros, aun en nuestros momentos más oscuros, podamos seguir diciendo con confianza:
“Dios mío.”


Una invitación a responder al amor de Cristo

Al contemplar el tabernáculo en Éxodo y la cruz en Mateo, entendemos que el deseo de Dios siempre ha sido el mismo: habitar con Su pueblo. Lo que antes se expresaba a través de un lugar santo, hoy se cumple plenamente en Jesucristo, quien abrió el camino para que Dios habite en nuestro corazón.

Aceptar a Cristo no es solo un acto religioso, es una respuesta de amor. Es reconocer que no podemos caminar solos, que necesitamos Su gracia, Su perdón y Su dirección. Cuando abrimos nuestro corazón a Jesús, le damos el lugar que solo a Él le corresponde: el de Señor y Salvador de nuestra vida.

Hoy puedes tomar una decisión sencilla pero profunda: invitar a Cristo a vivir en ti. No importa tu pasado, tus dudas o tus luchas. Él conoce tu historia y aun así te ama. Así como el velo fue rasgado, hoy no hay barreras que te separen de Dios. Su amor está disponible para ti.

Aceptar a Cristo es comenzar una nueva relación basada en el amor y no en el temor. Es permitirle guiar tus decisiones, transformar tu interior y darte una esperanza firme. Si nunca lo has hecho, o si deseas renovar tu compromiso, hoy es un buen día para decirle con un corazón sincero:
“Jesús, quiero que seas mi Señor y mi Salvador.”

Que esta decisión no se quede solo en palabras, sino que se refleje en una vida que busca a Dios cada día, que confía en Su amor y que camina en obediencia, sabiendo que Él habita con quienes le abren su corazón.


Oración Final

Señor Jesús,
hoy me acerco a Ti con un corazón abierto.
Reconozco que te necesito y que sin Ti no puedo caminar.
Creo que diste Tu vida por mí en la cruz
y que con Tu amor abriste el camino hacia el Padre.

Hoy te recibo en mi corazón.
Te acepto como mi Señor y mi Salvador.
Te entrego mi vida, mis decisiones y mi futuro.
Guíame, transfórmame y enséñame a vivir bajo Tu voluntad.

Gracias por Tu gracia, por Tu perdón
y por hacer de mi vida Tu morada.
Desde hoy quiero caminar contigo,
confiando en Tu amor y obedeciendo Tu voz.

En Tu nombre, mi Señor. Amén.

Que a partir de hoy cada acto de nuestra vida sea una respuesta de amor al Dios que decidió habitar con nosotros.

🎶 Oración cantada

Este canto acompaña el devocional de hoy como una oración de entrega.

Que al escucharlo puedas abrir tu corazón y responder al llamado del amor de Cristo.







Comentarios