“Raíces que Sanan: Restaurados en la Plenitud de Cristo”

 


📖 Devocional del 14 de Octubre

Lectura de la Biblia


🌅 Preámbulo 

Dios desea que sus hijos disfruten no solo de una vida espiritual plena, sino también de buena salud física, emocional y mental. El cuerpo, dice su Palabra, es templo del Espíritu Santo, y cuidarlo es una forma de adoración.
Cuando oramos por nuestros hijos adultos, no solo intercedemos por su bienestar físico, sino también por su alineación con los caminos de Dios.

La sanidad comienza en el alma: cuando el corazón se reconcilia con Dios, el cuerpo también recibe fortaleza. Por eso, debemos clamar para que nuestros hijos comprendan el valor de su cuerpo, la necesidad de vivir conforme a la justicia, y la bendición de reconocer a Dios como su Sanador.

Así como Ezequiel habló de restauración para un pueblo que había sido infiel y quebrantado, y como Pablo escribió en Colosenses que “en Cristo habita toda plenitud”, también nosotros creemos que el Señor puede restaurar lo que está enfermo o roto.
Cada oración de una madre o un padre que se humilla delante de Dios tiene poder para abrir caminos de sanidad, tanto en el cuerpo como en el espíritu.

Hoy elevamos nuestra voz pidiendo que nuestros hijos sean alcanzados por esa plenitud: que sus corazones vuelvan a Dios, que su mente sea renovada, y que su cuerpo sea fortalecido por el poder sanador de Cristo.


🙏 Oración antes de la lectura de la Biblia

Amado Padre Celestial,
me acerco a Ti en reverencia y gratitud.
Tu Palabra es mi alimento, mi guía y mi medicina.
Abre mis ojos para ver las maravillas de tu ley
y mi corazón para recibir tu instrucción con humildad.

Hoy te pido que me hables con claridad,
que sanes todo lo que esté enfermo en mi alma,
y que renueves mi fe mientras medito en tus promesas.
Que este momento sea un encuentro contigo,
un tiempo de renovación y de entendimiento espiritual.

Guíame, Señor, a través de tu Espíritu Santo,
para comprender lo que deseas enseñarme
acerca de mi vida y la de mis hijos adultos.
Que tu Palabra penetre como espada y traiga restauración,
orden, sanidad y propósito a cada área de nuestro ser.

En el nombre de Jesús,
Amén.

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📜 Enseñanza del Antiguo Testamento: Ezequiel 16–17

En Ezequiel 16, el Señor le muestra al profeta una imagen profundamente conmovedora de Jerusalén. La compara con una niña abandonada a su suerte, ensangrentada y sin esperanza, a la que Él recoge, limpia, viste y llena de belleza. Dios la amó y la hizo suya, pero con el tiempo, esa ciudad —que representa al pueblo de Israel— se olvidó de su Salvador y buscó ídolos, entregándose a todo tipo de infidelidades espirituales.

Este capítulo refleja la realidad de muchos corazones: Dios nos levanta, nos bendice, y a veces, cuando todo va bien, nos alejamos de Él. Sin embargo, el amor del Padre no se apaga. Aun cuando su pueblo le falla, Él promete tener misericordia y recordar su pacto eterno. Su propósito siempre es restaurar, no destruir.

En Ezequiel 17, Dios presenta una parábola de dos águilas y una vid, que simboliza las alianzas políticas e infidelidades de Judá. Pero al final del capítulo, el tono cambia completamente, y surge una profecía de esperanza y de restauración divina:

«Tomaré yo del cogollo de aquel alto cedro, y lo plantaré sobre un monte alto y eminente… Y pondré en el monte alto de Israel, y él echará ramas, y dará fruto, y se hará magnífico cedro; y habitarán debajo de él toda ave, de toda especie; a la sombra de sus ramas habitarán» (Ezequiel 17:22–23).

Este árbol representa el reino mesiánico de Cristo. De una pequeña rama —aparentemente débil— Dios levantará un reino firme, santo y lleno de vida. Las aves de toda especie que hacen nido en sus ramas simbolizan a las naciones que encontrarán refugio y descanso en Él.

Así como este árbol crece y da sombra, también el amor de Dios cubre y sana a todos los que se acercan. Es una imagen de sanidad espiritual, protección y esperanza: cuando nuestras raíces están en Dios, florecemos, y otros pueden hallar descanso bajo nuestra fe.

Ezequiel 17 nos enseña que la verdadera fuerza no está en las alianzas humanas ni en la autosuficiencia, sino en el poder de Dios que hace crecer lo que parecía pequeño o débil.


🌿 Reflexión:
Nuestros hijos pueden estar viviendo lejos o pasando por desiertos, pero Dios sigue siendo el Jardinero fiel. Él puede plantar una nueva vida en ellos, hacerlos crecer y convertirlos en árboles firmes de fe, bajo cuya sombra otros hallen paz.
Así como las aves hallan refugio en las ramas del cedro, oramos para que nuestros hijos encuentren su descanso en Cristo y se conviertan en instrumentos de sanidad para otros.

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📜 Enseñanza del Nuevo Testamento: Colosenses 1

La carta a los Colosenses comienza con una de las declaraciones más poderosas sobre quién es Jesús. Pablo escribe a una iglesia joven, confundida por enseñanzas humanas, para recordarles que Cristo es el centro de todo:

“Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en Él fueron creadas todas las cosas… todo fue creado por medio de Él y para Él” (Colosenses 1:15–16).

Estas palabras nos enseñan que toda plenitud —espiritual, emocional y aún física— proviene de Cristo. Nada que busquemos fuera de Él podrá llenar el corazón. En Él habita toda la sabiduría, toda la paz y toda la sanidad que el alma necesita.

Pablo también nos recuerda que, por medio de la sangre de Jesús, Dios nos reconcilió consigo mismo. Aquello que el pecado había roto, Cristo lo restauró en la cruz. Por eso, así como Ezequiel habló del pacto roto y del amor que perdona, Pablo proclama que ese pacto ha sido sellado para siempre en Cristo.

“Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte” (Colosenses 1:21–22).

Esta reconciliación trae sanidad profunda: cuando el alma se reconcilia con Dios, la mente encuentra paz, el corazón se limpia y el cuerpo recupera su descanso.
El Espíritu Santo no solo habita en nosotros, sino que nos renueva día a día, fortaleciendo nuestra fe, transformando nuestro carácter y guiándonos hacia una vida sana, tanto interior como exteriormente.

Colosenses 1 también nos invita a vivir agradecidos y fructíferos, a crecer en conocimiento espiritual y a caminar “dignamente del Señor, agradándole en todo”.
Esa vida de obediencia y comunión es la que abre las puertas de la verdadera plenitud:

“Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Colosenses 1:27).

Cuando Cristo vive en el corazón, todo lo demás empieza a alinearse. Las heridas se sanan, los pensamientos se ordenan, los temores pierden fuerza, y los hijos que estaban lejos comienzan a volver.
En Cristo hay restauración total: del cuerpo, del alma y de la familia.


🌿 Reflexión:
Así como Pablo oraba por los creyentes de Colosas, también nosotros podemos orar por nuestros hijos adultos:
para que sean llenos del conocimiento de Dios, fortificados en su fe, y sanados por el poder de Cristo.
La plenitud no está en el mundo, ni en las fuerzas humanas, sino en Jesús, quien reina sobre todo y lo sostiene todo.

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🙏 Oración final

Señor amado,
gracias por tu amor que restaura y sana.

Te pido que mis hijos estén plantados en Ti,
con raíces profundas en tu Palabra y en tu presencia.
Hazlos crecer firmes, con corazones que te honren
y vidas que reflejen tu verdad.

Sana su cuerpo, su mente y su espíritu.
Y si alguno está lejos, tráelo de regreso
con lazos de misericordia y amor eterno.

Que tu plenitud, mi Dios,
llene sus vidas con fuerza, salud y paz.
Te los entrego, confiando en tu fidelidad eterna.

En Cristo Jesús, Amén.

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