📖 Devocional del 11 de Noviembre
🌅 Preámbulo
La misericordia de Dios es más que un sentimiento: es una expresión viva de Su amor y compasión hacia quienes no la merecemos. Un corazón endurecido pierde la capacidad de sentir compasión, de perdonar y de reflejar el carácter misericordioso de Dios.
La verdadera misericordia nace de un corazón transformado. Es mirar al otro con los ojos de Cristo, recordar cuánta paciencia Él ha tenido con nosotros, y decidir amar, perdonar y levantar al caído, aun cuando cueste.
Hoy, Dios te invita a revisar tu corazón:
¿Hay dureza? ¿Hay falta de perdón? ¿Hay juicio en lugar de compasión?
Si es así, pídele que te dé un corazón como el Suyo —lleno de misericordia, lento para la ira y abundante en amor—, porque solo así podremos reflejar Su gloria en nuestra vida diaria.
🙏 Oración antes de la lectura
Señor amado, gracias por este nuevo día y por la oportunidad de acercarme a Tu Palabra.
Te pido que limpies mi corazón de toda dureza, resentimiento o falta de perdón.
Dame un corazón sensible a Tu voz, lleno de compasión y dispuesto a extender misericordia, así como Tú la extiendes conmigo cada día.
Enséñame a amar como Tú amas, a perdonar como Tú perdonas, y a actuar con bondad y ternura incluso cuando el mundo elige lo contrario.
Habla a mi corazón en esta lectura, Señor, y transforma mi interior con Tu verdad.
Amén. 💖
📖 Enseñanza y Aplicación del Antiguo Testamento: Amós 7, 8 y 9
En los capítulos finales de Amós, el profeta nos revela una profunda tensión entre la justicia y la misericordia de Dios. Israel, el pueblo escogido, había endurecido su corazón y se había olvidado de Su Palabra, confiando en su prosperidad y en su aparente seguridad. Sin embargo, Dios le muestra a Amós varias visiones que revelan la gravedad del pecado y, al mismo tiempo, la ternura de Su corazón hacia Su pueblo.
En el capítulo 7, Amós ve dos visiones: una de langostas que devoran la tierra, y otra de un fuego que consume los campos. Ante esto, Amós intercede diciendo:
“Señor Jehová, perdona ahora; ¿quién levantará a Jacob, porque es pequeño?” (Amós 7:2).
Dios escucha la oración del profeta y detiene el juicio. Este pasaje nos enseña que la oración intercesora puede tocar el corazón de Dios. Aunque Él es justo, también se conmueve ante un corazón que clama con humildad por los demás.
En el capítulo 8, Dios muestra una canasta de fruta madura, símbolo de un pueblo listo para el juicio:
“Ha venido el fin sobre mi pueblo Israel; no lo toleraré más” (Amós 8:2).
La abundancia material había llenado de orgullo a Israel, pero sus corazones estaban vacíos de compasión y obediencia. Vendría un tiempo, dice el profeta, no de hambre de pan, sino de oír la Palabra del Señor (Amós 8:11). Nada puede ser más triste que un pueblo que ya no escucha la voz de Dios.
Finalmente, en el capítulo 9, el Señor anuncia que castigará el pecado, pero no destruirá del todo a Su pueblo. Habrá un remanente fiel y una promesa de restauración:
“En aquel día levantaré el tabernáculo caído de David… y lo edificaré como en el tiempo pasado” (Amós 9:11).
Aun después del juicio, Dios muestra Su misericordia. Promete restaurar, bendecir y plantar nuevamente a Su pueblo en la tierra, sin que sean arrancados jamás.
💡 Aplicación:
Los capítulos 7, 8 y 9 de Amós nos muestran un Dios justo que no pasa por alto el pecado, pero también un Dios lleno de compasión, que escucha la oración del intercesor y siempre deja abierta una puerta para el perdón y la restauración.
Así como Amós, somos llamados a ser intercesores y no jueces. La misericordia no niega la justicia, pero la transforma en esperanza. Dios busca corazones que lloren por los que se han apartado, que oren por su nación y que vivan con sensibilidad espiritual, atentos a Su voz.
Hoy, el Señor te recuerda que Su misericordia es nueva cada mañana, y que si tú permaneces en Su Palabra, serás parte de ese remanente fiel que Él levantará para restaurar lo que se ha caído.
No mires con juicio; mira con compasión. Ora como Amós, y deja que Dios renueve tu corazón con Su misericordia. 💖
📖 Enseñanza y Aplicación del Nuevo Testamento: Hebreos 3
En Hebreos capítulo 3 se nos hace una exhortación muy clara y profunda: “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (Hebreos 3:15).
El autor nos recuerda el ejemplo del pueblo de Israel en el desierto, que a pesar de haber visto los milagros de Dios, endureció su corazón, desobedeció y perdió la oportunidad de entrar en el reposo prometido.
El texto compara a Moisés y a Cristo, mostrando que, aunque Moisés fue fiel como siervo, Cristo es fiel como Hijo sobre toda la casa de Dios. La enseñanza central es que no basta con conocer a Dios, sino que debemos perseverar en la fe y mantener el corazón sensible y obediente a Su voz.
El corazón endurecido no se forma de un día para otro. Se va enfriando poco a poco: con la incredulidad, la queja, el orgullo o la falta de oración. Por eso el autor advierte:
“Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo” (Hebreos 3:12).
💡 Aplicación:
Este pasaje nos llama a la vigilancia espiritual. Cada día debemos cuidar el estado de nuestro corazón, porque de él mana la vida.
Si dejamos que la dureza, la indiferencia o la autosuficiencia se instalen, poco a poco perdemos la sensibilidad a la voz del Espíritu Santo.
Así como Amós intercedió por un pueblo que había endurecido su corazón, hoy Dios nos llama a ser sensibles a Su corrección, a obedecer Su Palabra y a mantenernos firmes en la fe.
El mayor peligro del creyente no siempre es el pecado visible, sino la incredulidad silenciosa que lo aleja del amor de Dios.
Dios quiere un corazón dócil, humilde y sensible, que responda a Su llamado sin resistencia. Y la buena noticia es que si hoy escuchas Su voz y decides rendirte, Él promete renovarte y darte un corazón nuevo lleno de Su Espíritu y de Su misericordia.
🙏 Oración final
Señor amado, gracias por recordarme hoy que la dureza de corazón me aleja de Ti.
Perdóname si he permitido que la incredulidad, el orgullo o el cansancio apaguen mi fe.
Hazme sensible a Tu voz, obediente a Tu Palabra y constante en la esperanza.
Te pido que pongas en mí un corazón nuevo, lleno de misericordia, humildad y compasión, que no se canse de hacer el bien ni de confiar en Ti.
Gracias por Tu paciencia, por Tu amor inagotable y por las nuevas oportunidades que me das cada día.
En el nombre de Jesús,
Amén. 💖

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