“Digno es el que está en el Trono”

 


📖 Devocional del 18 de diciembre

📜 Lectura de la Biblia


🌅 Preámbulo

Antes de que existiera el tiempo, antes de que la tierra fuera formada y antes de que una sola criatura alabara con su voz, Dios ya era plenamente glorioso. El Padre y el Hijo se deleitaban el uno en el otro en un gozo perfecto, eterno y suficiente. La creación no nació de una necesidad ni de un vacío, sino del desbordamiento de ese gozo infinito.

Al contemplar la creación, no estamos viendo un acto aislado del Padre ni una obra separada del Hijo. Estamos presenciando la expresión conjunta de su gloria. Todo lo que existe fue hecho por medio de Cristo y para la gloria compartida del Padre y del Hijo. La creación no compite con Cristo por el afecto de Dios; más bien, proclama quién es Cristo como el resplandor de Su gloria.

Hoy somos invitados a leer la Escritura no como espectadores distantes, sino como criaturas que existen para participar en este gozo eterno. Fuimos creados para ver la gloria de Dios, para deleitarnos en ella y para reflejarla con nuestras vidas.


🙏 Oración antes de la lectura de la Biblia

Señor Dios Todopoderoso,
nos acercamos a Tu Palabra reconociendo que Tú eres completo en Ti mismo,
que no nos necesitas, pero aun así nos llamas a conocerte.

Abre nuestros ojos para contemplar Tu gloria,
no solo en lo creado, sino en Cristo,
por medio de quien todo existe y en quien todo encuentra su sentido.

Aquieta nuestro corazón delante de Tu trono,
ordena nuestros pensamientos
y rinde nuestra voluntad ante Tu majestad.

Haz que Tu Palabra produzca en nosotros reverencia, humildad y alabanza sincera.
Que busquemos siempre Tu presencia
y que nuestro deleite esté únicamente en Ti.

En el nombre santo y glorioso de Jesucristo,
Amén. 


📜 Enseñanza Antiguo Testamento: Salmos 67–72

Estos salmos forman un bloque que nos conduce desde la bendición de Dios sobre su pueblo hasta la afirmación de su reinado justo y universal. No son cantos aislados, sino una progresión que revela el propósito de Dios para las naciones, el carácter de su gobierno y la esperanza de un reino que trasciende a cualquier rey humano.

El énfasis central es claro: Dios bendice para darse a conocer. La gracia que recibe el pueblo de Dios no es un fin en sí misma, sino un medio para que su camino sea conocido en toda la tierra y su salvación entre todas las naciones. La bendición divina tiene una dimensión misionera: existe para que la gloria de Dios sea vista y celebrada por todos los pueblos.

A lo largo de estos salmos se presenta a Dios como el Juez justo y Rey soberano, aquel que gobierna con equidad, que defiende al afligido, al necesitado y al pobre, y que no ejerce su autoridad con opresión ni arbitrariedad. Su reino se caracteriza por justicia, paz y abundancia, no solo para Israel, sino para toda la creación. La prosperidad que describe no es superficial, sino el fruto de un gobierno alineado con la voluntad de Dios.

También aparece una profunda conciencia de la fragilidad humana. Los reyes terrenales son limitados, el pueblo es vulnerable y la justicia humana es insuficiente. En contraste, estos salmos levantan la mirada hacia un reino que no depende del poder humano, sino del carácter inmutable de Dios. El clamor por un rey justo apunta más allá del trono de Israel y anticipa un reinado perfecto que solo Dios puede establecer plenamente.

El tono de alabanza que recorre estos salmos no surge de circunstancias ideales, sino de la certeza de que Dios reina y cumplirá sus promesas. La adoración brota del reconocimiento de su fidelidad y de su dominio sobre la historia. Incluso cuando la realidad presente es incompleta, la esperanza está anclada en el gobierno eterno del Señor.

En conjunto, Salmos 67–72 nos enseñan que la historia se mueve hacia un propósito glorioso: la exaltación del nombre de Dios entre todas las naciones bajo un reino de justicia y paz. Nos invitan a confiar en su gobierno, a vivir como testigos de su gracia y a unirnos al clamor de la creación que anhela ver la plenitud de su reino manifestada.

📜 Enseñanza Nuevo Testamento: Apocalipsis 4

Apocalipsis 4 marca un giro decisivo en el libro: la mirada deja de estar centrada en la tierra y se eleva al cielo. Juan no es llevado a una explicación teórica del futuro, sino a una visión del trono de Dios. Antes de mostrar juicios, conflictos o acontecimientos venideros, Dios revela quién gobierna realmente el universo. Todo lo que seguirá debe interpretarse a la luz de esta realidad central: Dios reina.

El trono ocupa el centro de la escena. No es un símbolo secundario ni decorativo; es el punto desde el cual todo tiene sentido. Dios no aparece descrito con forma humana, sino rodeado de resplandor, majestad y gloria indescriptible. Esto subraya su trascendencia: Él no es una criatura más, ni puede ser reducido a imágenes terrenales. Su presencia inspira reverencia, temor santo y adoración.

Alrededor del trono se encuentran los veinticuatro ancianos y los seres vivientes, representantes de la creación y del pueblo de Dios, participando activamente en la adoración. Nadie permanece pasivo. La respuesta natural ante la gloria de Dios no es la observación silenciosa, sino la adoración constante y consciente. La escena celestial nos muestra que adorar no es una actividad ocasional, sino la ocupación central del cielo.

La proclamación “Santo, santo, santo” revela el carácter de Dios como absolutamente distinto, puro y perfecto. Su santidad no es solo moral, sino total: Él es incomparable en poder, en autoridad y en gloria. A la vez, se le reconoce como eterno, aquel que era, que es y que ha de venir, afirmando que su dominio abarca todo el tiempo y toda la historia.

La adoración culmina con una confesión fundamental: Dios es digno. Digno de recibir la gloria, la honra y el poder, no por lo que hace únicamente, sino por quién es. Él es digno porque es el Creador de todas las cosas, y porque todo existe por su voluntad. La creación no es autónoma ni accidental; depende completamente de Dios y existe para su gloria.

Apocalipsis 4 nos enseña que el centro del universo no es el ser humano ni los acontecimientos históricos, sino Dios mismo. Nos invita a ordenar nuestra visión del mundo desde el trono, a confiar en su gobierno soberano y a unirnos, aun desde la tierra, a la adoración celestial. Antes de preguntar qué ocurrirá, este capítulo nos enseña a quién pertenece todo poder y toda gloria.

🕯️ Oración final

Señor Dios Todopoderoso,
al cerrar este tiempo delante de Tu Palabra,
reconocemos que Tú estás sentado en el trono
y que todo lo que existe vive por Tu voluntad.

Tú eres digno de recibir la gloria, la honra y el poder,
porque creaste todas las cosas
y porque en Cristo todo fue hecho y para Él existe.
Nada en la creación compite contigo;
todo proclama Tu grandeza y Tu santidad.

Enséñanos a confiar en Tu gobierno,
a descansar en Tu soberanía
y a caminar en obediencia mientras esperamos
la manifestación plena de Tu gloria.

Que nuestras palabras, decisiones y acciones
sean una respuesta continua de adoración
al Dios que reina por los siglos de los siglos.

En el nombre santo y glorioso de Jesucristo,
Amén. 🕯️

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