📖 Lectura de la Biblia
✨ Preámbulo
Hay palabras de Jesús que revelan un corazón de Dios mucho más tierno y generoso de lo que solemos imaginar. Cuando Él nos llama “rebaño pequeño”, no señala nuestra debilidad para avergonzarnos, sino para asegurarnos que Su cuidado no depende de nuestra fuerza, sino de Su buena voluntad. En un mundo que valora la grandeza y la autosuficiencia, el Reino de Dios se abre precisamente a los pequeños, a los que reconocen su necesidad y descansan en el amor del Padre.
Este devocional nos invita a volver a mirar quién es realmente Dios: un Padre que no da por obligación, ni mide Su gracia por nuestros méritos, sino que se deleita en dar el Reino. No nos promete una vida fácil, pero sí nos ofrece lo más grande: Su presencia, Su gozo y Su gloria como herencia eterna. Al acercarnos a esta reflexión, abramos el corazón con sencillez, sabiendo que la buena voluntad del Padre es acercarnos a Él y darnos todo lo que necesitamos en Su amor.
En este momento que vamos a dedicar a la lectura de la Palabra de Dios, iniciamos con una oración:
🙏 Oración antes de la lectura de la Palabra
Padre amado, vengo delante de Ti con un corazón sencillo y necesitado. Antes de abrir Tu Palabra, aquieto mis pensamientos y rindo mis cargas a Ti. Reconozco que soy pequeña, pero confío en Tu gran amor. Abre mis ojos para ver Tu verdad, mis oídos para escuchar Tu voz y mi corazón para recibir lo que Tú deseas enseñarme hoy. Que Tu Espíritu me guíe y prepare mi interior para ser transformada por Tu Palabra.
Encomiendo delante de Ti a mi familia, y de manera especial a mis hijos adultos. Tú conoces sus luchas, sus decisiones, sus temores y sus anhelos. Te pido que formes en ellos un carácter firme, íntegro y sensible a Tu voz; que siembres en sus corazones valores que permanezcan aun cuando el mundo intente desviarlos. Guárdalos en Tus caminos, rodéalos de Tu sabiduría y hazlos hombres y mujeres que honren Tu nombre en todo lo que son y hacen. Hoy descanso en la buena voluntad de mi Padre, confiando en que Tú sigues obrando en sus vidas y en la mía. En el nombre de Jesús, amén. 🙏
📖 Enseñanza – Éxodo 4–6
En Éxodo 4–6 encontramos a un Dios que llama y envía, aun cuando quienes Él escoge se sienten incapaces. Moisés ha sido comisionado para liberar al pueblo de Israel, pero su corazón está lleno de temor, inseguridad y resistencia. Él se enfoca en sus limitaciones, mientras Dios insiste en Su presencia y poder. Desde el inicio, el Señor deja claro que la obra no dependerá de la capacidad humana, sino de Su fidelidad.
Para confirmar que Él está hablando, Dios le concede a Moisés señales visibles. La vara que se convierte en serpiente y vuelve a ser vara muestra que Dios tiene autoridad sobre el poder, el temor y aquello que parece amenazante. La mano que se vuelve leprosa y luego es sanada revela que Dios gobierna sobre la enfermedad y la restauración. El agua del Nilo transformada en sangre anuncia que el Señor es soberano incluso sobre las fuentes de vida que Egipto consideraba sagradas. Estas señales no tenían como fin impresionar, sino afirmar que Dios respaldaba Su llamado y que Su poder iría delante de Moisés.
A pesar de esto, Moisés continúa sintiéndose insuficiente. Él insiste en que no sabe hablar, pero Dios responde afirmando que Él es quien da la boca, la palabra y la capacidad. En Su paciencia, el Señor permite que Aarón acompañe a Moisés, mostrando que Dios no solo llama, sino que también provee ayuda en el camino. La misión avanza no por la perfección del siervo, sino por la gracia del Dios que lo envía.
En medio del trayecto ocurre un episodio solemne: Dios confronta a Moisés porque uno de sus hijos no había sido circuncidado. La circuncisión era la señal del pacto, y Moisés, quien iba a representar a Dios ante Israel y Faraón, estaba caminando con una desobediencia dentro de su propio hogar. Séfora actúa con urgencia y circuncida al niño, y solo entonces Dios permite que Moisés continúe. Este pasaje muestra que Dios toma en serio el pacto y la obediencia, especialmente en quienes Él llama a liderar. La misión pública no puede avanzar cuando la vida privada no está alineada con la voluntad de Dios.
Al presentarse ante Faraón, Moisés obedece, pero la situación empeora. El pueblo sufre mayor opresión, se desanima y cuestiona. Moisés también se quebranta, pero Dios no lo desecha. En Éxodo 6, el Señor se revela con mayor claridad, recuerda Su pacto con Abraham, Isaac y Jacob, afirma Su nombre y promete actuar con poder. Dios deja claro que la liberación no será fruto del esfuerzo humano, sino de Su brazo extendido y de Su fidelidad inquebrantable.
Para nuestra vida hoy, Éxodo 4–6 nos enseña que Dios sigue llamando a personas imperfectas y temerosas, pero profundamente sostenidas por Su gracia. La obediencia no siempre trae resultados inmediatos, y en ocasiones parece complicar el camino. Sin embargo, Dios sigue obrando aun cuando no lo vemos. Él escucha el clamor, corrige con amor, reafirma Su pacto y cumple Sus promesas a Su tiempo.
Este pasaje también nos recuerda la importancia del hogar y de la formación del carácter. Dios no solo se interesa por la tarea que realizamos, sino por la integridad con la que vivimos, por los valores que cultivamos y por la fidelidad con la que caminamos delante de Él. Hoy podemos descansar en que el mismo Dios que llamó a Moisés sigue siendo fiel, paciente y poderoso para guiar, corregir y cumplir Su propósito en nuestras vidas y en nuestras familias.
🌿 Aplicación final
Hoy decido confiar en el llamado de Dios aun cuando me siento pequeño e insuficiente. Decido obedecer Su voz con un corazón dispuesto, alineando mi vida y mi hogar con Su voluntad. Descanso en que Dios es fiel para cumplir Sus promesas, formar el carácter en mí y en mi familia, y obrar con poder aun cuando el proceso sea difícil.
📖 Enseñanza – Mateo 22
El capítulo inicia con la parábola del banquete de bodas. Dios es presentado como un rey que prepara una fiesta para su hijo y envía invitaciones generosas. Sin embargo, muchos rechazan la invitación con indiferencia o desprecio. Ante esto, el rey extiende la invitación a todos, buenos y malos, llenando la sala. La enseñanza es clara: el Reino de Dios es un regalo ofrecido por gracia, pero no puede recibirse con ligereza. Ser invitados no elimina la responsabilidad de responder con un corazón transformado y dispuesto.
Luego, Jesús es confrontado con preguntas malintencionadas. Le preguntan sobre los impuestos al César, buscando ponerlo en conflicto con la autoridad política o con el pueblo. Jesús responde con sabiduría, mostrando que la lealtad a Dios no excluye la responsabilidad terrenal, pero que Dios siempre ocupa el lugar supremo del corazón. Dar a Dios lo que le pertenece implica rendirle la vida entera.
Más adelante, los saduceos intentan ridiculizar la fe en la resurrección. Jesús los corrige con firmeza y verdad, recordándoles que Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Con esto afirma que el Reino de Dios no se limita a esta vida, sino que se extiende a la eternidad, donde la vida y el poder de Dios se manifiestan plenamente.
Finalmente, Jesús responde a la pregunta más importante: cuál es el mayor mandamiento. Él resume toda la Ley y los Profetas en dos expresiones inseparables: amar a Dios con todo el corazón, alma y mente, y amar al prójimo como a uno mismo. Aquí Jesús revela que la verdadera espiritualidad no se mide por rituales ni discusiones teológicas, sino por una vida rendida a Dios y expresada en amor concreto hacia los demás.
Para nuestra vida hoy, Mateo 22 nos confronta con una verdad profunda: todos hemos sido invitados al Reino, pero la forma en que respondemos a esa invitación importa. Dios nos llama a vivir una fe sincera, no superficial; una obediencia que nace del amor y se refleja en nuestras decisiones diarias. Amar a Dios con todo lo que somos transforma nuestra manera de pensar, de hablar y de relacionarnos, especialmente dentro de nuestra familia y comunidad.
Este capítulo nos recuerda que el Reino no se vive desde la apariencia, sino desde el corazón. Dios busca hijos que respondan a Su invitación con gratitud, reverencia y amor, permitiendo que Su verdad gobierne cada área de la vida, hoy y siempre.

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