📖 Lectura de la Palabra de Dios
📅 Plan para leer la Biblia en 1 año – Lecturas completas del mes de enero
🌅 Preámbulo
Al acercarnos hoy a la Palabra, somos invitados a contemplar una verdad que sostiene la fe cuando el camino se vuelve incierto: Dios no solo hace el bien a su pueblo, sino que se deleita en hacerlo. Su bondad no depende de las circunstancias visibles, ni de la ausencia de conflictos, pérdidas o pruebas, sino de Su carácter eterno, firme y fiel.
Hoy somos llamados a confiar en un Dios que no se cansa de amar, que no se aburre de bendecir, y que incluso en medio de la tribulación sigue formando en nosotros algo hermoso. Al leer estas Escrituras, recordamos que cada paso de fe, cada renuncia y cada tiempo de espera están envueltos en el deleite de un Dios que obra con todo Su corazón y con toda Su alma para el bien de Sus hijos.
🙏 Que al abrir la Biblia hoy, nuestro corazón descanse en esta verdad: Dios está presente, Dios es bueno, y Dios se goza en guiarnos por el camino de Su promesa.
🙏 Oración antes de la lectura bíblica
Padre Santo, eterno y bendito,
te damos gracias por el regalo de un nuevo día y por tu misericordia que se renueva cada mañana.
Hoy, al comenzar esta jornada, me acerco a la lectura de Tu Santa y Bendita Palabra con un corazón dispuesto y reverente.
Habla a mi corazón, Señor.
Abre mi entendimiento para comprender las verdades y los principios bíblicos que estudiaré hoy.
Permíteme no solo entenderlos con la mente, sino atesorarlos en el corazón y aplicarlos a mi vida conforme a Tu perfecta voluntad.
Guíame por medio de Tu Espíritu Santo,
corrige lo que deba ser corregido, fortalece mi fe y afirma mis pasos en Tu camino.
Que Tu Palabra sea lámpara a mis pies y luz en mi sendero.
Todo esto te lo pido con gratitud y confianza,
en el nombre de Tu amado Hijo, Jesucristo.
Amén y amén.
📜 Enseñanza Antiguo Testamento: Génesis 13–15
En Génesis 13–15 somos testigos del caminar de Abram en una etapa decisiva de su fe, donde aprender a confiar en Dios implica soltar, esperar y creer sin ver aún el cumplimiento de las promesas. Estos capítulos nos muestran que la fe genuina no se construye en la abundancia inmediata, sino en la obediencia sostenida.
En Génesis 13, Abram enfrenta una situación que pudo haber generado conflicto: la prosperidad de sus ganados provoca tensiones entre sus pastores y los de Lot. En lugar de aferrarse a sus derechos o reclamar prioridad, Abram decide ceder. Le da a Lot la primera elección de la tierra, confiando en que su bienestar no depende de tomar lo mejor a sus propios ojos, sino de la provisión de Dios. Este acto revela un corazón humilde y desprendido, y enseña que quien confía en Dios puede renunciar sin temor, porque sabe que Dios no deja de hacerle bien.
Después de que Lot se separa, Dios habla nuevamente a Abram. Es significativo que la reafirmación de la promesa llegue después de la renuncia. Dios le muestra toda la tierra y le recuerda que Él es quien da la herencia. Así aprendemos que las promesas de Dios no se pierden cuando caminamos en obediencia; al contrario, se afirman y se amplían.
En Génesis 14, Abram se enfrenta a una situación de guerra cuando Lot es llevado cautivo por una coalición de reyes. Abram actúa con valentía, rescata a su sobrino y demuestra que la fe no es pasiva, sino que se expresa en amor, responsabilidad y acción justa. Sin embargo, el punto central de este capítulo no es solo la victoria militar, sino lo que ocurre después.
Tras el rescate, Abram se encuentra con Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo. Melquisedec bendice a Abram en el nombre del Dios que creó los cielos y la tierra, y Abram responde dándole los diezmos. Este encuentro revela una verdad profunda: antes de la Ley, antes del sacerdocio levítico, Dios ya había establecido un sacerdocio santo que reconocía Su soberanía.
Melquisedec aparece como una figura de paz, justicia y adoración, recordándole a Abram que la victoria no proviene de la fuerza humana, sino del Dios Altísimo. En contraste, el rey de Sodoma ofrece riquezas materiales, las cuales Abram rechaza, declarando que no quiere que nadie diga que un hombre lo enriqueció. Abram elige honrar a Dios antes que beneficiarse de las ganancias del mundo, mostrando que su confianza está puesta únicamente en el Señor como su proveedor.
Este momento prepara el corazón para Génesis 15, uno de los pasajes más profundos sobre la fe en toda la Escritura. Abram expresa sus temores y dudas delante de Dios, y el Señor no lo reprende; al contrario, se acerca y le dice: “No temas, Abram, yo soy tu escudo y tu galardón”. Dios no solo promete bendiciones futuras, sino que se presenta a sí mismo como la recompensa suprema.
Abram cree a Dios, y esa fe le es contada por justicia. Aquí aprendemos que la relación con Dios no se basa en la perfección del creyente, sino en la confianza puesta en la fidelidad de Dios. Aunque Abram todavía no ve cumplidas las promesas, Dios establece un pacto firme, recordándole que Él cumplirá Su palabra en Su tiempo.
Estos capítulos nos enseñan que el Dios del pacto es un Dios cercano, paciente y bueno. Él se deleita en guiar a Su pueblo, incluso cuando el camino incluye renuncias, batallas y tiempos de espera. Génesis 13–15 nos invita a caminar con una fe que descansa, una fe que obedece y una fe que honra a Dios por encima de cualquier recompensa terrenal.
📜 Enseñanza del Nuevo Testamento: Mateo 5
Mateo 5 nos introduce al corazón del mensaje de Jesús mediante el Sermón del Monte. Aquí, el Señor no presenta un conjunto de reglas externas, sino una visión transformada del Reino de Dios, donde la verdadera bendición no se mide por la apariencia del éxito, sino por la obra profunda que Dios realiza en el corazón humano.
Las bienaventuranzas abren el capítulo y rompen con la lógica del mundo. Jesús declara bienaventurados a los pobres en espíritu, a los que lloran, a los mansos, a los que tienen hambre y sed de justicia. Estas palabras revelan que el favor de Dios no descansa sobre la autosuficiencia, sino sobre la dependencia humilde. Dios se deleita en acercarse a quienes reconocen su necesidad de Él y confían plenamente en Su gracia.
Así como Abram creyó a Dios en medio de la espera, Jesús enseña que el Reino pertenece a quienes viven con un corazón rendido. La promesa no es ausencia de dificultad, sino presencia de Dios en medio de ella. Los que lloran serán consolados, los mansos heredarán la tierra y los perseguidos recibirán el Reino. La bendición divina no niega el dolor, pero lo transforma en esperanza.
Jesús también llama a Sus discípulos sal de la tierra y luz del mundo. Esto significa que quienes han sido alcanzados por la gracia no viven solo para sí mismos, sino que reflejan el carácter de Dios en su entorno. La vida transformada se convierte en testimonio visible del bien que Dios hace en quienes confían en Él.
Cuando Jesús habla de la Ley, deja claro que no vino a abolirla, sino a cumplirla. Él lleva la obediencia más allá del acto externo y la dirige al corazón: no basta con evitar el homicidio si hay ira; no basta con evitar el adulterio si el deseo gobierna el interior. De esta manera, Cristo revela que Dios no busca una justicia superficial, sino una justicia que nace de un corazón renovado.
Finalmente, Mateo 5 nos invita a una vida marcada por la reconciliación, la fidelidad, la verdad y el amor incluso hacia los enemigos. Este llamado no es una carga imposible, sino una expresión del Reino que se vive por la gracia de Dios. El mismo Dios que promete bendecir con todo Su corazón es quien capacita a Sus hijos para vivir conforme a Su voluntad.
Mateo 5 nos recuerda que el Reino de Dios ya está presente entre nosotros y que su justicia se manifiesta en vidas transformadas. Al vivir conforme a las enseñanzas de Jesús, descubrimos que la verdadera bienaventuranza no proviene de las circunstancias, sino de caminar diariamente bajo el cuidado de un Padre que se deleita en hacernos bien.
🙏 Oración después de la lectura y meditación de la Biblia
Gracias, Señor, por permitirme aprender de Tu Palabra en este día.
Gracias por las enseñanzas que edifican mi vida, corrigen mi corazón
y me acercan más a Ti.
Te pido, Padre amado, que perdones cada palabra y pensamiento hiriente que haya tenido,
así como cualquier daño que haya causado a mis hermanos.
Renueva mi corazón, límpialo de todo orgullo, dureza o resentimiento,
y ayúdame a sanar esas relaciones, a perdonar de corazón
y a buscar la reconciliación, tal como Tú nos enseñas.
Gracias, Señor, por las bendiciones inmerecidas que me das cada día.
En este momento pongo delante de Ti la petición de mi corazón;
Tú la conoces, así como conocías el deseo de Abram,
y confío en que responderás según Tu perfecta y amorosa voluntad.
Gracias porque Tú eres mi escudo y mi galardón,
porque no me dejas solo en el camino
y porque siempre cuidas de mí con fidelidad.
En Ti descanso y en Ti confío.
Todo esto te lo pedimos en el nombre de Tu amado Hijo, Jesucristo.
Amén.

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