4 de Enero, Responder al llamado de Dios con fe y obediencia





📖 Devocional del 4 de Enero

📜 Lectura de la Palabra de Dios

📅 Plan para leer la Biblia en 1 año – Lecturas completas del mes de enero


🌅 Preámbulo

Al acercarnos hoy a la Palabra, somos confrontados con una verdad que sobrepasa nuestra lógica humana: Dios se deleita en cumplir Su voluntad, aun cuando el camino hacia ese cumplimiento pase por el sufrimiento de Su propio Hijo. No se trata de un deleite cruel, sino de un gozo santo y profundo en la obra redentora que rescata, restaura y da vida.

La cruz no fue un accidente ni una tragedia improvisada; fue el escenario donde se manifestó el amor eterno del Padre, el valor infinito de Su gloria y la obediencia perfecta del Hijo. En ese sacrificio nacimos como parte del linaje de la cruz: pecadores justificados, hijos adoptados, un pueblo que ahora vive para la alabanza de Su gracia.

Este mismo Dios que permitió la cruz es el Dios que se deleita en hacer bien a los que esperan en Él, que canta sobre Su pueblo y que se regocija en mostrar misericordia. 


🙏 Oración antes de la lectura de la Biblia

Padre eterno y bendito,
gracias por este nuevo día
y por este momento que me permites
estar en comunión contigo.

Abre mi mente y mi corazón
para escuchar tu voz
y sentir tu presencia en mi vida.
Que tu Espíritu Santo me guíe
a toda verdad y transforme mi corazón.

En el nombre de Jesucristo,
mi Señor y Salvador. Amén.

📜 Enseñanza del Antiguo Testamento
Génesis 10, 11 y 12

En Génesis 10 y 11 observamos el desarrollo de la humanidad después del diluvio. Se presentan las genealogías de los pueblos y el surgimiento de las primeras estructuras humanas de poder. En medio de este panorama aparece Nimrod, de quien se dice:

“Este fue vigoroso cazador delante de Jehová; por lo cual se dice:
Así como Nimrod, vigoroso cazador delante de Jehová.”
(Génesis 10:9)

Esta frase llama la atención, pero no significa necesariamente que Nimrod caminara con Dios. En el hebreo bíblico, la expresión “delante de Jehová” puede tener más de un sentido, y es el contexto el que nos ayuda a interpretarla correctamente.

Por un lado, puede significar “a la vista de Dios”, es decir, que nada de lo que hacía Nimrod pasaba desapercibido para Él. Pero, por otro lado, también puede expresar la idea de “en desafío ante Dios”. Al observar el contexto inmediato, esta segunda opción cobra mayor fuerza.

Nimrod está ligado al inicio de los reinos humanos, a la centralización del poder, al establecimiento de ciudades y, de manera significativa, a Babel. Todo esto refleja una exaltación del hombre, de su fuerza y de su capacidad para gobernarse sin depender de Dios. La Biblia nunca dice que Nimrod fuera justo, obediente o que alabara al Señor; lo describe como poderoso, vigoroso e influyente, pero no como piadoso. Su grandeza fue humana, visible y política, y potencialmente opuesta al propósito divino.

Este escenario culmina en Génesis 11 con la torre de Babel, donde la humanidad, unida por el orgullo, intenta alcanzar el cielo por sus propios medios y hacerse un nombre. El resultado es la confusión de las lenguas y la dispersión de los pueblos. El ser humano busca grandeza sin Dios, y Dios interviene para frenar esa soberbia.

Sin embargo, inmediatamente después de este relato de rebelión, Génesis 12 marca un giro decisivo en la historia: Dios llama a Abram. Mientras el mundo busca exaltarse a sí mismo, Dios elige a un hombre dispuesto a confiar y obedecer. Abram no recibe un plan detallado, sino una promesa y un llamado.

“Y bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré;
y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.”
(Génesis 12:3)

Esta promesa se da, en primer lugar, de manera específica y personal a Abraham. Es un pacto histórico con él. Pero no termina en él. Abraham no es el fin del plan de Dios, sino el canal. A través de su descendencia, la bendición alcanzaría a todas las naciones.

El llamado de Abram también nos muestra que la obediencia, aunque real, puede ser imperfecta. El texto dice:

“Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él.”
(Génesis 12:4)

Dios le había dicho a Abram que saliera de su tierra y de su parentela. Lot era parte de esa parentela. La Biblia no presenta este acto como un pecado explícito, pero sí muestra sus consecuencias: conflictos entre pastores, una separación dolorosa, la elección de Lot de vivir cerca de Sodoma y, más adelante, la necesidad de que Abram lo rescate.

No fue una rebelión abierta, pero sí una obediencia parcial. Y la obediencia parcial suele traer complicaciones, aun cuando Dios sigue siendo fiel. Lejos de abandonar a Abram, Dios utiliza esta situación para afinar su fe y enseñarle a depender únicamente de Él.

En estos capítulos vemos un contraste claro:
Mientras Nimrod buscó grandeza delante de los hombres, Abram aprendió a caminar delante de Dios.
Uno edificó ciudades para su propio nombre; el otro levantó altares para el nombre del Señor.
Dios no busca vigor humano ni poder visible, sino corazones que confíen en Su promesa.

Por eso Abram sobresale en medio de genealogías, rebelión y orgullo. Es el único que clama a Dios, lo busca activamente y lo adora. Construye altares e invoca el nombre de Jehová (Génesis 12:7–8). Esta actitud revela por qué Dios lo eligió para iniciar Su plan redentor y formar un pueblo dedicado a Él.

📖 Enseñanza del Nuevo Testamento

Mateo 4

Mateo 4 nos presenta a Jesús al inicio de Su ministerio público, siendo llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Este pasaje no es un episodio aislado, sino una escena profundamente conectada con toda la historia bíblica: Jesús aparece como el Hijo obediente que triunfa donde la humanidad ha fallado una y otra vez.

Así como Israel pasó por el desierto y fue probado, y como Adán fue tentado en el huerto, Jesús enfrenta la tentación en un lugar de soledad, debilidad física y dependencia total de Dios. Después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, el tentador se acerca para cuestionar Su identidad y Su confianza en el Padre.

Las tentaciones no son al azar. Cada una apunta al mismo corazón del problema humano: vivir independientemente de Dios.

La primera tentación invita a Jesús a usar Su poder para satisfacer una necesidad legítima —el hambre—, pero fuera de la voluntad del Padre. Jesús responde con firmeza:

“No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

Con esto, Jesús declara que la verdadera vida no depende de la autosuficiencia, sino de una confianza absoluta en la Palabra de Dios.

La segunda tentación lo lleva al pináculo del templo, invitándolo a poner a prueba a Dios y a buscar una demostración espectacular de Su cuidado. Jesús rechaza esta propuesta recordando que la fe verdadera no exige pruebas ni manipula a Dios para validar Su presencia.

La tercera tentación ofrece poder, reinos y gloria inmediata, sin pasar por el camino de la cruz. Es una oferta de grandeza sin obediencia, de autoridad sin sufrimiento. Jesús responde con claridad:

“Al Señor tu Dios adorarás, y a Él solo servirás.”

Aquí queda revelado el corazón del Hijo: Jesús no busca atajos, no persigue la gloria humana ni acepta un reino separado de la voluntad del Padre. Su obediencia es completa, incluso cuando el camino conduce al sacrificio.

Este pasaje dialoga profundamente con Génesis 10–12. Mientras Nimrod representó la búsqueda de poder, dominio y exaltación humana, y mientras Babel simbolizó la ambición colectiva sin Dios, Jesús rechaza toda forma de grandeza que no provenga del Padre. Él no edifica ciudades ni busca fama; se somete, confía y adora.

Asimismo, Jesús refleja la fe de Abraham llevada a su plenitud. Abraham obedeció al llamado de Dios sin conocer todos los detalles; Jesús obedece al Padre con pleno conocimiento del sufrimiento que vendrá. Ambos caminan por fe, pero Jesús lo hace de manera perfecta.

Después de la victoria en el desierto, Jesús inicia Su ministerio proclamando el arrepentimiento y anunciando el Reino de los cielos. No comienza con demostraciones de poder político ni con conquistas visibles, sino con un llamado a volver el corazón a Dios.

Mateo 4 nos enseña que el Reino de Dios no se edifica por la fuerza, ni por la fama, ni por la autosuficiencia, sino por la obediencia, la dependencia de la Palabra y la adoración exclusiva al Señor. Jesús vence la tentación no por imponer Su poder, sino por permanecer fiel.

Así, el Hijo de Dios nos muestra el verdadero camino: no buscar grandeza delante de los hombres, sino caminar delante de Dios, confiando plenamente en Su voluntad.

🙏 Oración final del devocional

Gracias, mi Dios y Padre,
por Tu bendita Palabra
y por hacerme parte de Tu propósito divino.

Ayúdame a responder a Tu llamado
con fe, obediencia y humildad,
sirviéndote con amor en mi iglesia
y siendo un instrumento
para atraer a más personas a Tus pies.

Que mi vida glorifique Tu nombre
y refleje Tu gracia cada día.

En el nombre de Tu amado Hijo Jesucristo,
Amén y Amén.


🎶 Cierre del devocional – Tu propósito en mí

Este devocional se une a la canción “Tu propósito en mí”, porque refleja el anhelo de no vivir para nuestra propia grandeza, sino rendirnos al plan eterno de Dios.
Así como Abraham obedeció sin conocer todos los detalles y Jesús permaneció fiel al Padre en el desierto, esta canción es una oración que nos recuerda que nuestra vida solo tiene sentido cuando caminamos en Su voluntad.

Señor, no quiero construir mi propio nombre; quiero vivir para cumplir Tu propósito en mí..






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