Devocional – 11 de enero
Lectura de la Biblia
Antiguo Testamento: Génesis 27–28
Nuevo Testamento: Mateo 11
📅 Plan para leer la Biblia en un año – Lecturas completas del mes de enero
Preámbulo
Vivimos en un mundo que busca comodidad, soluciones rápidas y oraciones que se adapten a nuestras agendas. Sin embargo, la Escritura nos recuerda que la oración no fue diseñada para hacernos la vida más fácil, sino para alinearnos con los propósitos eternos de Dios. Orar no es escapar del conflicto, sino entrar conscientemente en la batalla espiritual que se libra cada día por los corazones, las familias y las naciones.
A lo largo de la historia, Dios ha levantado hombres y mujeres que entendieron que su llamado no era a la pasividad, sino a una fe activa, perseverante y comprometida. Ellos creyeron que la Palabra de Dios triunfaría en todas las naciones, y que la oración era el medio elegido por Dios para que ese triunfo se manifestara. No oraban para su comodidad, sino para la gloria de Cristo.
En este día, el Señor nos invita a revisar nuestra manera de orar. ¿Hemos reducido la oración a una lista de peticiones personales, o la hemos abrazado como el privilegio de participar en los planes redentores de Dios para el mundo? Este devocional nos llama a despertar, a volver a una oración ferviente, humilde y perseverante, que nace del deleite en Dios y del anhelo de que Su nombre sea glorificado en toda la tierra.
Hoy comenzamos este tiempo de reflexión con el corazón dispuesto, reconociendo que la oración no cambia a Dios, pero sí nos transforma a nosotros y nos coloca en el centro de Su obra.
Oración antes de la lectura bíblica
Señor amado,
antes de abrir Tu Palabra, nos presentamos delante de Ti con un corazón humilde y dispuesto. Reconocemos que Tú eres soberano, que ves más allá de lo que nuestros ojos alcanzan y que conoces perfectamente cada vida que hoy llevamos en oración delante de Ti.
Hoy, de manera especial, te entregamos a nuestros hijos sin miedo. Te los entregamos tal como son hoy, con sus decisiones, sus procesos y los caminos que están recorriendo. Renunciamos a la ansiedad, a la culpa y a la necesidad de controlar aquello que ya no está en nuestras manos. Enséñanos a confiar en Ti más que en nuestra preocupación.
Señor, esta oración nace de un corazón que comprende que ya no dirige, sino que descansa; que ya no insiste, sino que confía; que ya no retiene, sino que suelta en Tus manos fieles. Tú amas a nuestros hijos más de lo que nosotros jamás podríamos amarlos, y creemos que Tú sigues obrando aun cuando no vemos resultados inmediatos.
Ahora, al disponernos a leer Tu Palabra, abre nuestro entendimiento, aquieta nuestra alma y fortalece nuestra fe. Que cada versículo sea luz, dirección y consuelo, y que Tu Espíritu Santo nos guíe a toda verdad.
En el nombre de Jesús.
Amén.
**Enseñanza – Antiguo Testamento
Génesis 27–28**
Los capítulos 27 y 28 de Génesis nos muestran una de las historias familiares más complejas y humanas de la Escritura. En ella encontramos engaño, favoritismos, decisiones apresuradas, miedo al futuro y consecuencias dolorosas. Sin embargo, también vemos con claridad una verdad que atraviesa toda la Biblia: Dios cumple Sus propósitos aun en medio de la fragilidad humana.
En Génesis 27, Jacob obtiene la bendición que pertenecía a Esaú mediante engaño, impulsado por Rebeca. Esta escena no presenta un modelo a imitar, sino una advertencia: cuando intentamos asegurar el futuro con nuestras propias fuerzas, terminamos generando heridas, rupturas y huida. Rebeca, aunque conocía la promesa de Dios sobre Jacob, dejó que el temor la llevara a controlar el resultado en lugar de confiar plenamente en el tiempo y la manera de Dios.
Este pasaje resuena profundamente en el corazón de muchos padres. El deseo de proteger, asegurar y dirigir el destino de los hijos puede llevarnos, sin darnos cuenta, a actuar desde la ansiedad y no desde la fe. Dios había prometido que el mayor serviría al menor, pero la prisa humana distorsionó el proceso.
En Génesis 28, el escenario cambia. Jacob huye, solo, vulnerable y cargando las consecuencias de sus decisiones. Es en ese momento de incertidumbre y desarraigo cuando Dios se le revela. En el sueño de la escalera que une el cielo y la tierra, el Señor reafirma Su pacto y le promete Su presencia: “Yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que vayas”. Jacob no llega a ese encuentro como un hombre digno, sino como uno quebrantado; y aun así, Dios se acerca.
Este encuentro nos enseña que la gracia de Dios no depende de la perfección humana. Dios no abandona a Jacob por su error, sino que lo acompaña en el proceso de transformación. El Dios que se revela en Betel es un Dios que guarda, guía y restaura, incluso cuando nuestras decisiones nos han llevado lejos de casa.
Para nosotros, estos capítulos son una invitación a soltar el control y confiar. Así como Rebeca tuvo que aprender que las promesas de Dios no necesitan manipulación, nosotros somos llamados a entregar a nuestros hijos, nuestras decisiones y nuestro futuro en manos del Señor. Él sigue siendo fiel, aun cuando fallamos, y Su presencia nos alcanza incluso en los caminos que recorremos con temor.
**Enseñanza – Nuevo Testamento
Mateo 11**
El capítulo 11 del evangelio de Mateo nos presenta a Jesús revelando el corazón del Padre en medio de un pueblo cansado, confundido y cargado de expectativas rotas. No es un discurso de condena, sino una invitación a descansar en la gracia de Dios.
Mateo 11 comienza con Juan el Bautista en prisión, atravesando dudas profundas. Aquel que anunció con valentía la venida del Mesías ahora pregunta: “¿Eres tú el que había de venir, o esperamos a otro?”. Jesús no reprende a Juan por su duda; en cambio, responde mostrando Sus obras: los ciegos ven, los cojos andan, los pobres reciben buenas nuevas. Esto nos recuerda que la fe verdadera también puede atravesar momentos de incertidumbre, y que Dios no abandona a quienes luchan con preguntas sinceras.
A lo largo del capítulo, Jesús confronta a las ciudades que presenciaron Sus milagros pero no se arrepintieron. No porque Él disfrute señalar el pecado, sino porque el rechazo a la gracia endurece el corazón. Sin embargo, esta advertencia no es el cierre del capítulo, sino el camino que conduce a una de las invitaciones más amorosas de toda la Escritura.
Jesús declara que el Padre revela Sus verdades no a los sabios según el mundo, sino a los sencillos. Esto nos enseña que el Reino de Dios no se recibe desde el control, el mérito o el esfuerzo humano, sino desde la humildad y la dependencia. Quien cree que puede cargarlo todo por sí mismo no puede descansar en Cristo.
El clímax de Mateo 11 llega cuando Jesús pronuncia estas palabras: “Vengan a mí todos los que están cansados y cargados, y yo los haré descansar”. No es una invitación a huir de la responsabilidad, sino a cambiar de yugo. El yugo del legalismo, del miedo, de la autoexigencia y del control es reemplazado por el yugo de Cristo, que es suave porque Él camina con nosotros.
Este pasaje conecta profundamente con la enseñanza de Génesis 27–28. Jacob huyó cargando culpa, temor e incertidumbre; Jesús, siglos después, invita a los que huyen por dentro a descansar en Él. La transformación no ocurre cuando controlamos el camino, sino cuando aprendemos a caminar junto al Señor.
Mateo 11 nos recuerda que la verdadera confianza en Dios se manifiesta cuando soltamos las cargas que nunca fuimos llamados a llevar solos. Jesús no nos promete un camino sin dificultad, pero sí una presencia constante y un descanso real para el alma.
Oración final
Señor amado,
al concluir este tiempo contigo, venimos a Ti reconociendo que muchas veces hemos intentado cargar lo que no nos corresponde. Hemos querido controlar caminos, asegurar resultados y proteger con nuestras propias fuerzas aquello que solo Tú puedes guardar.
Hoy decidimos soltar.
Te entregamos nuestras preocupaciones, nuestras decisiones pasadas y aquello que aún no entendemos. Te entregamos a nuestros hijos, nuestras familias y nuestro futuro, confiando en que Tú obras aun cuando nuestros pasos han sido torpes o apresurados.
Gracias porque, como a Jacob, nos encuentras en el camino, aun cuando huimos con miedo o cansancio. Gracias porque en Jesús nos llamas a descansar, no porque todo esté resuelto, sino porque Tú caminas con nosotros y llevas el peso que nos sobrepasa.
Enséñanos a vivir bajo Tu yugo, que es suave, y a aprender de Ti, que eres manso y humilde de corazón. Que nuestra fe no se base en el control, sino en la confianza; no en el temor, sino en Tu presencia fiel.
Que al cerrar este devocional no solo guardemos palabras, sino un corazón rendido y descansado en Ti. Caminamos hacia este día sabiendo que Tú estás con nosotros y que Tu gracia nos sostiene.
En el nombre de Jesús.
Amén.

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