31 de enero | Caminar con Cristo cada día

Devocional del 31 de enero

📖 Lectura de la Biblia


📖 Preámbulo

Al finalizar el mes de enero, recordemos que la vida espiritual no se arruina por las grandes pruebas, sino por los pensamientos inútiles que permitimos permanecer en nuestra mente. Los dolores comienzan allí: en pensamientos impertinentes que nos distraen de la presencia de Dios, inquietan el corazón y nos roban la paz. Por eso, tan pronto como los reconozcamos, no dialoguemos con ellos ni los justifiquemos; rechacémoslos con decisión y regresemos inmediatamente a la comunión con Dios.

Cuando detectamos pensamientos que no edifican —culpa excesiva, temor, orgullo, distracción o autocompasión— somos llamados a volver el corazón al Señor con sencillez, sin enredarnos en ellos. De la misma manera, confesemos nuestras faltas a Dios sin excusas ni justificaciones. No nos defendamos, no nos expliquemos, no endurezcamos el corazón. Presentémonos delante de Dios tal como estamos. Esa honestidad produce paz. Al confesar, no quedamos detenidos en la culpa, sino que retomamos con serenidad nuestra práctica habitual de amor y adoración.

Dios no busca corazones que nunca fallen, sino corazones que saben volver. Volver sin excusas. Volver sin cargas innecesarias. Volver con humildad y confianza. Así, incluso nuestras debilidades se convierten en oportunidades para profundizar nuestra comunión con Él.


🙏 Oración

Señor, vengo delante de Ti con un corazón sincero. Reconozco que muchas veces he permitido que pensamientos inútiles ocupen mi mente y me aparten de Tu presencia. Confieso mis faltas sin excusas ni justificaciones, confiando en que Tú eres fiel y misericordioso.

Límpiame, Señor, y renueva mi interior. Enséñame a volver a Ti con humildad y confianza cada vez que me desvío, a rechazar aquello que no edifica y a descansar nuevamente en Tu comunión. No quiero quedarme detenido en la culpa, sino caminar en Tu perdón y en Tu paz.

Recíbeme tal como soy y guíame por Tu Espíritu, para que al leer Tu Palabra lo haga con un corazón dispuesto, atento y rendido a Tu amor.
En el nombre de Jesucristo, amén.



📖 Enseñanza – Antiguo Testamento

Éxodo 27–28 | Dios habita en medio de un pueblo que se acerca con reverencia

En Éxodo 27 y 28, Dios da instrucciones detalladas sobre el tabernáculo y sobre las vestiduras del sumo sacerdote. Nada es casual. Cada elemento —el altar, el atrio, el aceite para la lámpara, el efod, el pectoral, la túnica, la lámina de oro en la frente— nos habla de un Dios santo que desea habitar en medio de Su pueblo, pero que también establece un camino claro para acercarse a Él.

El tabernáculo no era solo una estructura física; representaba la presencia de Dios en medio del campamento. Sin embargo, esa presencia no se abordaba de cualquier manera. Había orden, preparación, limpieza, luz constante y mediación. El altar recordaba la necesidad de expiación; la lámpara debía mantenerse encendida continuamente; y el sacerdote debía vestir ropas santas, no por apariencia exterior, sino porque estaba sirviendo delante del Dios Santo.

Las vestiduras del sumo sacerdote eran una señal visible de una realidad espiritual: quien se acerca a Dios lo hace representando al pueblo, llevando sus nombres en el corazón y caminando con reverencia. La lámina de oro en la frente que decía “Santidad a Jehová” nos recuerda que la santidad no comienza en las acciones externas, sino en la consagración del corazón y de la mente.

Este pasaje nos enseña que Dios siempre ha deseado comunión con Su pueblo, pero también nos muestra que esa comunión implica un llamado a la santidad. No una santidad basada en reglas humanas, sino en un corazón dispuesto a alinearse con Su presencia.

Hoy, ya no nos acercamos a Dios a través de un tabernáculo terrenal ni de vestiduras sacerdotales. Pero el principio permanece: Dios sigue buscando corazones que se acerquen con reverencia, humildad y disposición para ser transformados. La santidad ya no se lleva puesta; se vive desde adentro.

Así como el sacerdote debía presentarse sin excusas y conforme a lo que Dios había establecido, nosotros somos invitados a presentarnos delante de Él con sinceridad, confesando nuestras faltas y permitiendo que Su presencia ilumine lo que debe ser purificado. La comunión con Dios sigue siendo un regalo, pero también una invitación a caminar en obediencia y amor.


📖 Enseñanza – Nuevo Testamento

Mateo 28 | Volver a Cristo y caminar en Su presencia

Mateo 28 nos presenta uno de los capítulos más decisivos del Evangelio. Comienza con la resurrección de Jesús y culmina con la Gran Comisión. No es solo un relato de victoria sobre la muerte, sino una invitación a una nueva manera de vivir en comunión con Dios.

Las mujeres que van al sepulcro llegan con temor y confusión, pero se encuentran con una verdad que transforma todo: “No está aquí, pues ha resucitado”. El primer mensaje del Cristo resucitado no es de reproche, sino de consuelo y dirección. La resurrección inaugura una relación restaurada entre Dios y el ser humano. Ya no hay tumba que encierre la esperanza ni pecado que tenga la última palabra para quien vuelve a Él.

Más adelante, Jesús se aparece a sus discípulos, quienes aún dudan. Esto es importante: el Señor no espera una fe perfecta para manifestarse. Se presenta aun cuando hay temor, fragilidad y preguntas sin resolver. Y desde ese lugar, declara una verdad central: “Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra”. La comunión con Dios ahora se basa en la obra completa de Cristo, no en nuestros méritos.

La Gran Comisión no comienza con una exigencia, sino con una promesa: “Yo estoy con vosotros todos los días”. Antes de enviar, Jesús asegura Su presencia. Esto conecta profundamente con lo que hemos meditado: Dios no busca solo obediencia externa, sino corazones que caminen conscientes de que Él está cerca.

Mateo 28 nos enseña que la vida cristiana nace del encuentro con el Cristo resucitado. Primero somos restaurados, luego transformados, y finalmente enviados. La obediencia no surge del miedo ni de la culpa, sino de una relación viva con Jesús. Cuando aceptamos Su señorío, Su presencia comienza a moldear nuestra manera de vivir, pensar y decidir.

Así como en Éxodo Dios habitaba en medio de Su pueblo a través del tabernáculo, en Mateo 28 vemos que ahora Dios habita con nosotros en Cristo. Ya no se trata de un lugar sagrado, sino de una vida acompañada por Su presencia constante. Volver a Él, confiar en Su gracia y caminar con Él cada día es el centro del mensaje del Evangelio.


 🙏 Oración final

Señor, gracias por Tu paciencia y por Tu gracia que nos alcanza una y otra vez. Gracias porque, aun cuando fallamos o nos distraemos, Tu presencia permanece y Tu llamado sigue siendo el mismo: volver a Ti.

Hoy entregamos delante de Ti nuestros pensamientos, nuestras cargas y todo aquello que nos ha robado la paz. Queremos vivir conscientes de Tu presencia, caminar en humildad y permitir que Tu Espíritu transforme nuestro interior. Ayúdanos a no escondernos, a no justificarnos, sino a volver con un corazón sincero y confiado.

Gracias por Jesucristo, quien con Su resurrección abrió el camino para una comunión viva contigo. Enséñanos a caminar cada día recordando que Tú estás con nosotros, guiándonos, limpiándonos y enviándonos a vivir conforme a Tu amor.

Que al cerrar este mes, lo hagamos con un corazón renovado, dispuesto a obedecer, a amar y a reflejar Tu luz en lo cotidiano.
En el nombre de Jesucristo, amén.

🌿 Cierre del mes de enero

Al cerrar este mes, recordamos que caminar con Dios no es un esfuerzo por alcanzar perfección, sino una decisión diaria de volver a Su presencia. Que lo aprendido en enero nos acompañe en los días que vienen, guiándonos a vivir con un corazón atento, humilde y confiado, sabiendo que Él está con nosotros todos los días.


🎶 Momento de adoración

Acompañamos este devocional con una canción que nace como una oración sencilla: caminar con Cristo cada día, volver a Él con humildad y confiar en Su presencia constante. Que al escucharla, tu corazón descanse y sea animado a seguir caminando con Jesús en lo cotidiano.



Comentarios