6 de febrero — La fe sencilla que nos acerca a Dios

 




📖 Devocional del 6 de febrero

Lectura de la Biblia


📖 Preámbulo

La vida espiritual no se vive únicamente en el silencio o en la oración, sino también en lo cotidiano. Dios nos llama a permanecer unidos a Él en medio del trabajo, las responsabilidades y las distracciones del día a día, con un corazón sencillo y confiado. No se trata de un esfuerzo constante por pensar en Dios, sino de volver a Él con humildad cada vez que notamos que nos hemos distraído, sabiendo que la confianza puesta en Él honra Su nombre y abre la puerta a Su gracia.

Cuando somos fieles en nuestros deberes y nos negamos a nosotros mismos por amor a Dios, Él nos concede placeres inefables: una paz profunda y una alegría que no dependen de las circunstancias. El Señor no busca perfección exterior, sino una entrega total nacida del amor, donde aun el cansancio y la dificultad se transforman en comunión con Él. El camino más seguro es una entrega completa en Sus manos, donde el amor a Dios se convierte en nuestra guía, nuestro descanso y nuestra verdadera plenitud.


🙏 Oración antes de la lectura

Señor Dios, vengo delante de Ti con un corazón humilde y necesitado de Tu gracia. Antes de abrir Tu Palabra, reconozco que muchas veces mis pensamientos se distraen y mis fuerzas se cansan, pero hoy decido volver a Ti con confianza, sabiendo que Tú nunca me rechazas cuando te busco con sinceridad.

En este momento pongo en Tus manos mis relaciones familiares. Tú conoces las heridas, los silencios, las palabras que han dolido y las distancias que se han formado. Te pido sanidad para lo que está roto, restauración para lo que se ha debilitado y amor para lo que ha faltado. Sana mi corazón primero, Señor, y dame un espíritu humilde, paciente y dispuesto a perdonar, así como Tú me perdonas cada día.

Dispón mi mente y mi corazón para recibir Tu Palabra. Permíteme leerte con un corazón rendido, confiado y abierto a Tu dirección. Que en Ti encuentre la paz, la fuerza y ese placer inefable que solo viene de caminar unido a Ti. En el nombre de Jesucristo, amén.


📜 Enseñanza – Antiguo Testamento Levítico 1–3

En Levítico 1–3, Dios instruye al pueblo de Israel sobre las ofrendas que debían presentar como parte de su relación de pacto con Él. Estas ofrendas —el holocausto, la ofrenda vegetal y la ofrenda de paz— eran expresiones voluntarias de adoración, gratitud y comunión, presentadas por un pueblo que había sido rescatado de Egipto y ahora aprendía a caminar en obediencia a Dios.

Cada sacrificio enseñaba que acercarse a Dios implicaba entrega y reverencia. No se trataba solo de cumplir un rito, sino de ofrecer lo mejor, reconociendo que todo provenía de Él. A través de estas ofrendas, el pueblo recordaba que su vida dependía completamente de Dios y que la comunión con Él nacía de un corazón dispuesto.

Hoy ya no presentamos sacrificios de animales, pero este llamado permanece: ofrecer nuestra vida como una entrega viva y sincera, hecha por amor. Dios sigue mirando el corazón, y la verdadera adoración se expresa cuando nos rendimos a Él en lo cotidiano.


📖 Enseñanza – Nuevo Testamento Marcos 5

En Marcos 5, Jesús se mueve entre territorios judíos y gentiles, mostrando que Su autoridad y compasión no tienen límites culturales, sociales ni religiosos. En este capítulo vemos tres historias profundamente humanas: un hombre atormentado y marginado, una mujer enferma y excluida por años, y una familia enfrentando la muerte de una hija. Todas ocurren en un contexto donde la enfermedad, la posesión espiritual y la muerte implicaban aislamiento, vergüenza y ruptura con la comunidad.

El endemoniado gadareno vivía apartado, considerado impuro y sin esperanza de restauración. La mujer con flujo de sangre llevaba doce años de sufrimiento, excluida de la vida religiosa y social por las leyes de pureza. Jairo, un líder de la sinagoga, enfrenta la impotencia humana ante la muerte. En cada caso, Jesús rompe barreras: se acerca al impuro, se detiene ante la mujer invisible y entra en la casa donde reina el duelo. Históricamente, estos actos desafiaban las normas sociales y religiosas de su tiempo.

Espiritualmente, Marcos 5 nos revela que la fe no siempre se presenta de forma perfecta, sino como un acto de confianza en medio del dolor. El hombre liberado no pidió nada, la mujer se acercó con temor, y Jairo tuvo que creer aun cuando todo parecía perdido. Jesús responde no a la posición social, sino a un corazón que se acerca a Él, aun con miedo, aun herido.

Este capítulo nos recuerda que Jesús no solo sana cuerpos, sino que restaura identidad, dignidad y relaciones. Él devuelve al hombre su lugar en la comunidad, llama “hija” a la mujer olvidada y trae vida donde ya se había declarado muerte. Su presencia transforma lo roto y nos enseña que ninguna herida —física, emocional o espiritual— está fuera de Su alcance.


🔎 Aplicación práctica

Hoy soy decido vivir una fe sencilla y constante, acercándome a Dios no solo en la oración, sino también en mis deberes diarios. Así como las ofrendas en Levítico expresaban una entrega completa, hoy presento mi vida delante de Dios, confiando en Él aun en medio de mis relaciones familiares, permitiendo que Su amor sane lo que yo no puedo reparar con mis propias fuerzas.

Esta entrega diaria, aun en lo pequeño y en medio de la dificultad, produce una comunión real con Dios y abre la puerta a placeres inefables: paz en el corazón, descanso en el alma y gozo profundo en Su presencia, aun cuando las circunstancias no cambian de inmediato.


🙏 Oración final

Gracias, Señor, porque Tu presencia no depende de mis circunstancias, sino de Tu fidelidad. Gracias porque Tú sanas lo que está herido, restauras lo que parece perdido y transformas mi vida cuando me entrego a Ti con un corazón sincero.

Hoy decido confiar plenamente en Ti, vivir unido(a) a Tu presencia y caminar en obediencia y amor. Que cada día pueda encontrarte en lo cotidiano y experimentar la paz y el gozo que solo vienen de Ti.
En el nombre de Jesucristo, amén.


🎶 Momento de alabanza

Esta canción acompaña la reflexión de hoy y nos invita a acercarnos a Dios con una fe sencilla, aun en medio del cansancio y el dolor.



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