📖 Devocional 15 de Marzo
La obediencia a Dios trae bendición y afirma nuestra identidad como Su pueblo.
🌿 Preámbulo
La misericordia de Dios nos recuerda que nunca estamos demasiado lejos para volver a Él. Aun cuando fallamos o nos desviamos, Su amor permanece firme y dispuesto a restaurar.
Hoy somos invitados a reconocer que Dios no se cansa de recibir a quienes regresan con un corazón humilde.
Antes de leer, tomemos un momento para examinar nuestro interior y permitir que la gracia de Dios nos alcance nuevamente. Este tiempo nos prepara para recordar que la obediencia nace del amor y que Dios se goza en reconciliar, sanar y renovar.
Abramos el corazón con confianza, sabiendo que Su perdón nos devuelve la esperanza y la paz.
🙏 Oración antes de la lectura
Padre bueno y bondadoso, hoy me presento delante de Ti,
cansada, con errores y fallas. Examina mi corazón y muéstrame lo que debo podar. No quiero aparentar obediencia, quiero vivirla desde el amor.
Perdóname, Señor, cuando me he desviado, cuando he hablado sin paciencia y cuando mi fe se ha debilitado. Renueva en mí un espíritu humilde y dispuesto a aprender.
Y así como necesito Tu gracia cada día, también te pido por mis hermanos y hermanas que hoy se sienten cansados o desanimados. Fortalécelos, mi Dios. Recuérdales que Tu misericordia es nueva cada mañana y que siempre hay un camino de regreso.
Enséñanos a todos a obedecerte por amor.
Que Tu Palabra nos encuentre sensibles, arrepentidos y llenos de esperanza.
En el nombre de Jesucristo, Amén. 🌿
📘 Enseñanza devocional – Deuteronomio 25–27
Estos capítulos forman parte de los últimos discursos de Moisés al pueblo de Israel antes de entrar a la tierra prometida. No son palabras dichas a la ligera. Son palabras de despedida. Son el corazón de un pastor que sabe que pronto ya no caminará con ellos.
En Deuteronomio 25, vemos leyes que parecen muy prácticas: justicia en los juicios, cuidado del débil, honestidad en las medidas y balanzas. Dios les recuerda que no deben tener “dos pesas”, una grande y otra pequeña. Esto no era solo un asunto comercial; era un asunto del corazón. Dios está diciendo: “No vivan con doble medida.”
La obediencia no es solo espiritual en apariencia; también se vive en lo cotidiano, en lo pequeño, en lo que nadie ve.
En Deuteronomio 26, el pueblo recibe instrucciones sobre presentar las primicias y recordar su historia: “Mi padre fue un arameo errante…”. Dios les pide que no olviden de dónde los sacó. La gratitud protege el corazón del orgullo. Cuando recordamos que todo lo que tenemos proviene de Su mano, aprendemos a vivir con humildad.
La ofrenda no era solo dar fruto de la tierra; era reconocer que sin Dios no tendrían tierra ni cosecha.
Y en Deuteronomio 27, Moisés ordena que al cruzar el Jordán levanten piedras y escriban la Ley en ellas. La Palabra debía ser visible, clara, permanente. Luego vienen bendiciones y advertencias. No como amenaza cruel, sino como recordatorio amoroso: las decisiones tienen consecuencias.
Estos capítulos nos muestran algo profundo: Dios no separa la vida espiritual de la vida diaria. La justicia, la honestidad, la gratitud y la obediencia forman parte del mismo caminar.
Hoy, al leer estas palabras, podemos sentir que Moisés también nos habla a nosotros. Nos invita a revisar nuestras “balanzas”, a recordar de dónde nos sacó Dios, a escribir Su Palabra en el corazón como esas piedras levantadas al cruzar el río.
No se trata de perfección, sino de dirección.
No se trata de cumplir por miedo, sino de obedecer por amor.
Dios no está buscando personas que aparenten santidad, sino corazones que quieran caminar con Él en lo pequeño y en lo grande.
Que al leer estos capítulos podamos detenernos, respirar y preguntarnos con suavidad:
¿Estoy viviendo con una sola medida?
¿Recuerdo lo que Dios ha hecho por mí?
¿Estoy dejando que Su Palabra quede escrita en mi interior?
Y mientras lo meditamos, recordemos que el mismo Dios que habló a Israel sigue siendo justo, paciente y misericordioso con nosotros hoy. 🌿
📕 Enseñanza devocional – Lucas 15
Lucas 15 nos sitúa en una escena muy significativa. Jesús está rodeado de publicanos y pecadores que se acercan para escucharlo. Pero, a cierta distancia, también están los fariseos y escribas murmurando: “Este recibe a los pecadores y come con ellos.”
Ese murmullo es el contexto de todo el capítulo.
Jesús responde no con discusión, sino con tres historias: la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo pródigo. Tres parábolas que revelan el corazón del Padre.
Primero, un pastor deja noventa y nueve ovejas para buscar una que se perdió. En la lógica humana parece imprudente. Pero en la lógica del amor, cada oveja importa. No es solo un número. Es alguien que pertenece.
Luego, una mujer busca con diligencia una moneda extraviada hasta encontrarla. Enciende la lámpara, barre la casa, no se rinde. Cuando la halla, llama a sus amigas para celebrar.
Y finalmente, el hijo que se va lejos. El que pide la herencia, el que desperdicia, el que toca fondo. Pero cuando decide volver, el padre no lo recibe con reproches, sino con abrazo. No con lista de errores, sino con fiesta.
Jesús está mostrando algo profundo: Dios no disfruta perder, disfruta restaurar. El cielo no celebra la caída, celebra el regreso.
Pero Lucas 15 no termina con el hijo menor. También está el hijo mayor, el que nunca se fue físicamente, pero cuyo corazón estaba distante. Él se indigna por la fiesta. Se siente justo, merecedor. Y ahí Jesús deja la historia abierta, porque los fariseos que escuchaban debían decidir si entrarían a la celebración o se quedarían afuera con su orgullo.
Este capítulo nos abraza porque nos recuerda que, de una forma u otra, todos hemos estado perdidos. A veces como el hijo menor, alejándonos. Otras veces como el mayor, cumpliendo pero endureciendo el corazón.
Y aun así, el Padre sigue saliendo al encuentro.
Hoy podemos leer Lucas 15 despacio. Sin prisas. Dejando que cada escena nos hable.
Si nos hemos sentido lejos, hay un abrazo esperándonos.
Si nos hemos sentido justos, hay un corazón que necesita suavizarse.
Dios no se cansa de buscar.
No se avergüenza de recibirnos.
No minimiza nuestra caída, pero tampoco la usa para humillarnos.
Este capítulo nos invita a descansar en una verdad sencilla y profunda: somos buscados, somos esperados, somos amados.
Y mientras meditamos, quizás podamos susurrar con humildad:
“Padre, aquí estoy. Si me he perdido, encuéntrame.
Si he endurecido mi corazón, abrázalo otra vez.”
Porque el mismo Dios que escribió la Ley en piedras en el desierto, ahora escribe misericordia en corazones dispuestos.
Y en ese abrazo, hay esperanza. 🌿
🙏 Oración final
Abba Padre, gracias porque hoy me permitiste escuchar Tu voz.
Hoy vengo delante de Ti con un corazón agradecido, porque no me rechazas cuando fallo ni cuando regreso.
Abba Padre, gracias por recibirme con paciencia. Gracias porque, aun cuando mi obediencia es imperfecta, Tu amor permanece perfecto. Gracias porque me corriges y me enseñas con amor.
Hoy también pongo delante de Ti a mis hermanos y hermanas. Tú conoces sus luchas, sus cansancios y sus silencios. Ten misericordia de ellos. Sosténlos con Tu gracia.
Enséñanos a vivir con un corazón sencillo, sin orgullo, sin compararnos, sin creernos mejores que nadie. Que caminemos contigo, paso a paso.
Gracias porque siempre hay un lugar en Tu casa para nosotros.
En el nombre de Jesucristo,
Amén. 🌿
🎵 Canción del día: “Abba Padre | Vuelvo a Casa”
Esta canción nace como una oración sencilla después de meditar en Lucas 15 y Deuteronomio 25–27. Es un recordatorio de que la obediencia nace del amor y que siempre podemos volver con humildad.
Si este devocional habló a tu corazón, te invito a escucharla y cantarla. Hazla tu oración. Permite que sus palabras te acompañen mientras vuelves a casa, a los brazos del Padre.
🤍 Hoy es un buen día para regresar.

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