📖 Devocional 10 de Marzo
Dios nos advierte porque desea guardar nuestro corazón y nuestra vida.
🌿 Preámbulo
La vida espiritual nos confronta constantemente con la pregunta de dónde está nuestro corazón. A veces podemos enfocarnos en lo externo y descuidar lo interior, olvidando que Dios mira lo profundo del ser.
Hoy somos llamados a revisar nuestras prioridades y a reconocer aquello que ocupa el primer lugar en nuestra vida.
Antes de acercarnos a la Palabra, es un buen momento para soltar temores, ambiciones desordenadas y preocupaciones innecesarias. Dios nos invita a confiar plenamente en Su cuidado y a vivir una fe sencilla, centrada en lo eterno.
Dispongamos el corazón para escuchar con honestidad y permitir que Dios nos muestre lo que necesita ser transformado.
🙏 Oración antes de la lectura
Padre amado, Dios eterno, hoy vengo delante de Ti como hija y como madre. Tú eres el Padre perfecto, y confío en Tu cuidado sobre mis hijos y sobre los hijos de cada familia que clama a Ti.
Guárdalos, protégelos y dirige sus corazones y sus decisiones. Líbralos del mal y rodéalos de Tu verdad. Enséñales a caminar conforme a Tu propósito y a buscarte con un corazón sincero.
A nosotros, como padres, danos sabiduría, discernimiento y paciencia para guiarlos según Tu voluntad. Forma en nuestros hogares un ambiente donde Tu presencia sea real y Tu Palabra sea luz.
Confiamos en que Tú sigues obrando en la vida de nuestros hijos, porque Tú eres un Padre fiel.
Te lo pedimos en el nombre de Tu Hijo amado, Jesucristo.
Amén. 🤍
📘 Enseñanza Devocional
Antiguo Testamento: Deuteronomio 13–14
En estos capítulos, Moisés está hablando al pueblo antes de entrar a la Tierra Prometida. No es una conversación ligera. Son las últimas instrucciones de un líder que ama profundamente a su pueblo y que sabe que el mayor peligro no será el enemigo externo… sino el corazón que se desvía.
Deuteronomio 13 es un capítulo fuerte. Habla sobre falsos profetas, señales engañosas y personas cercanas que podrían intentar apartar al pueblo de Dios. Lo impactante es que no se trata solo de idolatría pública, sino de influencias íntimas: un amigo, un familiar, alguien querido que diga: “Vamos tras otros dioses”.
Dios sabía que el problema no sería solo creer en Él… sino permanecer fieles cuando otras voces parecieran atractivas, razonables o incluso espirituales.
Aquí hay una verdad profunda:
Dios permite que existan pruebas para revelar lo que hay en nuestro corazón.
No porque quiera nuestra caída, sino porque desea nuestra lealtad genuina. La fidelidad no se demuestra cuando todo es fácil, sino cuando algo nos seduce a apartarnos.
Hoy no enfrentamos ídolos de piedra, pero sí enfrentamos ídolos modernos: éxito sin Dios, decisiones sin oración, relaciones que nos alejan de la fe, ideas que suavizan la verdad. Y la pregunta sigue siendo la misma que en el desierto:
¿Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma?
Luego, en Deuteronomio 14, el tono cambia ligeramente. Dios les recuerda:
“Ustedes son hijos del Señor su Dios.”
No son cualquier pueblo. Son hijos.
Y porque son hijos, su manera de vivir debía reflejarlo. Las instrucciones sobre alimentación y santidad no eran solo reglas externas; eran una forma de recordarles constantemente que pertenecían a Dios. Que su identidad debía marcar su conducta.
Eso nos abraza hoy de una forma muy personal.
Cuando sabemos quiénes somos en Dios, nuestras decisiones cambian.
No obedecemos por miedo… obedecemos por identidad.
No nos apartamos del mal solo por disciplina… sino porque pertenecemos a un Padre.
Hay algo muy tierno en este pasaje:
Dios no solo exige fidelidad; afirma identidad.
Antes de pedir obediencia, declara: “Son mis hijos.”
Y cuando entendemos eso, la fidelidad deja de ser una carga y se convierte en una respuesta de amor.
En estos capítulos vemos dos llamados claros:
• Cuidar el corazón de influencias que nos aparten.
• Vivir como hijos que saben a quién pertenecen.
En un mundo lleno de voces, tendencias y presiones, esta lectura nos invita a detenernos y preguntarnos:
¿Mi vida refleja que soy hija de Dios?
¿Mis decisiones están alineadas con el amor que digo tenerle?
Hoy, más que temor al juicio, el texto nos llama a un amor profundo y exclusivo.
Un amor que no negocia.
Un amor que permanece.
Y mientras seguimos leyendo, entendemos que la santidad no es rigidez… es pertenencia.
Somos hijos.
Y los hijos caminan cerca del Padre. 🤍
📕 Enseñanza Devocional
Nuevo Testamento: Lucas 12:1–21
El escenario en Lucas 12 es intenso. Una multitud tan grande rodea a Jesús que el texto dice que se “atropellaban unos a otros”. Hay ruido, expectativa y presión. Y en medio de esa multitud, Jesús comienza hablando a sus discípulos.
Lo primero que les dice no es sobre milagros ni sobre prosperidad. Les advierte:
“Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía.”
La levadura es pequeña, casi invisible, pero transforma toda la masa. Jesús está diciendo que la hipocresía también actúa así: empieza pequeña, pero contamina el corazón entero.
En un mundo donde la imagen pesa tanto, donde se puede aparentar espiritualidad sin vivirla, esta advertencia sigue siendo profundamente actual. No basta parecer fiel; Dios mira lo oculto. Y lo que está escondido, tarde o temprano, será revelado.
Luego Jesús habla del temor:
“No temáis a los que matan el cuerpo…”
Aquí cambia la perspectiva. El temor humano —al rechazo, a la pérdida, a la crítica— muchas veces dirige nuestras decisiones. Pero Jesús nos recuerda que hay algo más grande que la opinión de los hombres: vivir en reverencia delante de Dios.
Y en medio de esa enseñanza tan firme, hay una ternura preciosa:
“¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos? Con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de Dios.”
Ni uno está olvidado.
Jesús nos está diciendo que el mismo Dios que gobierna el universo conoce cada detalle de nuestra vida. Sabe cuántos cabellos hay en nuestra cabeza. No somos invisibles. No somos olvidados.
Y cuando ya el corazón empieza a aquietarse con esa verdad, aparece un hombre en la multitud pidiendo que Jesús intervenga en una herencia familiar. Algo muy humano. Muy cotidiano. Un conflicto económico.
Jesús responde con una advertencia que atraviesa los siglos:
“Mirad, guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.”
Entonces cuenta la parábola del rico insensato.
Un hombre que tuvo una gran cosecha.
Un hombre que planeó ampliar sus graneros.
Un hombre que hablaba consigo mismo diciendo: “Alma, muchos bienes tienes para muchos años; descansa, come, bebe, regocíjate.”
Pero Dios le dice: “Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma.”
La historia no condena el trabajo ni la planificación. Lo que revela es una confianza equivocada. El hombre planeó todo… menos su eternidad. Pensó en seguridad material, pero no en riqueza espiritual.
Aquí el texto nos abraza de una manera muy real.
Todos construimos graneros.
Metas. Ahorros. Proyectos. Planes.
Y no está mal. Pero el corazón puede deslizarse sutilmente hacia la autosuficiencia.
La pregunta no es si tenemos bienes.
La pregunta es: ¿Dónde descansa nuestra seguridad?
Jesús cierra diciendo que el verdadero peligro es “no ser rico para con Dios”.
Ser rico para con Dios no significa tener más actividades religiosas. Significa tener un corazón alineado, dependiente, consciente de que todo es gracia.
Este pasaje nos deja tres invitaciones profundas:
• Vivir con integridad, sin máscaras.
• No permitir que el temor humano gobierne nuestras decisiones.
• No depositar nuestra seguridad en lo temporal.
En medio de multitudes, ruido y presión, Jesús sigue hablando al corazón.
Nos recuerda que somos vistos.
Que somos conocidos.
Que la vida verdadera no se mide por lo que acumulamos, sino por lo que cultivamos delante de Dios.
Y mientras leemos despacio, el alma se aquieta.
Porque la riqueza que no se pierde no se guarda en graneros…
se guarda en el corazón que vive para Él. 🤍
🙏 Oración Final
Amado Padre celestial,
gracias por cada día que me regalas.
Gracias porque soy vista por Ti, porque me conoces profundamente y porque me llamas por mi nombre.
Gracias porque, aun en medio del ruido y de las multitudes, Tu mirada está sobre mí.
Llena mi corazón de Tu verdad.
Guárdame de la hipocresía, del temor y de la autosuficiencia.
Líbrame de poner mi confianza en lo que es pasajero.
Espíritu Santo, guía mis decisiones.
Alinea mis pensamientos contigo.
Enséñame a vivir como hija que sabe a quién pertenece.
Ayúdame a ser rica en Ti:
rica en fe, rica en obediencia, rica en amor.
Que camine cerca de Ti, mi Padre celestial.
Que mi corazón permanezca fiel.
Te lo pido en el nombre de Tu Hijo amado, Jesucristo.
Amén. 🤍
🎶 Alabanza del día
Esta canción acompaña el devocional de hoy como una expresión de gratitud y entrega: “Ricos para con Dios”.
No es solo para escucharla…
es para cantarla con el corazón.
Que cada palabra se convierta en una oración sincera delante del Padre, recordándonos que la verdadera riqueza no está en lo que acumulamos, sino en vivir en Su gracia, en Su presencia y en Su verdad.
Mientras la cantas, pídele a Dios que forme en ti un corazón rendido, que valore lo eterno por encima de lo pasajero.
Que esta alabanza sea un momento íntimo con Él. 🤍
Para la gloria y honra de nuestro Señor Jesucristo.

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