“Cristo, nuestra luz y nuestra victoria”



Devocional del 10 de Septiembre

📖 Lectura de la Biblia

🌅 Preámbulo
Como padres, muchas veces cargamos con culpas y preguntas sin respuesta: “¿Hice lo suficiente? ¿Me equivoqué en esto? ¿Pude haberlo hecho mejor?”. Sin embargo, la culpa no viene de Dios; Él nos llama a descansar en Su gracia y confiar en Su dirección. Cada hijo es diferente, y no hay padres perfectos, pero sí un Padre perfecto que nos cubre con perdón, sabiduría y amor inagotable. Antes de abrir la Biblia, entreguemos en Sus manos todo lo que nos pesa, para recibir la paz y la libertad que solo Él puede dar.

🙏 Oración antes de la lectura
Amado Padre Celestial, me acerco hoy a Ti reconociendo que necesito tu ayuda para soltar toda culpa que aún guardo en mi corazón como madre/padre. Tú conoces mis aciertos y mis errores, mis palabras y mis silencios, mis excesos y mis faltas. Te pido que me limpies con tu perdón y me llenes de tu gracia. Abre mi entendimiento al leer tu Palabra para que pueda recibir tu consuelo y tu dirección. Lléname con tu Espíritu Santo y enséñame a orar con libertad y confianza por mis hijos adultos, sabiendo que Tú eres quien obra en sus vidas. En el nombre de Jesús, amén.

📖 Enseñanza de Isaías 50, 51 y 52
En estos capítulos, el profeta Isaías nos recuerda que Dios no ha desechado a su pueblo, aun cuando ellos se sienten olvidados o rechazados. El Señor nos llama a escuchar Su voz, a no temer al hombre y a confiar en que Su justicia permanece para siempre, porque Su pacto y Su fidelidad nunca cambian.

Isaías 50 nos advierte que cuando tratamos de resolver la vida con “nuestra propia luz” —siguiendo nuestra sabiduría, nuestras fuerzas o caminos independientes de Dios—, al final solo hallamos dolor y confusión. En cambio, el Señor nos invita a caminar bajo Su luz verdadera: Cristo mismo, quien dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas” (Juan 8:12).

Isaías 51 nos anima a volver los ojos al Señor, quien consuela, fortalece y recuerda que Su salvación es eterna. Aunque el mundo pase, Su justicia permanece. El dolor y la disciplina no duran para siempre: cuando nos arrepentimos y volvemos a Él, Dios levanta nuestra cabeza, quita la vergüenza y hace justicia contra lo que nos oprime. La copa del juicio fue bebida por Cristo en la cruz, y gracias a ello recibimos perdón, libertad y esperanza.

Isaías 52 abre con un mensaje de renovación: “¡Despierta, despierta! Vístete de poder y de hermosura”. Es un llamado a levantarnos porque la redención ha llegado. El capítulo culmina con esa poderosa declaración: “¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del que trae buenas nuevas, del que anuncia la paz!”. Esta profecía señala a Cristo, quien trae libertad a los cautivos, consuelo a los que lloran y salvación a todo aquel que cree.

👉 La enseñanza es clara: aunque atravesemos vergüenza, dolor o pruebas, podemos estar seguros de que Dios es fiel para salvar, restaurar y renovar nuestras fuerzas.

📖 Enseñanza de 1 Corintios 15:1–28
Este pasaje es el corazón del evangelio: la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Pablo recalca que la resurrección de Jesús es la garantía de nuestra fe y la base de nuestra esperanza. Si Cristo resucitó, también nosotros resucitaremos, y la muerte no tiene la última palabra.

La resurrección de Cristo asegura que todo poder, autoridad y dominio serán puestos bajo Sus pies. Él reinará hasta que el último enemigo —la muerte— sea destruido. Entonces entregará el reino al Padre, en un acto de perfecta obediencia y unidad, para que Dios sea todo en todos.

👉 La enseñanza es clara: nuestra fe no está vacía. Vivimos en victoria porque Cristo vive, y en Él tenemos vida eterna y una esperanza firme. La historia no termina con la lucha, sino con la victoria final de Cristo y la gloria de Dios. Un día todo quedará bajo Su perfecta autoridad, y viviremos en plenitud en Su presencia, libres de dolor, pecado y muerte.

🙏 Oración final
Señor amado, gracias por recordarme hoy que no debo cargar con culpas del pasado, porque Tú eres quien perdona y restaura. Gracias también porque en Cristo tengo una esperanza viva: Su resurrección me asegura victoria sobre la muerte y confianza en cada batalla. Ayúdame a soltar lo que me pesa y a descansar en tu gracia. Te entrego la vida de mis hijos y mi propia vida, para que tu poder los transforme y tu Espíritu los guíe. Porque Tú eres el Dios que salva, restaura y reina sobre todo. En el nombre de Jesús, amén.

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