✨ Devocional del 8 de Septiembre
📖 Lectura de la Biblia
🌅 Preámbulo
La paternidad es un regalo de Dios que nunca se termina. Los hijos crecen, maduran y toman sus propias decisiones, pero el corazón de un padre o madre siempre permanece unido al de ellos. Aunque ya no podamos dirigir cada paso como cuando eran pequeños, sí podemos seguir intercediendo y confiando en que Dios los guiará en medio de sus luchas, decisiones y caminos. La promesa del Señor es que Él mismo enseñará a nuestros hijos y que la paz de ellos será multiplicada. Esa certeza nos llena de esperanza y nos recuerda que la oración tiene poder para obrar en sus vidas más allá de lo que nosotros podemos hacer.
🙏 Oración antes de la lectura
Padre amado, gracias por el regalo de mis hijos. Hoy vengo delante de Ti para ponerlos en tus manos, reconociendo que Tú eres quien los guía y los guarda en todo momento. Te pido que mientras me dispongo a leer Tu Palabra, prepares mi corazón para aprender a descansar en Ti y no en mis propias fuerzas. Ayúdame a confiar en que Tú eres fiel para enseñarles, dirigirlos y multiplicar la paz en sus vidas. Espíritu Santo, abre mi entendimiento y lléname de fe para creer en tus promesas.
En el nombre de Jesús, amén.
📖 Enseñanza de Isaías 45–47
En estos capítulos vemos cómo Dios se revela como el único Señor y Salvador. Él levanta a Ciro como instrumento para cumplir sus planes, recordándonos que incluso los reyes y poderosos del mundo están bajo su control.
El Señor declara: “Yo formo la luz y creo las tinieblas, hago la paz y creo la adversidad” (Isaías 45:7). Esto significa que Él gobierna sobre todo lo que pasa, incluso sobre las calamidades, y que nada escapa de su dominio. Lo que para nosotros parece caos o dolor, en las manos de Dios es parte de un plan mayor que conduce a su gloria y a nuestro bien eterno.
También nos advierte: “¡Ay del que pleitea con su Hacedor!… ¿Dirá el barro al que lo labra: Qué haces?” (Isaías 45:9). Somos barro en manos del Alfarero, y nuestra mayor sabiduría es rendirnos a su voluntad en lugar de contender con Él.
Más adelante, el Señor nos exhorta: “Acordaos de las cosas pasadas desde el siglo; porque yo soy Dios, y no hay más Dios, y nada hay a mí semejante” (Isaías 46:9). Este recordatorio nos invita a traer a memoria su fidelidad, a reconocer que Él es único e incomparable, y a vivir confiando en que su poder y soberanía no cambian con el tiempo.
En Isaías 47 vemos la caída de Babilonia: “Porque te confiaste en tu maldad, diciendo: Nadie me ve. Tu sabiduría y tu misma ciencia te engañaron, y dijiste en tu corazón: Yo, y no más” (Isaías 47:10). Esta advertencia muestra el peligro de confiar en la soberbia, en la ciencia humana y en la autosuficiencia, olvidando que Dios todo lo ve y juzga.
La enseñanza es clara: debemos no confiar en nuestras fuerzas, ni en el poder, ni en la ciencia, sino en el Señor que examina los corazones, derriba la altivez y exalta a quienes le buscan en humildad. Ningún poder humano, por más grande que parezca, puede resistir su justicia. Solo en el Señor hay salvación, paz verdadera y esperanza segura.
📖 Enseñanza de 1 Corintios 14:1–20
En este pasaje, Pablo enseña acerca de los dones espirituales, dejando en claro que el amor debe ser el motor que impulse todos ellos. Nos anima a procurar el don de profecía, porque edifica, exhorta y consuela a la iglesia. El hablar en lenguas, aunque es un don del Espíritu, sin interpretación no edifica a los demás, ya que se queda como una experiencia personal sin beneficio para el cuerpo de Cristo.
El apóstol nos recuerda que la vida cristiana no se trata solo de tener experiencias espirituales privadas con Dios, sino de edificar a los hermanos. La meta es que todo lo que hagamos —palabras, oraciones, dones— traiga crecimiento y glorifique al Señor.
Por eso exhorta: “Hermanos, no seáis niños en el entendimiento, sino sed niños en la malicia; pero maduros en el entendimiento” (1 Corintios 14:20). El llamado es a tener corazones limpios como los de un niño, pero a la vez una mente madura y firme en la fe, capaz de discernir y usar los dones con sabiduría.
La enseñanza es clara: los dones espirituales no son para exaltarnos a nosotros mismos, sino para servir en amor, edificar a la iglesia y glorificar a Cristo con entendimiento y madurez espiritual.
🙏 Oración final
Señor, gracias por tu Palabra que me recuerda que Tú eres el único Dios verdadero y que todo está bajo tu control. Ayúdame a confiar en ti y a desechar cualquier ídolo que quiera ocupar tu lugar en mi corazón. Te pido que me llenes de tu Espíritu Santo para vivir en amor y buscar siempre edificar a los demás con los dones que me has dado. Que mis palabras, oraciones y acciones traigan paz, esperanza y bendición a mi familia y a todos los que me rodean.
En el nombre de Jesús, amén.

Comentarios
Publicar un comentario