✨ Devocional del 14 de Septiembre
🌅 Preámbulo
Como padres de hijos adultos, reconocemos que ya no tenemos control sobre cada paso de su vida, pero sí podemos interceder para que el Espíritu Santo sea su guía y su verdad. Él es quien revela lo oculto, quien convence de pecado, justicia y juicio, y quien abre los ojos y corazones para seguir el camino de Dios. La Palabra de hoy es un recordatorio de que no estamos solos en esta tarea: el Espíritu Santo obra donde nosotros no podemos llegar. Antes de leer, pongamos nuestra confianza en que Dios derramará Su Espíritu sobre nuestros hijos, sobre nosotros y sobre toda nuestra familia.
🙏 Oración antes de la lectura
Amado Padre Celestial, gracias porque nos dejaste al Espíritu Santo, Espíritu de verdad, para guiarnos y para guiar también a nuestros hijos adultos. Hoy te pido que derrames de Tu Espíritu sobre sus vidas en cualquier circunstancia difícil que estén enfrentando. Sé el Señor en cada parte de sus vidas y en cada aspecto de su ser.
Habla a sus corazones y ayúdalos a escucharte. Abre sus oídos para que reciban Tu verdad y rechacen toda mentira. Cuando se aparten de Ti en alguna manera, extiende Tu mano y hazlos retroceder. No permitas que se salgan con lo que no Te agrada; convéncelos y tráelos de regreso a donde deben estar.
Sé que Tú puedes hacer mucho más en la vida de mis hijos adultos de lo que yo jamás podría hacer, y te invito a que lo hagas. Espíritu Santo de verdad, revela lo que necesitamos ver, tanto ellos como yo.
Lléname con Tu Espíritu y derrama en ellos Tu paz, esperanza, fe, verdad y poder. Que un espíritu de alabanza surja en sus corazones y que aprendan a adorarte en Espíritu y en verdad.
En el nombre de Jesús, amén.
📖 Enseñanza del Antiguo Testamento (Isaías 62, 63 y 64)
En estos capítulos, Isaías proclama la restauración y la esperanza para Jerusalén. Dios promete no guardar silencio hasta que su justicia resplandezca como luz. Nos recuerda que el Señor es nuestro Redentor y que, aunque el pueblo se apartó y fue rebelde, Su amor y compasión permanecen.
📖 “He aquí que Jehová hizo oír hasta lo último de la tierra: Decid a la hija de Sión: He aquí viene tu Salvador; he aquí su recompensa con él, y delante de él su obra” (Isaías 62:11).
Aquí Dios anuncia una buena noticia que debe ser proclamada hasta lo último de la tierra: el Salvador viene. Este pasaje apunta proféticamente a la venida de Jesucristo: Él es el Salvador que trae la recompensa de la vida eterna y la obra de la redención consumada.
📖 “Y llamarles han Pueblo Santo, Redimidos de Jehová; y a ti te llamarán Ciudad Buscada, no desamparada” (Isaías 62:12).
En Cristo Jesús, esta palabra también se aplica a nosotros:
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Ya no somos esclavos del pecado, sino redimidos por Su sangre.
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Ya no somos rechazados, sino hijos amados.
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Somos el pueblo santo de Dios, y nuestra vida ahora tiene propósito y destino eterno.
📖 “En toda angustia de ellos él fue angustiado, y el ángel de su faz los salvó; en su amor y en su clemencia los redimió, y los trajo, y los levantó todos los días del siglo” (Isaías 63:9).
Este versículo muestra la profunda compasión y fidelidad de Dios:
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Se duele cuando su pueblo sufre.
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Está presente para salvarlos.
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Los rescata no por lo que merecen, sino por amor.
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Los sostiene y levanta continuamente a lo largo de toda su vida.
Así como Dios estuvo con Israel en cada angustia, también está con nuestros hijos adultos en sus luchas. Aunque fallen o se aparten, Su amor y misericordia pueden redimirlos, levantarlos y sostenerlos día tras día. Como padres, podemos descansar en que Dios siente con ellos, los busca, los ama y los quiere restaurar.
📖 “Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos, todos nosotros” (Isaías 64:8).
Dios tampoco abandona a nuestros hijos. Aunque parezca que están “desfigurados” por malas decisiones o pruebas, Él sigue trabajando en ellos. Como padres, podemos orar confiando en que el Señor, como alfarero, terminará Su obra en la vida de nuestros hijos adultos y también en la nuestra.
Finalmente, Isaías clama: “¡Oh, si rompieses los cielos y descendieras!” (Isaías 64:1). Este es un ruego que reconoce la santidad de Dios y nuestra necesidad de Su intervención.
Aplicación: Así como Israel necesitaba que Dios interviniera, también nuestros hijos adultos necesitan que el Espíritu Santo descienda en sus vidas, los quebrante y los guíe. Nuestra tarea es interceder, confiando en que Dios aún hoy rompe los cielos para salvar, restaurar y transformar.
📖 Enseñanza del Nuevo Testamento (2 Corintios 2)
Pablo escribe a la iglesia sobre la importancia del perdón y la restauración. Exhorta a reafirmar el amor hacia aquel que había sido disciplinado, para que no sea consumido por demasiada tristeza. También advierte que no debemos ignorar las maquinaciones de Satanás y nos recuerda que somos el buen olor de Cristo en el mundo.
📖 “Y al que vosotros perdonareis, yo también; porque también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en persona de Cristo” (2 Corintios 2:10).
Pablo enseña que el perdón en la comunidad debe ser completo, unido y hecho en Cristo. Perdonar “en persona de Cristo” significa hacerlo con el mismo amor y gracia que Jesús nos mostró.
Aplicación: Así como la iglesia debía restaurar al caído, también nosotros como padres somos llamados a extender amor y gracia a nuestros hijos adultos. Aunque tomen decisiones equivocadas, nuestro rol no es condenar, sino orar, perdonar y mantenernos como reflejo del amor de Cristo, confiando en que Él puede levantarlos y guiarlos de nuevo al camino correcto.
🙏 Oración final
Padre amado, gracias porque Tu Palabra me recuerda que no estamos abandonados, sino que somos llamados Pueblo Santo y Redimidos por Ti. Tú eres nuestro Padre y nosotros barro en Tus manos; sigue moldeando nuestras vidas y la de nuestros hijos adultos conforme a Tu propósito eterno.
Señor, así como estuviste con Israel en sus angustias, te ruego que estés con mis hijos en medio de sus luchas. Si se apartan, tráelos de regreso; si caen, levántalos; si se sienten desamparados, que descubran que Tú eres su Salvador fiel.
Dame un corazón perdonador y lleno de gracia, para reflejar el amor de Cristo en mi hogar y con mis hijos. Que ellos puedan ver en mí no condena, sino restauración, y que Tu Espíritu Santo sea su guía cada día.
En el nombre de Jesús, amén.

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