📖 Devocional del 07 de Octubre
🌅 Preámbulo
A veces sentimos que la batalla por nuestros hijos adultos es interminable. Los vemos atrapados por las influencias del mundo, luchando contra sus propias decisiones o cayendo una y otra vez en los mismos errores, y nuestro corazón se llena de cansancio. Pero Dios nos recuerda que no debemos rendirnos ni dejar de orar.
Así como Jeremías lloró por la caída de Jerusalén en Lamentaciones, nosotros también derramamos lágrimas por lo que amamos y queremos restaurar. Sin embargo, la esperanza no se extingue, porque el mismo Dios que permitió el quebranto es quien promete sanar, liberar y levantar.
Efesios 5 nos exhorta a andar como hijos de luz, no participando en las obras infructuosas de las tinieblas. Y ese llamado también es para nuestros hijos: que aprendan a discernir lo que agrada al Señor. Mientras ellos atraviesan sus procesos, nuestra intercesión es la lámpara que sigue ardiendo en medio de la oscuridad.
El enemigo puede duplicar la intensidad de su ataque, pero nosotros podemos duplicar nuestro fervor en la oración. Porque el Dios que nos libró, nos libra, y aún nos librará, tiene poder para traerlos de vuelta de su cautiverio y hacer de sus vidas un testimonio de gracia y restauración.
🙏 Oración antes de la lectura
Amado Padre Celestial, venimos hoy delante de Ti con el corazón rendido, reconociendo que sin Tu poder no podemos ganar esta batalla. Te presentamos a nuestros hijos adultos y los ponemos en Tus manos. Aunque a veces parezca que se alejan más, creemos que Tú estás obrando en su vida.
Danos fortaleza para no desistir, fe para seguir clamando y esperanza para ver la victoria que ya ganaste en Cristo. Abre los ojos de su entendimiento, Señor, y alumbra sus corazones para que puedan andar como hijos de luz.
Hoy, mientras leemos Tu Palabra, háblanos con poder, renueva nuestra fe y enséñanos a orar con perseverancia hasta ver nacer la respuesta.
En el nombre de Jesús,
Amén.
📜 Enseñanza del Antiguo Testamento: Lamentaciones 1–2
En los primeros capítulos de Lamentaciones, el profeta Jeremías contempla con profundo dolor la destrucción de Jerusalén. La ciudad que antes rebosaba de vida, prosperidad y culto al Señor, ahora está vacía, desolada y llena de llanto. Jeremías no solo ve ruinas físicas, sino el reflejo del corazón de un pueblo que se alejó de Dios.
El profeta describe la tristeza de una nación que cosechó las consecuencias de su desobediencia. Dios había advertido una y otra vez que el pecado traería juicio, pero su pueblo no escuchó. Así, las lágrimas de Jeremías no son solo por la ciudad caída, sino por la distancia espiritual entre Dios y su pueblo amado.
Aun en medio de esa profunda aflicción, hay un mensaje de esperanza. Jeremías no se rinde al dolor; su llanto se convierte en oración. Él reconoce que Dios sigue siendo justo, misericordioso y digno de confianza, incluso cuando permite el sufrimiento para corregir y restaurar.
“Jehová es justo; yo contra su palabra me rebelé” (Lamentaciones 1:18).
Esta declaración revela una verdad poderosa: el quebranto puede ser un instrumento de Dios para despertar el corazón. Cuando todo se derrumba, el alma aprende a volver al Señor.
Del mismo modo, cuando vemos a nuestros hijos atravesar momentos difíciles por sus decisiones, o caer en el dolor de las consecuencias, nuestro corazón puede dolerse como el de Jeremías. Pero la historia de Lamentaciones nos recuerda que Dios no destruye para siempre, sino que disciplina para sanar.
El llanto de hoy no es el final. Dios sigue siendo el mismo Dios que restaura, y su compasión nunca se agota.
“Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias” (Lamentaciones 3:22).
Aunque este versículo aparece más adelante, su espíritu está presente desde el inicio del libro: en medio del juicio, Dios prepara el camino para la restauración.
📜 Enseñanza del Nuevo Testamento: Efesios 5:1–16
En este pasaje, el apóstol Pablo nos llama a vivir como “hijos amados de Dios”, imitando su carácter y reflejando su amor. Después de hablar en capítulos anteriores sobre la unidad, la santidad y la renovación del espíritu, aquí Pablo eleva la enseñanza: nuestra vida debe ser una ofrenda viva, como la de Cristo.
“Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros” (Efesios 5:1–2).
Caminar en amor significa actuar con compasión, perdón, pureza y verdad. Pablo nos exhorta a dejar atrás toda forma de inmoralidad, codicia, mentira o necedad, porque esas cosas apagan la luz de Dios en nosotros y nos atan al pasado del cual Cristo nos rescató.
Este llamado no solo es personal, sino también familiar. Si somos padres, nuestro ejemplo tiene un impacto directo sobre nuestros hijos. Ellos necesitan ver en nosotros el amor, la firmeza y la luz de Cristo reflejadas en cada decisión.
“Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz” (Efesios 5:8).
Andar como hijos de luz implica vivir con integridad, dejando que nuestras acciones muestren lo que agrada a Dios. El amor verdadero no es permisivo ni débil; es firme, sabio y lleno de verdad. Es el amor que ora por la restauración, pero también enseña el camino correcto.
Pablo también nos advierte a no participar de las obras infructuosas de las tinieblas, sino a reprenderlas con la verdad. Eso significa no adaptarnos a los valores del mundo, sino mantenernos firmes en los principios del Reino.
Finalmente, el apóstol nos llama a vivir con sabiduría espiritual:
“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Efesios 5:15–16).
Cada día es una oportunidad para sembrar luz en la vida de nuestros hijos y en nuestro entorno. Si ellos aún caminan en oscuridad, nosotros podemos seguir siendo la lámpara encendida, guiando con amor, oración y ejemplo.
En resumen, Efesios 5 nos enseña que el camino del creyente es el camino del amor, la pureza y la luz. No podemos cambiar a nuestros hijos por fuerza humana, pero sí podemos influir en ellos al reflejar el carácter de Cristo y mantenernos firmes en oración, confiando en que el Señor los atraerá a Su verdad.
🙏 Oración final
Señor amado, gracias porque en medio de nuestras lágrimas Tú sigues siendo fiel. Aunque a veces nos duele ver a nuestros hijos caminar lejos de Ti, confiamos en que Tu amor los alcanzará. Te pedimos que los guardes, que ablandes sus corazones y que los libres de todo engaño del enemigo.
Enséñanos a no rendirnos, a seguir orando aun cuando no veamos resultados inmediatos. Haznos padres y madres de fe, que caminemos como hijos de luz, confiando en Tu poder más que en nuestras fuerzas.
Fortalece nuestro espíritu, Señor, y que nuestras oraciones sean como perfume agradable delante de Ti.
Que cada clamor sea una semilla que germine en salvación, obediencia y restauración.
Te entregamos nuestra familia, nuestras luchas y nuestras esperanzas, sabiendo que Tú eres Dios de misericordia y de nuevas oportunidades.
En el nombre de Jesús,
Amén.

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