📖 Devocional del 13 de Octubre
🌅 Preámbulo
Dios desea que seamos buenos administradores de todo lo que nos ha confiado, incluyendo nuestro cuerpo y nuestra salud. Él nos llama a cuidar lo que nos dio, no solo con disciplina física, sino también con sabiduría espiritual. El cuidado de la salud es algo que hacemos; la sanidad, en cambio, es un don que el Señor concede en respuesta a nuestras oraciones.
A veces descuidamos nuestro bienestar hasta que lo perdemos. Corremos de un lado a otro, posponiendo el descanso, ignorando señales del cuerpo y justificando con frases como: “Estoy demasiado ocupado” o “No tengo tiempo”. Pero Dios, en su amor, nos recuerda que el cuerpo también es templo de su Espíritu y que debemos tratarlo con respeto, gratitud y equilibrio.
Así como oramos por la sanidad del alma, también debemos interceder por la sanidad del cuerpo, especialmente por nuestros hijos adultos. Que aprendan a cuidar de sí mismos, a tener hábitos de salud, a discernir qué les hace bien y qué los daña. Y cuando la salud falle, que recuerden que Jesús sigue siendo el mismo Sanador de ayer, de hoy y de siempre.
El poder de su nombre no ha perdido autoridad. La fe en Jesús activa su poder, y la oración lo dirige. No fue solo para Pedro y Juan, sino también para nosotros y nuestras familias. Jesús no fue Sanador: Él es Sanador. Siempre será Sanador.
🙏 Oración antes de la lectura
Amado Padre Celestial,
gracias por la vida, por la salud y por este tiempo de encuentro contigo.
Hoy te pido que prepares mi corazón para recibir Tu Palabra con entendimiento y fe.
Ayúdame a cuidar el cuerpo que me diste y a enseñar a mis hijos a hacer lo mismo.
Que cada decisión que tomemos honre el templo del Espíritu Santo que habita en nosotros.
Señor, si en algo hemos sido negligentes o descuidados, tráenos convicción,
y danos la sabiduría para corregir y sanar lo que Tú deseas restaurar.
Haznos conscientes de que la sanidad viene de Ti y que el poder de Tu nombre
sigue obrando milagros en nuestra vida.
Que Tu Espíritu Santo nos dé discernimiento, paz y obediencia.
Habla hoy a nuestro corazón a través de las lecturas,
y que cada palabra escrita en Tu Palabra cobre vida en nosotros.
En el nombre poderoso de Jesús,
Amén.
📜 Enseñanza del Antiguo Testamento — Ezequiel 13, 14 y 15
En estos capítulos, Dios confronta a los falsos profetas y a los líderes que engañaban al pueblo con mensajes de “paz” cuando en realidad había desobediencia y pecado. Les dice: “Ay de los profetas insensatos que siguen su propio espíritu y nada han visto” (Ezequiel 13:3).
El Señor revela que aquellos que hablan en Su nombre sin haber sido enviados por Él, levantan muros débiles y los cubren con cal ilusoria, aparentando fortaleza donde solo hay falsedad. Así también, hoy nos advierte contra las voces que intentan reemplazar la verdad de Su Palabra con mensajes cómodos o superficiales.
Ezequiel 14 nos muestra un llamado más profundo: Dios no solo mira nuestras palabras, sino los ídolos que guardamos en el corazón. Dice: “Estos hombres han erigido sus ídolos en su corazón… ¿he de dejarme consultar por ellos?” (Ezequiel 14:3). El Señor desea corazones limpios, no divididos entre Su voluntad y los deseos del mundo.
Finalmente, en el capítulo 15, Dios compara a Jerusalén con una vid estéril, sin fruto. Una vid que no cumple su propósito se vuelve leña para el fuego. De igual forma, una vida desconectada de Dios pierde su valor y propósito espiritual.
Estos capítulos son una llamada al discernimiento, a examinar el corazón y a rechazar toda apariencia de verdad que no provenga de Él. Nos recuerdan que no podemos vivir de promesas vacías ni confiar en lo que suena bien, sino en lo que viene del Espíritu Santo.
Así como Dios exhortó al pueblo a desechar los ídolos, también nos llama hoy a limpiar nuestro interior —y a interceder para que nuestros hijos adultos sean guardados de falsas enseñanzas, de ideologías confusas y de caminos que aparentan bien pero terminan en ruina—.
Solo cuando el corazón se vuelve completamente a Dios, puede fluir la verdadera sanidad, la verdad y la vida abundante.
📜 Enseñanza del Nuevo Testamento — Filipenses 4
El capítulo 4 de Filipenses es una joya espiritual que nos enseña a vivir con contentamiento, paz y confianza en medio de cualquier circunstancia. Pablo, escribiendo desde la prisión, nos revela el secreto de una vida firme en la fe: mantener la mente y el corazón enfocados en Cristo.
El apóstol comienza exhortando a la iglesia a permanecer unida y gozosa:
“Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” (Filipenses 4:4).
No se trata de una alegría superficial, sino de un gozo que brota de saber que el Señor está cerca y que nada escapa de Su control.
Pablo nos invita a reemplazar la ansiedad por la oración:
“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias; y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:6–7).
Este pasaje es un llamado a la confianza total. Nos recuerda que la paz verdadera no depende de las circunstancias, sino de la presencia de Dios en medio de ellas.
La ansiedad nos agota, pero la oración nos fortalece; la preocupación nos quita el sueño, pero la gratitud abre la puerta a la paz.
Pablo también nos enseña a cuidar nuestros pensamientos:
“Todo lo verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre… en esto pensad.” (Filipenses 4:8).
Nuestros pensamientos son el terreno donde germina la fe o el miedo. Lo que alimentamos en la mente, tarde o temprano florece en nuestra vida.
Finalmente, Pablo comparte una de las declaraciones más poderosas de todo el Nuevo Testamento:
“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Filipenses 4:13).
No es una afirmación de autosuficiencia, sino una confesión de dependencia. Pablo había aprendido a vivir con abundancia y también en escasez, pero en todo halló fortaleza en Jesús.
Esta enseñanza nos invita a vivir con gratitud, confianza y contentamiento, sabiendo que nuestra fuerza no proviene de las circunstancias, sino del Señor.
Y cuando intercedemos por nuestros hijos adultos, este capítulo nos recuerda que debemos enseñarles a reemplazar la preocupación por la oración, la queja por la gratitud y el miedo por fe.
Porque el mismo Dios que guardó a Pablo en la cárcel, puede guardar el corazón y la mente de nuestros hijos en cualquier situación.
Y así, la paz de Dios —esa que no se puede explicar, solo experimentar— los sostendrá día tras día.
🌾 Reflexión espiritual
Ezequiel nos recuerda que Dios busca corazones sinceros, no apariencias espirituales. Los falsos profetas hablaban de paz cuando el corazón del pueblo estaba lejos de Él. Hoy, esa misma advertencia resuena en nosotros: no podemos cubrir el alma con una “cal ilusoria” de religiosidad si no hay obediencia verdadera.
Dios quiere derribar todo muro que construimos para aparentar fortaleza, cuando en realidad necesitamos sanidad interior.
En Filipenses 4 encontramos el equilibrio perfecto: mientras Ezequiel nos llama al arrepentimiento y la pureza del corazón, Pablo nos enseña a vivir en la paz que nace de confiar en Dios.
La sanidad del alma y del cuerpo empieza cuando entregamos al Señor nuestras cargas, pensamientos y emociones.
El corazón limpio y la mente agradecida son el terreno donde florece la paz de Cristo.
Como madres y padres de hijos adultos, este devocional nos invita a orar por su salud física, mental y espiritual. Que no se dejen guiar por voces falsas ni por la ansiedad del mundo, sino que aprendan a discernir la voz de Dios, a descansar en su presencia y a vivir en contentamiento.
Jesús sigue siendo el mismo Sanador, y su poder no ha menguado.
Él no solo restaura el cuerpo, sino también el alma herida y el corazón cansado.
🙏 Oración final
Amado Padre Celestial,
hoy te damos gracias porque tu Palabra nos recuerda que Tú eres nuestro Sanador.
Limpia nuestro corazón de todo ídolo, de toda falsedad y de toda apariencia.
Ayúdanos a vivir con integridad delante de Ti, sin muros ni máscaras.
Señor, te presentamos la vida de nuestros hijos adultos.
Protégelos de las voces que los confunden, de los falsos caminos y de las promesas vacías.
Enséñales a reconocer Tu voz y a cuidar el cuerpo y el alma que Tú les diste.
Que aprendan a vivir con paz, a transformar su ansiedad en oración y su queja en gratitud.
Dales sabiduría para mantener una buena salud, fortaleza para resistir la tentación
y fe para creer que en Cristo todo lo pueden.
Que la paz que sobrepasa todo entendimiento guarde sus corazones y pensamientos en Ti.
Gracias, Señor, porque en el nombre de Jesús hay poder, hay sanidad y hay victoria.
Te entregamos este día con gratitud y esperanza,
confiando en que Tú seguirás obrando en nosotros y en nuestra familia.
En el nombre poderoso de Jesús,
Amén.

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