“Un corazón limpio, una herencia eterna”

 


📖 Devocional del 26 de Octubre

📜 Lectura de la Biblia


🌅 Preámbulo 

Dios nos llama no solo a reconocer el pecado, sino a vivir en santidad constante. Ezequiel describe la gloria de Dios regresando al templo, símbolo de Su presencia restaurada en medio del pueblo. Así también, cuando confesamos nuestros pecados y rendimos nuestro corazón a Él, la gloria de Dios vuelve a habitar en nosotros.
La santidad no es una meta lejana, sino un camino diario. Cada vez que confesamos, nos arrepentimos y nos acercamos a Dios, Su presencia llena nuestro interior como aquel templo restaurado.
Un corazón limpio no es perfecto, sino uno que se mantiene sensible a la voz del Espíritu y dispuesto a ser transformado.


🙏 Oración antes de la lectura

Señor amado, antes de abrir Tu Palabra, limpia mi mente y mi corazón.
Si hay algo que me aparte de Ti, muéstramelo para confesarlo y dejarlo atrás.
Quiero caminar en Tu presencia, vivir en santidad y experimentar la paz de un corazón limpio.
Enséñame hoy, por medio de Tu Espíritu, lo que deseas hablarme.
En el nombre de Tu Hijo amado Jesucristo, amén.


📖 Enseñanza y aplicación del Antiguo Testamento: Ezequiel 42, 43 y 44

En estos capítulos, Ezequiel ve cómo la gloria de Dios regresa al templo, llenando el lugar con Su luz y majestad. Después de haber abandonado el santuario a causa del pecado del pueblo, Dios vuelve a habitar entre ellos, mostrando que Su misericordia es mayor que su rebelión.
El profeta también recibe instrucciones sobre la santidad de los sacerdotes, la pureza del servicio en el templo y la necesidad de distinguir entre lo santo y lo profano, entre lo limpio y lo impuro.

Pero uno de los versículos más conmovedores se encuentra en Ezequiel 44:28, donde el Señor declara:

Yo soy su heredad; Yo soy su posesión.

Dios promete ser Él mismo la porción de los sacerdotes. No recibirían tierra ni bienes materiales, porque su recompensa sería Su presencia. Él sería todo lo que ellos necesitaran.


Aplicación:
Así como el templo debía mantenerse santo porque allí habitaba la gloria de Dios, también nuestro corazón y nuestra vida deben ser un santuario para Él.
No podemos servir a Dios con un corazón dividido ni buscar otras posesiones cuando Él mismo es nuestra herencia más preciosa.
Cada vez que confesamos y abandonamos el pecado, permitimos que Su gloria vuelva a llenar nuestro “templo interior” y que Su presencia nos satisfaga plenamente.

Vivir en santidad no es legalismo, es un acto de amor, reverencia y pertenencia a Aquel que habita en nosotros.
Porque cuando Él es nuestra posesión, nada nos falta.

“Y he aquí la gloria de Jehová llenó la casa.” (Ezequiel 43:5)
“Yo soy su heredad; Yo soy su posesión.” (Ezequiel 44:28)


📖 Enseñanza y aplicación del Nuevo Testamento: 1 Timoteo 1

Pablo se confiesa con honestidad: “antes fui blasfemo, perseguidor e injuriador… pero fui tratado con misericordia” (1 Ti 1:13). Reconoce su pasado para exaltar la gracia sobreabundante de Cristo (vv. 14–16) y proclama el centro del Evangelio:

Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.” (1 Ti 1:15)

Su vida es testimonio de que Dios transforma al peor opositor en siervo útil, y por eso exhorta a Timoteo a mantener la sana doctrina con un corazón limpio, buena conciencia y fe sincera (v. 5).

Aplicación:
La confesión, la santidad y la gracia caminaron juntas en Pablo, y también deben hacerlo en nosotros. No es perfección humana, es dependencia diaria de Cristo. Al confesar, soltamos el peso del pasado y abrazamos la identidad nueva que Su gracia nos da.
Hoy podemos andar con un corazón puro, recordando que “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (1 Ti 1:15).
Cada confesión sincera abre espacio a Su carácter en nosotros y nos permite vivir con gozo y libertad.


🙌 Oración final

Señor Dios,
vengo delante de Ti reconociendo mi pecado. He pensado, dicho y hecho lo que no te agrada, y también he dejado de hacer el bien que me pediste. No lo oculto: necesito Tu misericordia.

Lávame con la sangre de Jesús; limpia mi corazón y endereza mis caminos.
Creo a Tu promesa: “Si confesamos nuestros pecados, Tú eres fiel y justo para perdonar y limpiar de toda maldad”.

Hoy decido apartarme del pecado. Dame un espíritu humilde y obediente, una conciencia limpia y una fe sincera.
Que Tu gloria vuelva a llenar mi “templo interior”; sé Tú mi herencia y mi porción.

Restaura el gozo de Tu salvación, fortalece mi voluntad para elegir la santidad, y úsame para reconciliarme con quien haya ofendido.

Te lo pido en el nombre de Tu Hijo amado, Jesucristo. Amén.

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