“Un corazón nuevo donde habite la gloria de Dios”



📖 Devocional del 12 de Octubre

Lectura de la Biblia


🌅 Preámbulo 

Así como la presencia de Dios se apartó del templo en Ezequiel 10 a causa de la desobediencia, también la salud se aparta cuando descuidamos el cuerpo que Él nos dio. Sin embargo, el Señor no retira Su gloria para siempre; Él corrige, restaura y vuelve a habitar donde hay arrepentimiento y obediencia.

Del mismo modo, muchos hijos adultos deben despertar al valor de cuidar su cuerpo, porque es templo del Espíritu Santo. Dios no solo desea salvar sus almas, sino también sanar sus vidas y hábitos.
Como una madre que ora por la salud de sus hijos, podemos clamar para que comprendan que cada decisión —lo que comen, cómo descansan, lo que permiten entrar en su mente y corazón— afecta el lugar donde habita la gloria de Dios.

Filipenses 3 nos recuerda que debemos dejar atrás lo que estorba y avanzar hacia la meta en Cristo Jesús. Esa meta también incluye vivir con disciplina, pureza y dominio propio, buscando glorificar a Dios con todo lo que somos: espíritu, alma y cuerpo. 

Si deseamos ver milagros de restauración en la salud de nuestros hijos, debemos perseverar en la oración.

La sanidad comienza con una oración constante, una fe firme y un corazón dócil que se rinde a la voluntad de Dios. 


🙏 Oración antes de la lectura

Amado Padre Celestial,
hoy te doy gracias por el don de la vida y por el cuerpo que nos has dado como templo de tu Espíritu. Te presento a mis hijos adultos delante de Ti, y te pido que les concedas sabiduría para cuidar su salud y discernimiento, para hacer buenas elecciones cada día.

Si han caído en hábitos dañinos o descuidos, despiértales, Señor.
Enséñales que su cuerpo es sagrado, que cada alimento, cada pensamiento y cada descanso también pueden ser una forma de adorarte.
Que comprendan que la verdadera salud viene de Ti, y que solo en Tu presencia hay plenitud de vida.

Renueva su mente, sana sus emociones, fortalece su cuerpo y restaura su espíritu.
Que vivan con energía, equilibrio y propósito, y que Tú los libres de toda enfermedad, adicción o cansancio que los aparte de tu propósito.

Gracias porque Tú escuchas nuestras oraciones y respondes a tiempo.
Hoy confiamos en que la gloria de tu presencia volverá a llenar sus vidas con salud, paz y sanidad divina.

En el nombre de Jesús,
Amén.

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📖 Enseñanza del Antiguo Testamento — Ezequiel 10, 11 y 12

👉 “Y miré, y he aquí en la expansión que había sobre la cabeza de los querubines, como una piedra de zafiro, que parecía semejanza de un trono sobre ellos.” (Ezequiel 10:1)

En este capítulo, Ezequiel contempla la gloria de Dios que se mueve y se eleva del templo. Es una escena impresionante que muestra que la presencia divina no puede permanecer donde hay idolatría y pecado. La gloria del Señor se aparta, pero no desaparece: se traslada, esperando el momento de volver a habitar entre un pueblo purificado.
Así también en nuestras vidas, cuando nos alejamos del Señor, Su presencia no nos abandona del todo, sino que nos llama al arrepentimiento para restaurar la comunión.

👉 “Y darles he un corazón, y espíritu nuevo daré en sus entrañas; y quitaré el corazón de piedra de su carne, y daréles corazón de carne.” (Ezequiel 11:19)

Esta es una promesa de restauración. Dios no solo disciplina, también renueva. Su meta no es destruir, sino sanar el corazón endurecido, reemplazar la insensibilidad por sensibilidad espiritual, y traer de vuelta a Su pueblo a una comunión viva con Él.

👉 “Hijo del hombre, tú habitas en medio de casa rebelde, los cuales tienen ojos para ver, y no ven, tienen oídos para oír, y no oyen; porque son casa rebelde.” (Ezequiel 12:2)

Aquí el Señor nos recuerda que la rebeldía espiritual ciega y ensordece. Podemos tener ojos, pero no ver Su obrar; oídos, pero no escuchar Su voz. Solo cuando el Espíritu Santo ablanda el corazón, volvemos a discernir la verdad y entender Su propósito.


📖 Enseñanza del Nuevo Testamento — Filipenses 3

👉 “Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos del cortamiento.” (Filipenses 3:2)

Pablo llama “perros” a los falsos maestros y a los que pervierten la fe imponiendo legalismos o falsos evangelios. Nos exhorta a estar atentos, a no dejar que nada ni nadie nos aparte de la pureza de la fe en Cristo.

👉 “Pero las cosas que para mí eran ganancias, las he reputado pérdidas por amor de Cristo.” (v.7)

El apóstol enseña que todo lo que el mundo ofrece —éxitos, títulos, posición— no tiene valor comparado con conocer a Cristo. La verdadera ganancia es perderlo todo por Él y ser hallado en Su justicia.

👉 “Y ser hallado en él, no teniendo mi justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo.” (v.9)

Nuestra justicia no proviene de nuestros méritos, sino de la fe que nos une a Cristo. Es Él quien nos justifica, transforma y nos da acceso a la gloria de Dios.

👉 “Prosigo al blanco, al premio de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús.” (v.14)

La vida cristiana es una carrera de perseverancia. No se trata de mirar atrás, sino de avanzar hacia la meta, firmes en la fe y enfocados en el llamado divino.

👉 “El cual transformará el cuerpo de nuestra bajeza, para ser semejante al cuerpo de su gloria.” (v.21)

Aquí se revela nuestra esperanza eterna: Cristo no solo salvará nuestra alma, sino que transformará también nuestro cuerpo en un reflejo de Su gloria. ¡Qué promesa tan perfecta de restauración completa!


🌿 Reflexión final 

Tanto en Ezequiel como en Filipenses encontramos un mismo mensaje que atraviesa el tiempo: Dios desea transformar al ser humano desde adentro hacia afuera.

En Ezequiel, la gloria del Señor se aparta del templo porque el pueblo endureció su corazón. Sin embargo, Dios no los abandona: promete quitar el corazón de piedra y darles uno nuevo, sensible y obediente. Nos recuerda que Su presencia no puede habitar donde hay rebeldía, pero siempre está dispuesta a volver cuando hay arrepentimiento.

En Filipenses, Pablo nos muestra el otro lado de esa transformación: cuando Cristo entra en el corazón, todo lo que antes parecía ganancia se vuelve pérdida. Ya no vivimos según la justicia propia, sino por la fe que nos une a Él. La meta ya no es terrenal, sino eterna: proseguir al blanco, correr hacia Cristo, dejar atrás lo viejo y permitir que Su Espíritu nos renueve cada día.

Ambos pasajes nos llaman a un mismo destino:
Que la gloria de Dios habite en nosotros,
que nuestro corazón se mantenga tierno ante Su voz,
y que avancemos con fe hacia la transformación completa que Cristo promete —
una vida y un cuerpo renovados por Su poder y Su gloria.

La verdadera sanidad no comienza en el cuerpo, sino en el corazón. Cuando Dios restaura el interior, todo lo demás encuentra orden, propósito y plenitud en Él.

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🙏 Oración final

Amado Dios,
quita de nosotros el corazón de piedra y danos un corazón nuevo, sensible a Tu voz.
Quita la rebeldía, el orgullo y la indiferencia que nos impiden verte.
Danos ojos que te vean y oídos que te escuchen,
un espíritu renovado que te busque cada día.

Transforma nuestros cuerpos, mentes y emociones con Tu poder sanador.
Limpia nuestros hábitos, renueva nuestras fuerzas y enséñanos a cuidar el templo que nos diste.
Haznos avanzar hacia la meta que es Cristo Jesús,
dejando atrás lo que no edifica y abrazando la plenitud de Tu presencia.

Gracias, Señor, porque Tú prometes darnos un corazón nuevo
y hacernos semejantes a Ti, llenos de Tu gloria y de Tu salud divina.

En el nombre de Jesús,
Amén.

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