“Amados por el Dios que Nunca Falla”

 


📖 Devocional del 11 de Diciembre

📜 Lectura de la Biblia


🌅 Preámbulo

Cuando pensamos en el riesgo, lo asociamos con incertidumbre, con pasos que damos sin conocer el resultado. Pero en la Escritura descubrimos a un Dios totalmente distinto: un Dios soberano, que jamás improvisa, que jamás actúa desde el miedo o la duda. Él no toma riesgos porque conoce el fin desde el principio y todas Sus obras están establecidas desde antes de la creación del mundo.

Y, sin embargo, este Dios absolutamente seguro y estable es el que nos llama a caminar por fe. No porque Él esté en riesgo, sino porque nosotros sí lo estamos cuando vivimos en un mundo que no controlamos. Lo maravilloso es que, aunque no conozcamos el mañana, sabemos que caminamos guiados por un Dios que nunca pierde el control.

El llamado cristiano no es a vivir una vida temeraria, sino una vida confiada:
arriesgamos porque conocemos al Único que no se arriesga.
Nuestra certeza descansa en Su carácter, no en nuestras capacidades.

Hoy, al entrar a Su Palabra, recordemos esto: nuestra seguridad no está en evitar los riesgos, sino en confiar en Aquel que jamás falla y que sostiene todos nuestros pasos.


🙏 Oración antes de la lectura

Señor amado,
antes de abrir Tu Palabra quiero pedirte un corazón dispuesto, humilde y atento.
Tú eres el Dios que gobierna sobre todo, el que nunca está en incertidumbre, el que jamás actúa por azar. Gracias porque puedo descansar en Tu soberanía mientras camino en un mundo lleno de decisiones y fragilidades.

Te ruego que Tu Espíritu me dé luz, me dé paz y me dé confianza.
Enséñame a vivir con valentía, no porque yo sea fuerte, sino porque Tú eres firme.
Enséñame a amar con libertad, porque el perfecto amor echa fuera el temor.
Y enséñame a descansar en la seguridad de que mi vida está en Tus manos.

Habla a mi corazón, Señor.
Aquí estoy.
Amén.


📚 Enseñanza Salmos 40, 41 y 42

Estos tres salmos reflejan la experiencia real y emocional de un creyente que confía en Dios, pero que atraviesa temporadas difíciles. Son palabras que nacen desde la vulnerabilidad, el dolor, el cansancio… y aun así levantan la mirada hacia un Dios que no abandona, no improvisa y nunca pierde el control


🕊️ Salmo 40 — Dios es el que rescata a Su tiempo

David describe cómo esperó pacientemente al Señor hasta que Dios lo sacó del pozo, puso sus pies sobre roca firme y renovó su cántico.
Este salmo nos recuerda algo esencial:

  • La espera con Dios nunca es pérdida de tiempo.

  • Él no actúa tarde; actúa con precisión perfecta.

  • No hay “riesgo” en confiar en Él, porque su fidelidad sostiene cada paso.

David reconoce que Dios piensa en él más de lo que él puede imaginar. Aunque sufre, aunque enfrenta enemigos, su esperanza no está en su habilidad de resolver las cosas, sino en el carácter seguro de Dios.

En un mundo donde todo parece incierto, este salmo nos asegura que la seguridad viene de Aquel que inclina su oído y actúa con poder soberano.


🤲 Salmo 41 — Dios sostiene al débil y ve lo que nadie ve

Este salmo muestra que Dios está profundamente involucrado en la vida de los vulnerables.
Cuando el justo atraviesa enfermedad, traición o angustia, el Señor no lo suelta; lo levanta, lo sostiene en cama, lo guarda de sus enemigos.

David experimenta la traición de un amigo cercano, pero aun así declara:

“Tú me sostienes y me guardas”.

En este salmo vemos que la seguridad del creyente no depende de la lealtad humana, sino de la fidelidad divina.
Dios conoce nuestras heridas, nuestras pérdidas y nuestras batallas internas. Y aun cuando otros fallan, Él no falla.

Dios no corre riesgos con nuestra vida. Él obra con propósito absoluto y nos sostiene incluso cuando nosotros mismos tambaleamos.


💧 Salmo 42 — Cuando el alma desfallece, Dios sigue siendo roca firme

Este salmo es el clamor de un corazón que siente sequedad espiritual.
Es el famoso:

“¿Por qué te abates, alma mía? ¿Por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios…”

El salmista siente ausencia, siente silencio, siente olas que pasan sobre él.
Pero aquí está la clave:

  • Su sufrimiento no es señal de abandono.

  • Su confusión no significa que Dios perdió el control.

  • Su fragilidad no reduce la soberanía de Dios.

En medio de la angustia, la fe del salmista no desaparece: la predica a su propia alma.
Le habla con firmeza:
“Dios aún es mi roca. Él aún me salvará.”

Este salmo nos enseña que la fe no es la ausencia de emociones fuertes, sino la decisión de dirigirlas hacia Dios, aun cuando no sentimos nada.
Dios no está en riesgo, y por eso nosotros podemos descansar cuando todo en nosotros tiembla.


Enseñanza central de los tres Salmos

Los Salmos 40, 41 y 42 nos muestran un patrón:

  • Un corazón humano vulnerable.

  • Circunstancias confusas y dolorosas.

  • Un Dios soberano que nunca pierde el control.

  • Una fe que se afirma no en emociones, sino en la verdad eterna.

Estos salmos nos recuerdan:
Podemos arriesgarnos en obediencia, podemos caminar en medio de la incertidumbre, porque nuestro Dios no vive en incertidumbre.

Él es roca.
Él es refugio.
Él es quien sostiene nuestra historia con una mano firme e inquebrantable.


📚 Enseñanza 1 Juan 4

El capítulo 4 de 1 Juan es uno de los textos más altos y luminosos en toda la Escritura. Aquí encontramos la esencia del corazón cristiano: Dios es amor, y ese amor tiene un poder real, profundo y transformador en la vida del creyente.

Pero Juan no habla de un amor sentimental ni superficial. Habla del amor seguro, firme y soberano de un Dios que nunca está en riesgo, que nunca es movido por el azar, y que nunca ama de manera incierta o condicional.


❤️ 1. El amor verdadero tiene un origen: Dios mismo (1 Jn 4:7–10)

Juan nos enseña que el amor no es una virtud humana que nosotros producimos por esfuerzo, sino algo que fluye de la naturaleza misma de Dios. Él no decide amar por impulso o por emociones; Él es amor.

Por eso, cuando Dios nos amó enviando a Su Hijo, no fue un acto arriesgado o incierto. Fue el cumplimiento de un plan eterno, perfecto y seguro.

«En esto se mostró el amor de Dios… en que envió a su Hijo unigénito al mundo.»

La cruz no fue una apuesta.
No fue un “a ver si sale bien”.
Fue el acto soberano del Dios que conoce el fin desde el principio.


✝️ 2. El amor de Dios es iniciativa, no respuesta (1 Jn 4:10)

Juan aclara:

«No que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó a nosotros…»

Esto significa:

  • Dios no reaccionó a nuestro amor.

  • No esperó señales positivas para decidir salvarnos.

  • Su amor no depende de nuestro comportamiento.

Dios amó primero porque Su amor es seguro, decidido y eterno.
El amor humano es inestable; el amor de Dios, no.
Por eso podemos descansar sin miedo en Él.


🕊️ 3. El amor de Dios perfecciona el nuestro (1 Jn 4:11–16)

Juan nos invita a amar como fuimos amados.
Pero ¿cómo puede un amor tan imperfecto como el nuestro parecerse al amor perfecto de Dios?

Porque Dios permanece en nosotros.

Él no nos pide amar desde nuestra debilidad, sino desde Su presencia.
Cuando el Espíritu Santo habita en nosotros, Su carácter comienza a formar en nosotros:

  • paciencia,

  • sacrificio,

  • entrega,

  • verdad,

  • misericordia.

Amar a otros no es un riesgo cuando se ama desde Dios; es un fruto natural de Su permanencia.


🛡️ 4. El amor perfecto echa fuera el temor (1 Jn 4:17–19)

Aquí está una de las declaraciones más hermosas y poderosas de toda la Biblia:

«El perfecto amor echa fuera el temor.»

No dice que deja menos miedo, o que lo reduce. Dice que lo expulsa.

¿Por qué?

Porque el temor nace de la incertidumbre, del “¿qué pasará?”.
Pero el amor de Dios elimina esa incertidumbre porque:

  • nuestra salvación no es incierta,

  • el juicio no es incierto,

  • el futuro no es incierto,

  • Su amor hacia nosotros no cambia.

El hijo amado no vive con miedo al mañana.
Vive descansando en un Padre perfecto, sabio y soberano.

Dios no corre riesgos con nuestra vida.
Por eso, cuando Su amor llena el corazón, el temor debe salir.


🤝 5. El amor genuino hacia Dios se demuestra amando a otros (1 Jn 4:20–21)

Juan termina fuerte:

«El que no ama a su hermano, a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios, a quien no ha visto?»

El amor no es teoría.
No es solo emoción devocional.
Es acto, sacrificio, entrega, paciencia, perdón.

Así como Dios mostró Su amor enviando a Su Hijo, nosotros mostramos el nuestro amando a los hijos de Dios.

El amor no es inseguro ni condicional cuando nace de un corazón sostenido por un Dios soberano.


Enseñanza central de 1 Juan 4

1 Juan 4 nos recuerda que:

  • Dios no ama con temor.

  • Dios no ama por riesgo.

  • Dios no ama esperando un resultado incierto.

  • Dios ama porque Él es amor, y porque Su amor es estable, eterno y soberano.

Y ese amor perfecto, cuando entra en nuestro corazón, expulsa el miedo, trae descanso y nos capacita para amar como hemos sido amados.


🙏 Oración Final 

Señor, gracias por recordarme hoy que Tú eres mi seguridad y mi roca firme.
Aunque yo no entienda todo lo que vivo, Tú nunca pierdes el control.

Llena mi corazón con Tu amor perfecto, ese amor que echa fuera el temor.
Ayúdame a confiar, a descansar y a caminar por fe sabiendo que mis tiempos están en Tus manos.

Quédate conmigo en este día y guarda mi corazón en Tu paz.

En el nombre de Jesús,
Amén.

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