“Deléitate en Dios y Vive para Su Gloria”

 




📖 Devocional del 17 de diciembre

📜 Lectura de la Biblia


🌅 Preámbulo

Al acercarnos hoy a la Palabra, somos invitados a contemplar una verdad que endereza el corazón y purifica nuestros afectos: la belleza, el poder y el orden del mundo no existen para capturar nuestra adoración, sino para dirigirla más allá de sí mismos, hacia Aquel de quien proceden todas las cosas.

Todo lo creado existe para magnificar la excelencia del Hijo, porque en Él se manifiesta perfectamente la gloria del Padre. Dios se regocija en sus obras no como un fin en sí mismas, sino porque en ellas resplandece Su carácter eterno: Su poder, Su sabiduría y Su bondad.

Sin embargo, el corazón humano corre el peligro de quedarse con el eco y olvidar la voz original; de amar el regalo más que al Dador; de admirar la obra y perder de vista al Autor. Por eso la Escritura nos llama una y otra vez a volver nuestros ojos al Dios vivo, a deleitarnos en Él y no solamente en lo que Él ha hecho.

Que esta lectura nos ayude a ordenar nuestros afectos, a escuchar el mensaje que el día y la noche proclaman, y a recordar que todo deleite verdadero encuentra su plenitud únicamente en Dios.


🙏 Oración antes de la lectura

Señor Dios eterno,
venimos delante de Ti con un corazón que desea conocerte más y amarte mejor. Reconocemos que muchas veces nos hemos detenido en la obra de Tus manos y hemos olvidado contemplar Tu gloria infinita. Perdónanos cuando nuestros afectos se desordenan y nuestra adoración se distrae.

Abre hoy nuestros ojos para ver Tu majestad reflejada en Tu Palabra. Danos oídos atentos, un espíritu humilde y un amor renovado por Ti.

Enséñanos a deleitarnos en Ti por encima de todo, a vivir para Tu gloria y a responder con obediencia fiel a Tu llamado. Que esta lectura no solo informe nuestra mente, sino que transforme nuestro corazón.

En el nombre de Jesucristo,
Amén.

📜 Enseñanza del Antiguo Testamento

Salmos 61–66

Los Salmos 61 al 66 forman un conjunto de oraciones y cantos que nos conducen desde el clamor personal hasta la alabanza pública, mostrando cómo un corazón afligido aprende a descansar en Dios y termina proclamando Su gloria delante de las naciones.

En estos salmos, el creyente aparece muchas veces en condición de debilidad: cansado, perseguido, necesitado de refugio. Sin embargo, la respuesta constante no es la huida ni la autosuficiencia, sino volver una y otra vez a Dios como roca firme, torre fuerte y protector fiel. Dios no es presentado como un recurso ocasional, sino como el único lugar seguro cuando el corazón se siente desfallecer.

A lo largo de estos cantos, se afirma que la verdadera seguridad no proviene de las circunstancias favorables, sino del carácter inmutable de Dios. Él escucha la oración, sostiene al justo, gobierna con poder y ejecuta justicia. Aun cuando el mal parece avanzar, Dios permanece en control, y Su fidelidad no se ve afectada por la fragilidad humana.

Un énfasis central de estos salmos es que la salvación y la gloria pertenecen únicamente a Dios. El pueblo aprende que no debe confiar en la fuerza, en las riquezas ni en el prestigio, sino en el Señor que pesa los corazones y retribuye conforme a Su verdad. Este reconocimiento produce un cambio profundo: el temor se transforma en confianza, y la queja da paso a la adoración.

Finalmente, estos salmos amplían la mirada del creyente más allá de lo personal. La alabanza ya no es solo individual, sino congregacional y universal. Dios es digno de ser temido, celebrado y proclamado entre todas las naciones. Su poder se manifiesta en la creación, en la historia y en la vida de Su pueblo, de modo que toda la tierra es llamada a reconocer Su grandeza.

Así, Salmos 61–66 nos enseñan que Dios se deleita en ser nuestro refugio, nuestra salvación y nuestra gloria. Nos llaman a confiar plenamente en Él, a descansar en Su gobierno soberano y a unirnos al canto eterno que proclama que solo Dios es digno de toda adoración.

📘 Enseñanza del Nuevo Testamento:

Apocalipsis 2 y 3

En Apocalipsis 2 y 3, Cristo resucitado se dirige directamente a Su iglesia. No habla desde la distancia ni como un juez impersonal, sino como el Señor que camina en medio de los suyos, que conoce profundamente sus obras, sus luchas, sus fidelidades y sus desviaciones. Estas palabras revelan que la vida cristiana no se mide solo por la apariencia externa, sino por la condición real del corazón delante de Dios.

En estas cartas, Jesús afirma Su autoridad soberana sobre la iglesia. Él ve lo que otros no ven: el amor que se enfría, la fidelidad que persevera en medio de la prueba, la obediencia que se mezcla con la complacencia y la fe que corre el riesgo de acomodarse. Nada le es oculto. Su mirada es a la vez santa y misericordiosa.

Un llamado constante en estos capítulos es a recordar el amor primero. La iglesia puede conservar doctrina correcta, actividad constante y resistencia al error, pero aun así perder la devoción sincera a Cristo. Cuando el amor se enfría, la fe se vuelve mecánica y la obediencia pierde su gozo. Por eso, Jesús llama al arrepentimiento, no como condena, sino como una invitación a volver a la comunión viva con Él.

Apocalipsis 2 y 3 también muestran que Cristo valora la perseverancia fiel, aun cuando es silenciosa y poco visible. Él alienta a los que permanecen firmes en medio de la persecución, la presión cultural y la tentación moral. A los ojos del mundo, esa fidelidad puede parecer insignificante, pero para Cristo es preciosa.

Al mismo tiempo, estos capítulos advierten sobre el peligro de la tibieza espiritual. Una fe cómoda, autosuficiente y sin dependencia real de Dios es presentada como una condición grave. Cristo no busca una iglesia conformista, sino un pueblo que viva con celo, humildad y una dependencia continua de Su gracia.

Cada exhortación culmina con una promesa: al que vence. Cristo anima a Su iglesia recordándole que la fidelidad presente tiene un propósito eterno. Las recompensas no se centran en el prestigio terrenal, sino en la comunión eterna con Él, en la vida verdadera y en la participación de Su reino.

En conjunto, Apocalipsis 2 y 3 nos enseñan que Cristo se deleita en una iglesia que ama, obedece y persevera en fidelidad. Nos llaman a examinar nuestro corazón, a escuchar Su voz con humildad y a responder con arrepentimiento, fe renovada y esperanza firme en Sus promesas.

🕯️ Oración final

Señor Dios nuestro,
Tú eres nuestro refugio cuando el alma desfallece, nuestra roca firme en medio de la incertidumbre y la fuente de toda esperanza verdadera. Reconocemos que fuera de Ti no hay seguridad, ni vida, ni descanso para el corazón. Danos un espíritu humilde, sensible a Tu voz y dispuesto a obedecer.

Enséñanos a confiar en Ti como nuestro único refugio, a deleitarnos en Tu presencia más que en Tus dones y a vivir con fidelidad aun cuando el camino sea difícil. Fortalece a Tu pueblo para perseverar, para amar con sinceridad y para dar gloria a Tu nombre en todo.

 Ayúdanos a vencer, no con nuestras fuerzas, sino permaneciendo unidos a Ti, hasta el día en que Te veamos cara a cara.

En el nombre santo y glorioso de Jesucristo,
Amén.


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