“El dragón es vencido: Cristo reina”

 


📖 Devocional del 23 de diciembre

📜 Lectura de la Biblia


🌅 Preámbulo

Al acercarnos hoy a la Palabra, somos invitados a contemplar una verdad que atraviesa toda la historia bíblica: Dios actúa, salva, corrige y restaura movido por el celo de Su nombre. Su gloria no es un detalle secundario, sino el fundamento mismo de Su misericordia.

Desde el éxodo hasta la cautividad en Babilonia, desde los salmos de clamor hasta las visiones de Apocalipsis, vemos que Dios no apresura Sus obras para comodidad humana, sino que despliega Su poder de tal manera que Su nombre sea conocido, honrado y temido entre las naciones. Él no salva porque el hombre lo merezca, sino porque Su nombre es santo y fiel.

En los Salmos 101–106 encontramos un pueblo que recuerda las obras de Dios, confiesa su pecado y apela a la misericordia divina no desde su mérito, sino desde la fidelidad del Señor a Su pacto. En Apocalipsis 11 y 12, vemos la culminación de esta misma historia: un Dios que gobierna, protege a Su pueblo y afirma que Su reino permanece firme aun en medio del conflicto, la persecución y la oposición espiritual.

Hoy somos llamados a alinear nuestro corazón con esta lógica del evangelio: vivir, orar y esperar no centrados en nosotros mismos, sino en la gloria del nombre de Dios. En esa centralidad nace la esperanza, fluye el perdón y se sostiene la fe.


🙏 Oración antes de la lectura de la Biblia

Señor Dios Todopoderoso,
al disponernos a abrir Tu Palabra,
reconocemos que Tú eres santo,
justo y fiel a Tu nombre.

No venimos confiando en nuestras obras
ni en nuestra comprensión,
sino en Tu misericordia que fluye
de Tu gloria y de Tu verdad.

Permite que Tu Espíritu nos guíe
para comprender lo que leemos,
para arrepentirnos donde sea necesario
y para fortalecernos en la esperanza
que nace de Tu fidelidad eterna.

Que esta lectura no sea solo conocimiento,
sino encuentro contigo,
para que nuestra vida refleje
la honra y la gloria de Tu santo nombre.

En el nombre santo y glorioso de Jesucristo,
Amén.

📜 Enseñanza del Antiguo Testamento

Salmos 101–106

Los Salmos 101–106 forman una unidad que revela cómo debe vivir, orar y esperar un pueblo que conoce el carácter de Dios y ha sido alcanzado por Su misericordia. En estos salmos no se exalta la perfección humana, sino la fidelidad de Dios frente a la fragilidad, la desobediencia y el olvido del corazón humano.

Aquí vemos un llamado claro a la integridad. El salmista expresa el deseo de caminar en rectitud, no como una exhibición moral, sino como una respuesta a la santidad de Dios. Vivir con un corazón íntegro es presentado como una forma de honrar el nombre del Señor, reconociendo que toda autoridad, toda justicia y todo juicio pertenecen a Él.

A lo largo de estos salmos, el pueblo recuerda que Dios reina. Él no es un observador distante de la historia, sino el Rey que gobierna con justicia y misericordia. Su trono permanece firme aun cuando las naciones tiemblan, aun cuando el pecado del hombre parece oscurecer la verdad. Este reinado de Dios es motivo de alabanza, pero también de temor reverente, porque Su santidad no puede ser trivializada.

Los Salmos 103 y 104 elevan la mirada del creyente hacia la grandeza del carácter de Dios y la belleza de Su creación. Dios es presentado como compasivo y clemente, lento para la ira y grande en misericordia. Él no nos trata conforme a nuestros pecados, ni nos paga conforme a nuestras iniquidades. Su perdón no surge de la debilidad, sino de la fortaleza de Su amor y de la fidelidad a Su nombre. Todo lo creado da testimonio de Su sabiduría, orden y poder sostenedor.

Sin embargo, los Salmos 105 y 106 introducen una nota de memoria y advertencia. El pueblo es llamado a recordar las obras poderosas del Señor, pero también a reconocer cuán fácilmente se olvida de ellas. Dios fue fiel a Su pacto, guió, proveyó y salvó, mientras que Israel respondió una y otra vez con incredulidad, murmuración y rebelión. Aun así, el Señor no abandonó a Su pueblo. Actuó no por la justicia de ellos, sino por amor a Su nombre.

El Salmo 106 confiesa abiertamente el pecado colectivo y reconoce que la desobediencia trajo disciplina. Pero incluso en medio del juicio, la esperanza permanece: Dios escucha el clamor del arrepentido y recuerda Su pacto. La salvación no se apoya en la constancia del hombre, sino en la fidelidad inquebrantable de Dios.

En conjunto, estos salmos nos enseñan que la vida de fe se sostiene en una memoria viva de quién es Dios y de lo que Él ha hecho. Nos llaman a vivir con integridad, a adorar con gratitud, a confesar con humildad y a esperar con confianza. La historia del pueblo de Dios es una historia de gracia que fluye, no porque el hombre sea digno, sino porque el nombre del Señor es glorioso y fiel para siempre.

📜 Enseñanza del Nuevo Testamento

Apocalipsis 11 y 12

Apocalipsis 11 y 12 no nos hablan de historias nuevas que van a repetirse, sino que nos muestran el sentido espiritual de toda la historia de la salvación. Estos capítulos levantan el velo para que entendamos qué está pasando detrás de lo visible y para que el pueblo de Dios viva con esperanza y seguridad.

En Apocalipsis 11 se anuncia una gran verdad: “El reino del mundo ha venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo”. Esto significa que, aunque el mal todavía actúa, Dios ya gobierna y el final está decidido. El juicio, la recompensa y la restauración no son amenazas, sino señales de que Dios hará justicia y pondrá límite definitivo al pecado.

Cuando el texto dice que Dios destruirá “a los que destruyen la tierra”, no se refiere solamente al daño físico del planeta, sino a todo aquello que corrompe la vida que Dios creó: violencia, injusticia, mentira, idolatría, opresión y persecución. Dios no actúa por venganza, sino para detener la destrucción del mal y restaurar Su creación.

El capítulo 11 termina mostrando el templo de Dios abierto en el cielo. Esto nos recuerda que la presencia de Dios permanece firme, Su pacto sigue vigente y Su trono no ha sido movido, aunque el mundo atraviese tiempos difíciles.

Apocalipsis 12 nos ayuda a entender por qué existe tanto conflicto espiritual. Allí se presenta una mujer, un hijo y un dragón. Estos no son personajes literales, sino símbolos que resumen la historia redentora.

La mujer representa al pueblo de Dios. En un primer momento representa a Israel, de donde vino el Mesías, y después representa a todo el pueblo de Dios, incluyendo a la Iglesia. De ella nace el hijo varón, que es Jesucristo, el Mesías prometido, el que gobierna con autoridad y vence definitivamente al mal.

El dragón, que es Satanás, intenta destruir al hijo desde el principio. Esto nos muestra que el enemigo siempre ha querido impedir el plan de salvación. Sin embargo, fracasa: el Hijo es protegido, exaltado y llevado al trono de Dios. Esto resume la victoria de Cristo: Su muerte, resurrección y ascensión.

Luego se presenta una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchan contra el dragón. Esta escena nos enseña que el cielo no está pasivo. Dios actúa, y el enemigo es derrotado y expulsado. Satanás pierde su lugar como acusador delante de Dios; ya no tiene autoridad para condenar al pueblo redimido.

Al ser arrojado a la tierra, el dragón actúa con furia porque sabe que su tiempo es limitado. Ya no puede atacar a Cristo, así que persigue al pueblo de Dios. Aun así, el texto muestra que Dios cuida y protege a Su pueblo: la mujer recibe “alas”, un símbolo bíblico de protección, escape y provisión divina, como cuando Dios sacó a Israel de Egipto.

La victoria del pueblo de Dios no depende de su fuerza, sino de Cristo. El texto declara que los creyentes vencen “por la sangre del Cordero y por la palabra de su testimonio”. Es decir, por lo que Cristo ya hizo y por una fe que permanece fiel, aun en medio de la prueba.

En conjunto, Apocalipsis 11 y 12 nos enseñan que:

  • Cristo ya venció.

  • Dios gobierna la historia.

  • El enemigo está derrotado, aunque aún haga ruido.

  • El pueblo de Dios es guardado.

  • El final está asegurado.

Estos capítulos no fueron escritos para producir miedo, sino consuelo, firmeza y esperanza. Nos recuerdan que la lucha existe, pero la victoria ya pertenece al Señor y a Su Cristo.

🕯️ Oración final

Señor Dios nuestro,
gracias por Tu Palabra,
aunque a veces nos cueste entenderla.

Hoy reconocemos que Tú reinas,
que Jesucristo ya venció,
y que el mal no tiene la última palabra.

Gracias porque nos cuidas,
porque nos defiendes
y porque ya no hay condenación
para los que estamos en Cristo.

Cuando no entendemos todo,
ayúdanos a confiar.
Cuando nos cansamos,
enséñanos a descansar en Ti.

Guarda nuestro corazón,
fortalece nuestra fe
y ayúdanos a vivir confiando
en que Tú gobiernas nuestra historia.

En el nombre santo y poderoso de Jesucristo,
Amén.


Comentarios