📖 Devocional – 8 de Diciembre
Lectura de la Biblia
🌅 Preámbulo
Cuando levantamos la mirada hacia Dios, descubrimos que la verdadera alegría no está en lo que el mundo promete, ni en las pequeñas cisternas que nosotros mismos cavamos intentando saciar el alma. La única fuente de gozo inagotable es Dios mismo: el Padre que ama eternamente a su Hijo, el Hijo que brilla como la imagen perfecta de Su gloria, y el Espíritu Santo que derrama ese amor en nuestros corazones.
Dios nos invita a participar de ese mismo deleite. Él desea que abandonemos las aguas turbias del materialismo, los deseos pasajeros y la búsqueda desesperada de valor en lo creado… para beber del manantial vivo que fluye directamente de Su corazón.
Que esta lectura llene nuestros corazones del contentamiento divino,
porque no hay nada más glorioso que disfrutar de Dios…
y nada más trágico que cambiar Su gloria por lo que no aprovecha.
🙏 Oración antes de la lectura
Señor amado,
en esta mañana me acerco a Ti con un corazón sediento.
Tú eres la fuente de agua viva que nunca se agota,
el gozo que permanece, la luz que no se apaga.
Te pido que tu Espíritu Santo abra mis ojos
para ver la belleza de Tu Palabra.
Limpia mi mente de distracciones,
aleja de mí toda cisterna rota donde he buscado plenitud,
y lléname de esa alegría infinita que fluye del corazón del Padre hacia el Hijo
y del Hijo hacia nosotros.
Que tu verdad me restaure,
me enderece y me haga caminar en luz.
En el nombre precioso de Jesús,
amén.
📜 Enseñanza del Antiguo Testamento: Salmos 31, 32 y 33
Los Salmos 31, 32 y 33 nos muestran un recorrido espiritual que va desde la angustia, pasa por el perdón, y culmina en la adoración confiada. En ellos vemos cómo el corazón humano experimenta gozo verdadero solo cuando se aferra a Dios como su refugio, su perdón y su fundamento.
En Salmo 31, David clama en medio de la aflicción. Sus circunstancias son inciertas, sus fuerzas parecen agotarse y la traición de otros lo hiere profundamente. Pero aun así declara: “En tus manos están mis tiempos”. Aquí aprendemos que el gozo no depende de un ambiente favorable, sino de saber que nuestra vida está sostenida por el Dios soberano, el mismo Dios que nos invita a beber de Su fuente eterna cuando todo alrededor se seca.
El Salmo 32 revela la otra cara del gozo: el gozo del perdón. David recuerda la carga que produce esconder el pecado y la liberación que llega cuando confesamos delante de Dios. El salmista describe esta experiencia como bienaventuranza, como algo que hace vibrar el alma con un alivio profundo y real. Este gozo no nace de nosotros mismos, sino de la gracia que Dios derrama cuando dejamos de sostener cisternas rotas y volvemos a Él como nuestra única fuente limpia.
Finalmente, en Salmo 33, el corazón restaurado estalla en adoración. Ya no hay temor ni ocultamiento, sino confianza plena. El salmista invita a cantar con júbilo, no por una vida perfecta, sino porque “el plan del Señor permanece para siempre” y “el ojo de Jehová está sobre los que le temen”.
Aquí encontramos la culminación: el gozo eterno fluye cuando nuestra confianza, nuestro perdón y nuestra esperanza están anclados únicamente en Dios.
Estos tres salmos juntos nos recuerdan que el alma humana busca agua constante, pero solo Dios puede ofrecer una fuente inagotable. Él nos llama a dejar la angustia sin refugio, el pecado sin confesar y la adoración sin fundamento… para entrar a una vida donde Su alegría es nuestra fortaleza.

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