“No temas: Él reina y te sostiene”



📖 Devocional del 16 de Diciembre

📜 Lectura de la Biblia


🌅 Preámbulo

Al acercarnos hoy a la Palabra, somos invitados a contemplar a un Dios que no es distante ni indiferente, sino a un Dios que se deleita: se deleita en su creación, se deleita en su obra y se deleita en revelarse a sus hijos.

La vida real —como Dios la diseñó— no es etérea ni abstracta. Es concreta, palpable, audible y visible. Dios creó un mundo donde el temor, la angustia, el clamor y la alabanza se expresan con voz, con lágrimas, con cuerpo y con alma. Y en ese mismo mundo, Él se manifiesta como refugio, como escudo y como gloria.

Hoy se nos recuerda que Dios no se avergüenza de su creación ni de su pueblo. Él se goza en su obra. Se goza en revelar su gloria. Y se goza en que, aun en medio del temor, sus hijos aprendan a descansar en Él.


🙏 Oración antes de la lectura

Señor nuestro Dios,
venimos hoy delante de Ti con reverencia y gratitud.
Reconocemos que Tú eres el Dios vivo,
el Creador de todas las cosas,
el que se deleita en su obra
y se goza en revelar su gloria a sus hijos.

Aquieta nuestro corazón antes de abrir tu Palabra.
Silencia nuestras preocupaciones,
ordena nuestros pensamientos
y dispone nuestro espíritu para escuchar Tu voz.

Háblanos, Señor,
a lo más profundo de nuestro ser.
Que tu Palabra produzca fe, descanso y gozo,
y que salgamos de esta lectura transformados,
aferrados a Ti
y seguros de que Tú reinas y te deleitas en tus obras.

En el nombre de Jesús.
Amén.


📜 Enseñanza Antiguo Testamento: 

Salmos 55, 56 y 57

Estos tres salmos forman una unidad profunda de clamor y confianza. Son oraciones nacidas en medio del peligro real, del miedo tangible y de la traición humana, pero también son testimonios de un corazón que ha aprendido a refugiarse en Dios.

Salmo 55 – El dolor de la traición y el peso del corazón

En el Salmo 55, David no esconde su angustia. Su dolor no proviene únicamente de enemigos externos, sino de la herida más difícil de sobrellevar: la traición de alguien cercano. El salmista describe un corazón turbado, lleno de temor, horror y desesperación. Desea huir, escapar, encontrar descanso lejos del conflicto.

Sin embargo, en medio de ese quebranto, David hace una declaración decisiva:
“Echa sobre el Señor tu carga, y Él te sustentará.”
El mensaje no es que la carga desaparece de inmediato, sino que Dios es capaz de sostener al que ya no puede sostenerse a sí mismo. El salmo nos enseña que Dios no rechaza un clamor honesto; Él se complace en que sus hijos lleven a Él su peso, su dolor y su confusión.

Salmo 56 – El temor enfrentado con confianza

El Salmo 56 nos muestra a David acosado, perseguido y observado de cerca por sus enemigos. El temor es constante, pero también lo es la decisión de confiar. Este salmo nos regala una de las declaraciones más claras de fe en medio del miedo:
“En el día que temo, yo en Ti confío.”

Aquí aprendemos que confiar en Dios no significa ausencia de temor, sino una respuesta correcta al temor. David reconoce que Dios ve cada lágrima y que ninguna aflicción pasa desapercibida ante Él. El Dios que se deleita en su creación también se deleita en cuidar los detalles de la vida de sus hijos. El miedo no tiene la última palabra; la confianza en Dios la tiene.

Salmo 57 – Refugio bajo la sombra de sus alas

El Salmo 57 es una oración desde la cueva, un clamor desde la oscuridad y el encierro. David se encuentra literalmente escondido, pero espiritualmente elevado. Mientras huye para salvar su vida, su alma encuentra refugio en Dios. El salmista declara:
“En la sombra de tus alas me refugiaré, hasta que pasen los quebrantos.”

Este salmo culmina en adoración. Aun antes de que la situación cambie, David decide exaltar a Dios, proclamar su misericordia y cantar su fidelidad. El mensaje es claro: Dios no solo es refugio en la angustia, sino también digno de alabanza en medio de ella. Su gloria se manifiesta no solo cuando libra, sino también cuando sostiene.

Enseñanza central

Salmos 55, 56 y 57 nos enseñan que Dios no está lejos del dolor humano. Él escucha el clamor sincero, recoge las lágrimas, sostiene al cansado y ofrece refugio al perseguido. Estos salmos revelan a un Dios que se deleita en ser protector, sustentador y refugio de su pueblo.

El creyente no es llamado a negar su miedo ni a ocultar su angustia, sino a llevarlo todo delante de Dios. En medio de la traición, el temor y la cueva, Dios sigue reinando, sigue cuidando y sigue siendo digno de alabanza.


📜 Enseñanza Nuevo Testamento:

Apocalipsis 1

El libro de Apocalipsis comienza con una revelación de Jesucristo. Desde el primer versículo se nos recuerda que este libro fue dado para revelar quién es Cristo y para afirmar que Dios sigue gobernando la historia.

El contexto de Apocalipsis 1 es un tiempo de persecución y aflicción para los creyentes. Juan escribe desde la isla de Patmos, exiliado por causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo. La Iglesia se encuentra oprimida, marginada y vulnerable. En ese escenario, Dios no guarda silencio: se revela.

Jesucristo, el Señor glorificado

Juan contempla a Jesús no como el Varón de dolores que caminó por Galilea, sino como el Cristo glorificado, resucitado y soberano. Sus vestiduras, su rostro, su voz y su autoridad revelan que Él es el Rey eterno. Es presentado como el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el que es, el que era y el que ha de venir.

Esta visión nos recuerda que Jesús no ha perdido el control. Aunque su Iglesia sufra, Él reina. Aunque el mundo parezca caótico, Cristo está vivo y glorioso.

El Cristo que camina en medio de su Iglesia

Uno de los aspectos más consoladores de Apocalipsis 1 es que Jesús aparece caminando en medio de los candeleros, que representan a las iglesias. Esto nos enseña que Cristo no observa a su pueblo desde lejos; Él está presente en medio de su Iglesia, sosteniéndola, examinándola y cuidándola.

El Señor glorificado no abandona a los suyos en la prueba. Su presencia en medio de la Iglesia es una declaración de amor, fidelidad y compromiso eterno.

“No temas”

Cuando Juan cae como muerto ante la gloria de Cristo, Jesús pone su mano sobre él y le dice: “No temas.”
Esta es la misma voz que calmó tormentas, levantó a los caídos y fortaleció a los débiles durante su ministerio terrenal. El Cristo glorificado sigue siendo el Cristo cercano.

Jesús se presenta como el Viviente, el que estuvo muerto y ahora vive por los siglos de los siglos, y como Aquel que tiene las llaves de la muerte y del Hades. Nada escapa a su autoridad. Nada amenaza su victoria.

Enseñanza central

Apocalipsis 1 nos enseña que, aun en medio de la persecución, la incertidumbre y el sufrimiento, Cristo reina con gloria y poder. La Iglesia no está abandonada. El Señor está presente, vivo y activo entre los suyos.

Este capítulo nos llama a levantar la mirada: del temor a la adoración, de la debilidad a la confianza y del sufrimiento temporal a la esperanza eterna. El mismo Dios que escucha el clamor en los Salmos es el Cristo glorificado que se revela en Apocalipsis.


 🙏 Oración final

Señor Dios nuestro,
hoy terminamos esta lectura reconociendo que Tú eres nuestro refugio,
nuestro sustentador y nuestro Rey glorioso.

Gracias porque escuchas el clamor del corazón herido,
porque recoges cada lágrima
y porque no desprecias la oración que nace del temor y de la debilidad.
En Ti podemos depositar nuestras cargas,
confiando en que Tú nos sostienes cuando ya no tenemos fuerzas.

Te alabamos porque, aun en medio de la cueva,
aun en medio de la persecución y la incertidumbre,
Tu gloria permanece intacta.
Tú sigues reinando,
sigues caminando en medio de tu Iglesia
y sigues diciendo a los tuyos: “No temas”.

Afirma nuestra fe, Señor.
Enséñanos a confiar en Ti en el día del miedo,
a refugiarnos bajo la sombra de tus alas
y a levantar nuestros ojos para contemplar al Cristo glorificado,
vivo por los siglos de los siglos.

Que al cerrar tu Palabra hoy,
nuestro corazón descanse en Tu soberanía,
nuestra mente se llene de esperanza
y nuestra vida refleje la confianza de quienes saben
que Tú te deleitas en cuidar a tus hijos.

En el nombre de Jesucristo,
nuestro refugio, nuestro Rey y nuestra esperanza eterna.
Amén.

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